El comportamiento de los alimentos volvió a ser un punto crítico. La subida estuvo fuertemente influida por el aumento de la carne, que registró incrementos mayoristas de dos dígitos y explicó buena parte del avance del rubro. También se observaron alzas relevantes en frutas, verduras, pollo y cerdo, en un contexto de consumo que sigue sin recuperarse. Se trata de un indicador sensible, dado que impacta directamente en la línea de pobreza e indigencia.
El repunte de los precios se dio aun con un tipo de cambio prácticamente estable, en virtud de la intervención del Gobierno vendiendo divisas para sostener el valor del dólar. Sin embargo, los analistas advierten que la combinación de tarifas en ajuste y alimentos en alza limita la capacidad de seguir desacelerando la inflación sin costos adicionales.
De cara a 2026, la Administración argentina en su proyecto de presupuesto que la inflación anual sería del 10,1%. Habida cuenta de las dificultades para sostener un número inferior al 2% mensual, el mercado descuenta que el cumplimiento de la meta luce vidrioso.
El escenario actual expone una de las principales tensiones del plan económico: la persistencia inflacionaria en un contexto de enfriamiento de la actividad y con un tipo de cambio bajo control. En ese tenor, persisten las dudas en torno al margen de maniobra para sostener el esquema económico ante la imposibilidad de profundizar la desaceleración de los precios.
«La inflación viene en aumento desde hace meses, aunque no estemos ni por asomo en una situación como la de 2023», dijo a Sputnik el analista financiero Christian Buteler. Según el experto, hay un conjunto de señales que «amenaza la estabilización económica que buscaba el Gobierno, cuyo programa muestra límites evidentes tras varios meses sin avances claros».
Desde una mirada temporal, el analista subrayó que «desde mayo a noviembre pasaron seis meses y, en cinco de ellos, la inflación aceleró», lo cual refleja las «dificultades para consolidar una baja sostenida en un contexto de precios regulados y arrastre inflacionario».
El tipo de cambio aparece como un factor central. «Hoy el dólar sube 1% por mes, mientras la inflación está por encima del 2%», explicó, lo que genera «un creciente atraso cambiario mes a mes, que puede amenazar con una devaluación en caso de persistir». No obstante, el investigador aclaró que el problema no es la producción, sino la demanda, ya que «el valor del dólar no es hoy un obstáculo para producir, sino la caída del consumo».
Sobre la salida, Buteler descartó una corrección brusca: «la solución no es una devaluación sin más, porque solo se ganaría tiempo hasta que la inflación volviera a superar la subida del dólar». En cambio, propuso «una flexibilización del esquema cambiario», aunque implique un dólar más alto en el corto plazo.
No obstante, el experto destacó que la drástica reducción de la inflación, desde el 25,5% mensual que alcanzó en diciembre de 2023 tras la devaluación con la cual Milei inauguró su Gobierno, constituye un mérito: «está claro que el ajuste tuvo efectos, y que el superávit fiscal es importante, pero el problema es que no alcanza para estabilizar inflación y tipo de cambio».
Futuro vidrioso
Entre los expertos, la posibilidad de anticipar el escenario del año entrante luce lejana. Consultado por Sputnik, el economista Ramiro Tosi apuntó que «la inflación va a terminar cerca del 31% este año, lo que es
una disminución respecto al año pasado, pero sin perforar el piso del 2% mensual. Es esperable que en 2026 el ritmo de desaceleración sea incluso más lento».
Para el consultor, el escenario actual muestra un cambio de etapa. «A partir de ahora la desinflación será un proceso arduo: ningún país baja [el índice] de lleno en menos de cinco años», por lo que el proceso argentino debe «leerse en una perspectiva de mediano plazo».
El economista advirtió que la dinámica reciente consolida un umbral preocupante. «Estamos viendo que la inflación termina de estabilizarse en el 2% mensual», indicó, lo que implica una mejora frente a años anteriores, pero todavía «lejos de parámetros internacionales razonables para una economía que busca previsibilidad».
En ese marco, Tosi sostuvo que «un 2% mensual es un número relativamente alto para cualquier país» y que el desafío del Gobierno será romper ese piso sin recurrir a saltos cambiarios. El riesgo, advirtió, es que la inflación quede anclada en ese nivel y condicione salarios, consumo y expectativas.
SPUTNIK