Denuncian devastación ambiental en las inmediaciones del Arroyo Cojobal y exigen una intervención urgente de Medio Ambiente
El director provincial de Medioambiente Carlos De La Rosa está al tanto y está coordinando acciones para enfrentar la denuncia expuesta en esta información.
La preocupación y la indignación crecen entre los residentes de las comunidades ubicadas a lo largo de la carretera El Seibo–Cruce de Pavón, luego de que durante la jornada de ayer se registraran dos incendios en zonas de alto valor ambiental que, según denuncias de comunitarios, habrían sido provocados para habilitar terrenos destinados a conucos agrícolas.
El primer hecho fue observado al mediodía en el kilómetro 9, donde residentes aseguran haber visto cómo era incendiada la parte alta de una montaña. De acuerdo con los testimonios recibidos, el fuego consumía maleza y árboles en crecimiento, presuntamente con el propósito de ampliar áreas de cultivo.
Horas más tarde, ya en la noche, una escena similar volvió a repetirse en el kilómetro 10, esta vez en las orillas del Arroyo Cojobal, afluente que alimenta el acueducto que suministra agua potable a toda la comunidad de Santa Rita, en el distrito municipal de Santa Lucía, provincia El Seibo. Según las denuncias, la vegetación que protege el cauce del arroyo fue arrasada por las llamas.
De confirmarse estas denuncias mediante las investigaciones correspondientes, el daño ambiental sería de enorme preocupación. La vegetación que bordea ríos y arroyos constituye una barrera natural que protege las fuentes de agua, evita la erosión de los suelos, regula la temperatura del ecosistema y sirve de refugio para numerosas especies de flora y fauna.
Lo ocurrido resulta especialmente alarmante porque sucede en momentos en que la República Dominicana atraviesa un prolongado período de sequía, acompañado de altas temperaturas y condiciones que incrementan significativamente el riesgo de incendios forestales. En este contexto, cada árbol destruido representa una menor capacidad para conservar agua, regular el clima local y proteger los suelos, algo que nuestros vecinos provenientes del lado Oeste – a quienes se señalan cómo responsables, no conocen. Me temo que nuestro director de Medioambiente desconoce esa situación.
Las consecuencias podrían sentirse en distintos plazos. En el corto plazo, aumentan la erosión y la contaminación del arroyo por sedimentos y cenizas. A mediano plazo, podría verse afectado el caudal de la fuente que abastece el acueducto de Santa Rita, comprometiendo la disponibilidad y calidad del agua para cientos de familias. A largo plazo, la deforestación acelera la degradación de los ecosistemas, favorece la desertificación, reduce la biodiversidad y agrava los efectos del cambio climático sobre la provincia y el país.
La protección de las riberas de los arroyos no es un asunto opcional; constituye una responsabilidad legal y ambiental por el papel esencial que desempeñan en la conservación de las fuentes hídricas. Cuando se destruye la vegetación que protege un arroyo, no solo se afecta un terreno, sino también el patrimonio natural y la seguridad hídrica de comunidades enteras.
Desde este medio hacemos un llamado firme, respetuoso, pero enérgico a la Dirección Provincial de El Seibo del Ministerio de Medio Ambiente y Recursos Naturales para que intervenga de inmediato. La ciudadanía espera una inspección técnica urgente, la identificación de los responsables, la paralización de cualquier acción que continúe degradando estas áreas y la aplicación de las sanciones que correspondan, siempre dentro del debido proceso y conforme a la legislación ambiental vigente.
Asimismo, exhortamos a las autoridades competentes a fortalecer la vigilancia en las zonas montañosas y en las cuencas hidrográficas de la provincia, especialmente durante esta temporada de altas temperaturas, cuando cualquier quema puede convertirse en una tragedia ambiental de grandes proporciones.
Ojo…
El agua no tiene sustituto. Los bosques no se recuperan de la noche a la mañana. Lo que hoy se destruye con fuego puede tardar décadas en regenerarse, y sus consecuencias las pagarán nuestros hijos y nuestros nietos. El Seibo necesita desarrollo, pero nunca a costa de la destrucción de sus montañas, sus arroyos y sus fuentes de vida.
Por: Jochy Hernández. Actualidad Seibana.
