Annerys Valdez ve con buenos ojos a sus Reinas del Caribe, pese a un complejo 2020

DL. La jugadora central de las Reinas del Caribe, Annerys Valdez está consciente de que, pese al año fuerte que se ha vivido el deporte y el mundo, el conjunto se mantiene motivado para los Juegos Olímpicos de Tokio 2020 (23 de julio/8 de agosto).

“Las expectativas como siempre están muy buenas”, dijo Valdez sobre la selección nacional de voleibol femenina. “Esperando ansiosa ese nuevo reto para nosotras y en especial para mí, que son los Juegos Olímpicos”.

Destacó que el equipo está muy bien “dentro de lo que cabe”, aun cuando algunas de las chicas están fuera del país “haciendo su trabajo como refuerzo” y están bien”. Las que están en el país, dijo, se entrenan “muy duro, en lo que es la cancha y lo personal”, ella incluida por supuesto.

La jugadora, en ese sentido, señaló que ha sido un año muy difícil “no solo para nosotras, sino para el mundo”.

Y esto ha sido lo más difícil para ella. Tal como lo explica. “En lo personal, al principio (de la pandemia) me bloqueé totalmente”, dijo la jugadora.

Y lo enrevesado del momento surge porque de repente, tal como señala “estaba en un momento como que no podía salir, que si salía, que cada segundo, (aun) sin salir de la casa, lavándome las manos, que echándome alcohol, ha sido algo, de verdad sicológico, fatal para mí, fatal, fatal”:

El impacto del COVID-19 le dejó esa huella en la parte sicológica, pero también “he perdido muchas personas muy cercanas a mí”.

Como deportista, continúa, “la preparación que uno como atleta vive preparándose el año entero, que el entrenamiento, levantándose a Xs hora de su casa, salir de entrenamiento, no hacer esa rutina diaria, es algo como que Dios mío qué es lo que está pasando”.

Este fenómeno sicológico provocado por la pandemia es el que obligó a los atletas a frenar una vida totalmente activa, a una vida forzosamente pasiva. Una situación con la que se lidió en el mundo. Todavía ocurre, pero con más flexibilidad. “No lo asimilaba en el momento, pero después me di cuenta que era una realidad y debía adaptarme a otro ritmo de vida, que era entrenándome en mi casa, preparándome suave, que salía a un espacio público, pero era yo sola con mi entrenador a un kilómetro”.

El mundo ha comenzado a abrirse después de un año. Pero en el momento central de la crisis la batalla para el atleta se tornó inmanejable para muchos atletas. “Era algo –y- aún es algo muy difícil para uno como atleta, pero nada adaptándonos, pidiéndole a Dios cada día más que nos dé esa fortaleza y para que todo termine ya”.

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