Un «esqueleto de acero» salva a las Ruinas de San Francisco de un colapso inminente hasta que sean intervenidas

El olor a grama recién corta y a salitre golpea mi nariz al subir la colina por un camino de piedra. El idilio caribeño se rompe de inmediato por el rugido metálico y estridente de las deshierbadoras, mutando por completo el trinar de las cotorras que vuelan por el lugar.

Me detengo a observar a varios hombres que avanzan a paso lento, encorvados sobre el verde e intenso pasto que intenta cubrir las ruinas. Cortan el césped con una disciplina casi ritual. Sin embargo, basta con levantar la mirada para que la ilusión de mantenimiento se disuelva.

Apuntalado con estructuras metálicas, el histórico templo enfrenta una carrera contrarreloj para evitar su desaparición

Apuntalado con estructuras metálicas, el histórico templo enfrenta una carrera contrarreloj para evitar su desaparición

Frente a mí, el Monasterio de San Francisco, fundado en 1508 y declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1990, se yergue como un gigante herido. Al acercarme a los muros, la escala del desastre se hace física: el templo está suspendido en un limbo que oscila entre el rescate técnico y el abandono absoluto.

Parte del interior de la nave de la iglesia principal de las Ruinas de San Francisco. El acceso a esta parte está restringido por completo y toda la edificación está cubierta por una estructura de metal y madera. Jorge González

Parte del interior de la nave de la iglesia principal de las Ruinas de San Francisco. El acceso a esta parte está restringido por completo y toda la edificación está cubierta por una estructura de metal y madera. Jorge González

Caminar hoy entre estas piedras es pisar el origen mismo de la colonización, pero también es presenciar la fragilidad del tiempo. Los imponentes muros que el gobernador Nicolás de Ovando mandó a levantar a partir de 1508 ya no sostienen techos; ahora son sostenidos por el hombre.

“Estas ruinas representan todo lo que es la Zona Colonial. Aunque está intervenida hace varios años, no se ve lo que se trabaja en ella. Antes era un lugar muy visitado en horas de la tarde y los fines de semana; ahora son unas ruinas en ruinas”, expresó Juan Antonio Rojas, residente.

Vista lateral este de la edificación donde se pueden ver con claridad las estructuras de metal que la rodea. Jorge González

Vista lateral este de la edificación donde se pueden ver con claridad las estructuras de metal que la rodea. Jorge González

Una estructura de acero y madera cubre la edificación

Al estar frente a la gigantesca estructura que asemeja un dinosaurio muerto, puedo ver cómo un esqueleto ortopédico de madera tratada de alta resistencia abraza las ruinas por dentro y por fuera. Placas de acero muerden las uniones de los maderos y barras de carbono atraviesan la piedra como agujas quirúrgicas.

Es el programa de Obras de Protección Temporal para su Estabilización: una armadura de emergencia diseñada para que un sismo o un ciclón tropical no conviertan el primer monasterio del Nuevo Mundo en un montón de grava informe.

El peso del olvido sobre la piedra

El silencio del lugar, interrumpido solo por el motor de las podadoras, contrasta con la violenta historia que satura sus rincones.

Trato de imaginar el destrozo que ha sufrido este lugar: estas piedras sobrevivieron al terremoto de 1562, soportaron los cañones que los haitianos montaron sobre sus techos en 1805, y la artillería que los franceses instalaron en 1809 para dominar la ciudad desde esta colina estratégica con vistas al río Ozama.

El complejo funcionó como convento, cementerio, fortaleza y hasta como manicomio en el siglo XX, antes de hundirse en más de un centenar de años de desuso.

A unos pasos de la iglesia principal, la Capilla de la Tercera Orden Franciscana exhibe sus cicatrices coloniales. Aunque los manuales de turismo prometen un espacio abierto al público, la realidad que golpea es una puerta de hierro con una cadena y un candado oxidado, y el frío peso de la incertidumbre.

El estudio de integridad estructural liderado por la experta francesa Laure Marieu en 2020 desnudó la extrema vulnerabilidad del monumento. Desde entonces, el tiempo parece haberse congelado. Las maderas de refuerzo contienen el colapso físico, pero no el olvido institucional.

Vista posterior de la iglesia principal. Jorge González

Vista posterior de la iglesia principal. Jorge González

Proyecto fantasma y un futuro mudo

La ironía flota en el ambiente húmedo de San Francisco. En 2002, se anunciaron millones de pesos y planes con instituciones españolas que terminaron en oficinas desalojadas.

Trece años después, en 2015, el célebre Rafael Moneo propuso una intervención contemporánea ambiciosa: un centro de eventos y un parque arqueológico que conectaría las ruinas con los barrios populares de San Antón y Santa Bárbara.

Hoy, nada de eso existe. Cruzo la mirada con uno de los obreros que apaga su máquina; su rostro sudoroso refleja la misma apatía de los informes oficiales. El actual Programa de Revitalización de la Ciudad Colonial (BID-Cultura-Turismo) ha sido honesto en su crudeza técnica.

Un oxidado candado con una sucia cadena mantiene la vigilancia de la añeja edificación para que intrusos no quieran entrar sin autorización al lugar. Jorge González

Un oxidado candado con una sucia cadena mantiene la vigilancia de la añeja edificación para que intrusos no quieran entrar sin autorización al lugar. Jorge González

Los andamios actuales solo buscan detener el deterioro. La obra civil no contempla asignar ningún uso al monumento. La armadura de madera es solo una prórroga de vida mientras las autoridades esperan la terminación del remozamiento de la Ciudad Colonial y que se determine el futuro uso de las Ruinas de San Francisco.

El monumento sobrevive bajo un respirador artificial de madera y acero, esperando el día en que deje de ser una ruina contenida para volver a ser un espacio vivo en el corazón de la Ciudad Colonial de Santo Domingo.

Historia del monumento

Este edificio de piedra fue construido en 1508. Ubicado en la calle Hostos, esquina Duarte, es considerado el primer monasterio del Nuevo Mundo. Fue saqueado e incendiado por Sir Francis Drake. Estas ruinas son utilizadas por nacionales y extranjeros amantes de la fotografía.

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