Acceder a una cama UCI: entre la urgencia médica y la espera angustiante
Conseguir una cama en una Unidad de Cuidados Intensivos (UCI) puede convertirse en una carrera contra el tiempo para muchas familias dominicanas. La experiencia de una mujer que recorrió dos centros de salud y esperó 24 horas con su familiar en una camilla del 9-1-1, tras sufrir un accidente cerebrovascular, refleja la tensión que se vive cuando la disponibilidad no alcanza la demanda.
Las UCI son áreas hospitalarias destinadas a pacientes en estado crítico, con riesgo de muerte o que requieren soporte vital. Sin embargo, el acceso a estas unidades varía según el centro, el tipo de cobertura y, en algunos casos, las conexiones personales. Mientras algunos pacientes logran ingresar rápidamente por ser conocidos en el centro o por contar con recursos, otros deben esperar en áreas de emergencia hasta que se libere una cama.
Expertos del sector salud reconocen que el déficit de camas en cuidados intensivos no es nuevo. Las causas van desde limitaciones económicas hasta el alto índice de accidentes que prolongan las estancias hospitalarias y saturan el sistema. Se estima que entre un 10 y 20 % de las camas de un hospital deberían estar destinadas a terapia intensiva para garantizar una cobertura adecuada.
Además del acceso, el costo representa otro obstáculo. En el sector privado, un día en UCI puede rondar los 100,000 pesos, y en hospitales especializados puede alcanzar los 200,000. La cobertura de seguros suele agotarse rápidamente, sobre todo por el alto precio de los medicamentos, lo que ha generado dificultades financieras en algunas clínicas.
En la red pública, el Servicio Nacional de Salud (SNS) reporta avances: más de 400 camas UCI para adultos, 106 pediátricas y 400 neonatales. Aun así, para una población estimada de 11 millones de personas, se necesitarían entre 600 y 1,100 camas en total, sumando sector público y privado.
La asignación de camas se realiza bajo criterios de gravedad y recuperación posible. Algunos centros aplican sistemas de triaje, priorizando a los pacientes más críticos que aún tienen posibilidades de mejora.
Mientras se aboga por fortalecer el personal especializado y revaluar las regiones con mayor déficit, la realidad es que la salud intensiva sigue siendo un servicio limitado, costoso y, en muchos casos, desigual. Para quienes enfrentan una emergencia, cada minuto cuenta, y cada cama disponible puede marcar la diferencia entre la vida y la muerte.
VN.

