Bolivia, entre el colapso de los hospitales y la esperanza de la vacuna

Por Sebastián Ochoa. SPUTNIK. Las entradas de los hospitales son escenarios de dolorosas tragedias y de semanas de incertidumbre para las familias bolivianas que tienen a sus seres queridos internados por coronavirus. El Gobierno nacional enfrenta esta nueva ola con testeos masivos y vacunaciones.

Los hospitales de las ciudades de La Paz y El Alto están repletos de pacientes con COVID-19. Mientras el registro de contagios aumenta cada día, se reducen las posibilidades de la población de acceder a una atención adecuada. Sputnik se acercó a centros hospitalarios para conocer la situación de los pacientes y del personal médico que enfrenta al virus diariamente. Allí se percibe la tristeza y la incertidumbre ante la posibilidad de perder a seres amados.

En la entrada del Hospital del Norte, en la ciudad de El Alto, hay una instalación permanente de familiares de internados por coronavirus. Con sus 190 camas, de las cuales siete son Unidades de Terapia Intensiva (UTI), es uno de los más grandes del país. Diez familiares están pegados a la puerta, hablan con enfermeras, llevan bolsas con medicamentos en la mano, botellas de agua y otros objetos. A veces hacen llegar un teléfono celular a escondidas a quienes están adentro, debatiéndose en soledad entre vivir o morir, para que escuchen las voces de quienes más anhelan su recuperación.

«Es muy triste. Para mí es muy traumante estar aquí en la puerta del hospital todos los días. Veo llegar a gente desesperada pidiendo auxilio. Algunos salen con alta felizmente, pero hay varios que salen sin vida», dijo a Sputnik una señora que prefirió mantener su nombre en reserva.

«Espero que la llegada de la vacuna nos alivie. Más que todo a los médicos, para que así atiendan. No hay camas, ellos mismos se encuentran desesperados. Pero yo no puedo juzgar porque hay muchos hospitales que están así», comentó la señora. Y agregó: «En mi barrio escucho que hay vecinos y familiares que están contagiados. Muchos están muriendo».

Durante los últimos 16 días, la señora Vargas (no quiso dar más señas personales) estuvo parada frente a la entrada de este hospital. Su esposo ya falleció, pero aseguró que continuará ahí hasta que los médicos le brinden un informe sobre las condiciones en que perdió a su compañero de la vida.

«He vivido de cerca la enfermedad de nuestra familia. He estado en este hospital cada día, desde las ocho de la mañana hasta las ocho de la noche, esperando informes médicos sobre el estado de salud de mi familiar, pero lamentablemente no nos informan», dijo la señora a Sputnik. Ella es de la ciudad de La Paz, pero tuvo que traer a su esposo a El Alto porque no conseguía una UTI en los centros hospitalarios de su municipio.

Tras la pérdida de su esposo, Vargas tuvo que ingresar a reconocerlo. «Tienen los cuerpos en un lugar que le dicen ‘el depósito’ y se puede ver desde el recorrido del teleférico. Son cuatro calaminas donde están los cuerpos desnudos. Mi esposo tenía todavía tubos que le salían del cuello y de las costillas. Tampoco le habían sacado aún la sonda urinaria», contó la señora

«Le dije a los médicos que era una forma inhumana de tratar a una persona fallecida. Me respondieron que así eran los protocolos internacionales», dijo esforzándose por no llorar.

«Quizás a veces es mejor que un familiar esté en el domicilio de uno antes que en el centro hospitalario, porque no saben explicar absolutamente nada, no dan razones. Tienen mucho temor a contagiarse, eso hace que se limiten sus aptitudes profesionales», opinó Vargas.

Hospitales llenos, normalidad en las calles

Sputnik también acudió al hospital Cotahuma, en la ciudad de La Paz. Sus 80 camas (15 UTI) también llevan un mes permanentemente ocupadas. Cuando se desocupa una, ya sea porque el paciente recibió el alta o falleció, hay varias personas en espera para entrar a recibir atención.

Por fuera el hospital lucía cerrado. Nadie había en la entrada más que un joven con evidentes signos de malestar. Consultado por cómo se sentía, hizo un gesto evasivo y se retiró.

En este hospital informaron que el director —única persona habilitada para dar declaraciones- no se encontraba, que regresaría dentro de tres horas. Pasado este tiempo, sus ocupaciones aún le impedían llegar a su lugar de trabajo.

En la ciudad el movimiento continúa con relativa normalidad. En las calles pulula la población paceña en sus tareas diarias, el 90% de riguroso barbijo, también con máscaras las y los más cautos.

Según el último reporte del Ministerio de Salud, del 29 de enero, Bolivia sumó en un día 2.666 casos, también se registraron 53 nuevas muertes provocadas por el coronavirus. Santa Cruz, el departamento más afectado por la segunda ola, anotó en ese día 978 test positivos. Le siguió La Paz con 697, luego Cochabamba con 249 y Chuquisaca con 236.

En Oruro registraron 157 nuevos casos, en Tarija 113, en Beni 112, en Potosí 107 y en Pando 17.

Así Bolivia llegó a los 213.392 contagios, de los cuales 45.850 están activos. El número total de fallecidos es de 10.279 personas.

Testeos masivos

Durante la primera ola, cuando ocupaba la presidencia Jeanine Áñez, Bolivia tuvo un pico de contagios en junio-julio de 2020, cuando llegó a registrar hasta 2.000 casos diarios. Según el presidente Luis Arce Catacora, actualmente las cifras diarias rozan los 3.000 casos diarios porque se realizan testeos a un mayor porcentaje de la población.

Desde la empresa estatal Boliviana de Aviación (BoA), que trajo las primeras 20.000 dosis de la vacuna Sputnik V desde Buenos Aires hasta La Paz, afirmaron que hasta el 1° de febrero llegarán medio millón de pruebas de antígeno nasal para COVID-19, procedentes de Corea del Sur.

«Este fin de semana llegarán las pruebas desde Corea, están en pleno transporte. Se trata del segundo lote de 15 toneladas. Estamos hablando de más o menos medio millón de pruebas de antígeno nasal que llegan al país», dijo Ronald Casso, gerente de BOA, a la radio Patria Nueva.Mientras tanto, el presidente Arce continúa con la inauguración de la vacunación para el personal sanitario de todo el país. El viernes 29, luego de 12 horas de llegadas las primeras dosis de Sputnik V, acompañó el inicio de la inoculación en la ciudad de Santa Cruz de la Sierra. El sábado 30 hizo lo mismo en La Paz. Y el domingo 31 en Cochabamba.

Con los próximos envíos, a realizarse en marzo, abril y mayo, habrán llegado de Rusia las 5,2 millones de dosis comprometidas. En paralelo, el Ministerio de Salud sigue en negociaciones con otras farmacéuticas para adquirir más vacunas, que lleguen a la mayoría de sus 11 millones de habitantes.

«Tenemos proyectado vacunar a 7,2 millones de personas en el país y tenemos comprometidas 15,4 millones de vacunas», dijo el vocero presidencial, Jorge Richter, al iniciar la inoculación en Santa Cruz.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.