Bolsonaro le tiende la mano a Biden llena de aserrín

Por Joan Royo Gual. SPUTNIK. Entre agosto de 2019 y julio de 2020, bajo plena mirada de Jair Bolsonaro, desaparecieron más de 11.0000 kilómetros cuadrados de la Amazonía, la peor deforestación en una década. Sorprende y genera recelo, con este antecedente, la supuesta intención del mandatario de alcanzar un acuerdo ambiental con su par estadounidense Joe Biden.
«¿Qué visión une a Bolsonaro y a Biden en relación al clima y a la visión de futuro y del mundo, si de hecho Bolsonaro es un negacionista climático?», se preguntó Izabella Teixeira, exministra brasileña de Medio Ambiente, en diálogo con Sputnik en vísperas de la Cumbre de Líderes sobre el Clima, convocada por EEUU vía online para el 22 y 23 de abril.
Teixeira, que integró las administraciones izquierdistas de Luiz Inácio Lula da Silva y Dilma Rousseff entre 2010 y 2016, dijo que, con su discurso, el líder ultraderechista incentiva la deforestación, y consideró que de momento no hay «elementos creíbles» de que la situación vaya a cambiar a corto plazo.
En marzo de este año, la deforestación fue de 810 kilómetros cuadrados, tres veces más que en el mismo mes del año pasado, según el no gubernamental Instituto del Hombre y el Medio Ambiente de la Amazonía (Imazon).
En las últimas semanas aumentó la preocupación entre activistas de que en la cumbre del clima virtual patrocinada por Biden se anuncie un generoso acuerdo de ayudas económicas para que los países amazónicos (principalmente Brasil) se comprometan a frenar la destrucción de la selva.
Los ecologistas temen que esto blanquee la imagen de Bolsonaro y que los recursos terminen siendo usados para otros fines.
En noviembre del año pasado, durante la campaña electoral, Biden habló de la posibilidad de un fondo de 20.000 millones de dólares de ayudas, pero las negociaciones se han hecho hasta ahora de forma muy discreta.

«El peor enemigo» de la Amazonía

En una carta dirigida a Biden, más de 200 organizaciones le alertaron que «las soluciones para la Amazonía no se darán «con negociaciones a puerta cerrada con su peor enemigo».
La Casa Blanca ya desmintió que vaya a dar dinero a Brasil a priori. En todo caso, las ayudas estarían condicionadas a resultados tangibles, como una drástica caída de la deforestación.
No obstante, la alarma sigue. El 20 de abril, decenas de artistas brasileños y estadounidenses (Leonardo DiCaprio, Jane Fonda, Katy Perry, Caetano Veloso o Gilberto Gil, entre otros) también se posicionaron en contra de un acuerdo con Bolsonaro.
El principal temor es que el Gobierno brasileño use las ayudas para financiar a grupos políticos afines o para pagar a propietarios rurales e invasores de tierras, que deforestan ilegalmente, para que mantengan la selva en pie a cambio de dinero.
Para Teixeira, esa idea es totalmente inaceptable porque no se debe negociar con «delincuentes».
«Se trata de combatir el crimen. Hay que eliminar la deforestación ilegal porque es un imperativo moral de Brasil, va contra nuestra Constitución, están robando nuestras riquezas», dijo la exministra, que en todo caso se muestra partidaria de que EEUU y Brasil mantengan abiertos los canales de diálogo.

Brasil sabe hacerlo mejor

Teixeira recuerda que la cooperación internacional es importante en la Amazonía y que el sistema de lucha antincendios, por ejemplo, fue implementado en parte gracias a EEUU.
Cree que el Gobierno Biden puede ayudar a Brasil de otra forma: regulando mejor los mercados, prestando ayuda financiera a quienes ya trabajan luchando por la Amazonía sobre el terreno o dialogando con empresas, gobernadores y otras autoridades brasileñas.
«Brasil tiene soluciones, pero no puedes pensar que será con el Gobierno Bolsonaro», dice, porque la actual administración tiene un discurso público de estímulo a las ilegalidades.
Teixeira, quien tuvo un papel clave en la firma del Acuerdo de París contra el cambio climático en 2015, recuerda que en un momento no tan lejano de la historia de Brasil, este país tenía un papel protagonista en la «diplomacia verde», y que usó la bandera de la protección de sus recursos naturales como una efectiva herramienta de «softpower».
La exministra subraya que Brasil ya demostró que sabe luchar contra la destrucción de la selva cuando hay voluntad política. Entre 2004 y 2014 la deforestación de la Amazonía cayó un 83%. «Si Brasil quiere acabar con la deforestación ilegal en el Amazonas, acaba», asegura.

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