Aumenta violencia paramilitar en Chiapas con el secuestro de un zapatista

SPUTNIK. La Junta de Buen Gobierno Zapatista «Nuevo amanecer en resistencia y rebeldía por la vida y la humanidad»del Caracol Patria Nueva denunció el secuestro de Félix López Hernández, por parte de un grupo paramilitar vinculado a la Organización regional de cafeticultores de Ocosingo (Orcao) dentro de un contexto de agresiones armadas permanentes.

De acuerdo con el relato publicado este 10 de noviembre, Félix López Hernández fue secuestrado el 8 de noviembre, alrededor de las 13:30 horas por paramilitares que lo golpearon cuando se dirigía a su casa en Moisés Gandhi, volviendo de regreso de la cabecera municipal de Ocosingo, y se lo llevaron con rumbo desconocido.

Según registraron organizaciones locales en una Caravana de Solidaridad con las comunidades autónomas zapatistas de Nuevo San Gregorio y región Moisés Gandhi, realizada a la zona el 29 de octubre, los ataques comenzaron desde el 23 de abril del año 2019 y se han mantenido con una serie de balaceras contra la comunidad desde lugares ocultos, que han llegado a durar el día completo.El 22 de agosto se registró un pico de violencia en que fueron quemadas las bodegas de café de las comunidades, el comedor «Compañera Lucha» y también fue saqueada la tienda Arco Iris, entre otros destrozos ocasionados al patrimonio comunitario.

«El compañero Félix debe ser liberado inmediatamente, deben ser detenidos y juzgados los secuestradores orcaístas (plenamente identificados en el comunicado) La Orcao debe reponer lo que robó y destruyó de nuestra tienda cooperativa, debe entender que quien juega con fuego tarde o temprano se quema», exigieron desde la junta de Buen Gobierno desde el movimiento Zapatista.

El contexto de violencia paramilitar

La presencia y la violencia de grupos paramilitares tienen larga data en Chiapas y ha sido particularmente denunciada por su impunidad desde la masacre contra la Organización civil Las Abejas en 1997, posteriormente desplazadas por un grupo paramilitar. En los últimos dos años, esta herramienta de hostigamiento ha afectado particularmente a los pueblos de Aldama, Chalchihuitán y Chilón.

La región Moisés Gandhi y la comunidad Nuevo San Gregorio pertenecen al Caracol 10, llamado «Floreciendo la semilla rebelde», que son la forma de organización comunitaria de las bases del movimiento zapatista. Este Caracol forma parte a su vez de la Junta de Buen Gobierno que firmó el comunicado pidiendo la liberación inmediata de Félix López Hernández.El Ejido Moisés Gandhi está conformado por ocho pueblos, pertenecientes al Municipio Autónomo Lucio Cabañas en tierras recuperadas tras el levantamiento Zapatista del 1 de enero de 1994; en el caso de Nuevo San Gregorio ocupa 155 hectáreas recuperadas. El primero desde abril y el segundo, desde noviembre de 2019, comenzaron a ver que los terrenos colectivos eran cercados. Luego vieron la destrucción de sus sembradíos, el robo de sus cultivos, la destrucción de alambrados y postes, así como la presencia de gente armada con radios portátiles en la comunidad.

En el caso de Nuevo San Gregorio, la comunidad ha bautizado al grupo que los acosa como «los 40 invasores», que se han dedicado a meterse en las tierras comunitarias. Esto significó que así como en Moisés Gandhi la comunidad fue separada de sus propios animales, el acceso al agua y la mayor parte de las tierras para sembrar.

Según se denuncia en el informe de la Caravana de Solidaridad, desde diciembre de 2019, Nuevo San Gregorio tiene sólo una hectárea libre del potrero colectivo del pueblo, ya que la otra hectárea ha sido cercada. Dentro del alambrado, fuera del alcance de la gente, quedó el almacenamiento de agua para distribución de la comunidad y la Casa Grande, ruinas de la antigua finca.

En la Escuela Secundaria, el alambrado que les fue impuesto dejó sólo una hectárea para el «trabajadero» y los árboles frutales. Cercado quedó el poste de electrificación ubicado en la iglesia vieja, el tanque de almacenamiento del agua pluvial que distribuye en el pueblo, el poste de electrificación donde sale la línea para el bombeo de agua y el tractor de la región, impidiendo su movimiento. Es decir, paralizaron a la comunidad. No en vano, los testimonios recogidos de los habitantes señalan que se sienten «secuestrados» es su propio pueblo.»El dispositivo de violencia está en provocar de manera permanente angustia, llanto, miedo, dolor, sentimientos que se vuelven cotidianos. Los actos de violencia que están diseñando la Orcao y el grupo de personas armadas tienen como componente no hacerse visibles, una vez que van interiorizando en los cuerpos de mujeres, niños y niñas», apuntan desde el informe de la Caravana. Y sostienen que por lo tanto, se está violando el derecho a una vida libre de violencia contra las mujeres zapatistas y sus familias.

Debido a las balaceras constantes, las clases no se realizan y la gente vive encerrada dentro de sus casas, u obligada a huir sin nada hacia el monte.

«La Orcao y el grupo de personas armadas pretenden imponer un estado de Guerra cotidiano y permanente», denunciaron desde la Caravana de Ssábadoolidaridad con las comunidades autónomas zapatistas, de fines de octubre de 2020.

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