El jardín más hermoso del mundo

LD. La entrada al Jardín Botánico en Santo Domingo es una reja corriente de metal – un agujero en la muralla que bordea más de dos millones de metros cuadrados de zona verde. Justo detrás de ella se extiende una plaza enorme que por su tamaño recuerda al Campo de Marte de la antigua Roma. No obstante, la austeridad militar termina en su entrada, ya que la plaza parece cubierta de un material diseñado con fantasía, que podemos sobre todo sentir en sus ladrillos hundidos en el pavimento, colocados en decenas de círculos de diámetros diferentes. Su color rojizo se distingue marcadamente del fondo de las aceras rellenadas con guijarros grises y lisos.

Hablemos entonces de los círculos. El segundo elemento que organiza el espacio de fantasía diseñado por Benjamín Paiewonsky es la línea. Quebrada como en el estanque japonés situado justo a la entrada o recta y multiplicada como en las columnas decorativas de los pabellones de exposición o en las pérgolas que se extienden entre los edificios técnicos. Lo más interesante ocurre cuando la línea y el círculo se unen a gran escala – esta prueba de fuerza se puede observar por ejemplo en los tres pabellones que flanquean la parte occidental de la plaza central y que están cubiertos de bóvedas maravillosas en forma de cúpulas, adornadas con un puzzle geométrico de cuasi-pilastras. Las estructuras fueron diseñadas para las exposiciones temporales de plantas pero un ojo de profesional las puede asociar con los edificios para asambleas, como la cúpula del Centro del Centenario de Breslau proyectado y edificado bajo la dirección de Max Berg en los años 1911-1913.

El proyecto del jardín botánico se le encarga entonces a Benjamín Paiewonsky, quien por entonces tiene poco más de 30 años, un origen familiar Lituano-Polaco, un diploma de arquitecto por la Universidad de Notre Dame en Estados Unidos, y en su currículum profesional la realización de algunas villas mexicanas-post coloniales en Santo Domingo.
Y añade que Balaguer vigilaba personalmente el avance de la construcción del jardín. El proyecto fue posible, entre otros, gracias a los viajes de estudio – Benjamín Paiewonsky visitó jardines botánicos en América y Europa, como los de París, Florencia, Edimburgo… Los trabajos de proyecto e ingeniería duran de 1972 hasta la apertura del jardín en1976.
Según los historiadores del arte dominicanos, el boom del hormigón armado fue un efecto de la proximidad del pensamiento de la escuela de ingeniería de Dominicana y la arquitectura de la Costa Este de los EE.UU. – los desechos arquitectónicos y el material no utilizado en las grandes construcciones americanas (quizá incluso de Falling Waters de Frank Lloyd Wright), según cuenta los apasionados de arquitectura locales, venían a reciclarse en Dominicana. Esta leyenda maravillosa nos muestra claramente que el pulso de la arquitectura Dominicana estaba al diapasón de todos estos lugares donde se estaban creando los hitos arquitectónicos del siglo XX.
Porque en los pabellones del jardín botánico en Santo Domingo se puede observar tanto la relación con los pabellones venecianos de Carlo Scarpa como aún la familiaridad con la sede de la Embajada de Francia en Varsovia basada en prefabricados y diseñada por Jean Prouve. Al preguntarle por estas inspiraciones Benjamín Paiewonsky solo sonríe.

¿Piensa usted que uno de los arquitectos tenía la patente para el círculo? Para los eruditos el círculo siempre será un elemento pitagórico. Y la arquitectura siempre será una búsqueda de la visión del espacio más armoniosa e inclusiva.

En diseño gráfico se habla de los sistemas, en biología – de la taxonomía de las plantas. Un pequeño elemento se utiliza para las grandes estructuras y en cada pieza de un rompecabezas se puede encontrar la misma armonía, y al mismo tiempo cada uno se define por sí mismo. La arquitectura de Benjamín Paiewonsky nos muestra perfectamente esta regla.

Algo que podía haber sido una obra aplastante, monumental, política, un exhibicionismo de construcción muscular para nada, ha sido elaborado con delicadeza y muchas variaciones excepcionales de la norma. Pero sin embargo todo se aglomera en una historia coherente: esto es lo que sabe hacer un gran arquitecto.

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