EL MITO DEL GOBIERNO PROGRESISTA DE BIDEN-HARRIS

MISIÓN VERDAD. El deep state o Estado profundo es una forma de ejecutar el poder en Estados Unidos a través de una suerte de brazo invisible sin que afecte la fachada que recae sobre el gobierno federal en la Casa Blanca. La clandestinidad de este Estado de Seguridad Nacional (también llamado así debido a su conformación securitaria a partir de la Ley Patriota de 2001) permite que exista una tejido de redes encubiertas que operan de manera independiente, pero con incidencia real en las acciones estadounidenses.

Esta red tras bambalinas, que generalmente responde a intereses económicos y financieros, puede hacer los trabajos sucios y mover las piezas necesarias por medio de sus aparatos de inteligencia. Mike Lofgren, un ex agente del Congreso de Estados Unidos, define el deep state como «el hilo rojo que une la guerra contra el terrorismo, la financiarización y desindustrialización de la economía estadounidense, el surgimiento de una estructura social plutocrática y la disfunción política».

Esta forma de proceder pudiera tomar fuerza en este nuevo proceso político que inicia en Estados Unidos tras las elecciones del pasado 3 de noviembre.

LA ILUSIÓN PROGRE

Desde que se definió la fórmula Joe Biden-Kamala Harris se ha venido derribando el mito que los proyectaba como un dúo que promoverá cambios sustanciales tanto en la política interna como la externa de Estados Unidos.

Basta revisar un poco el historial político de esta dupla para saber que dichas esperanzas no estaban signadas por méritos propios, sino por supuestamente representar un mal menor. Esto se debe a que la figura a derrotar es el aún presidente Donald Trump, cuyo liderazgo se fue socavando por el manejo torpe de la pandemia y las protestas sociales tras el asesinato de George Floyd a manos de la policía.

Este último hecho fue aprovechado por los demócratas para satanizar a Trump y promover la conciliación a través del rescate de un supuesto espíritu nacional que se había perdido con la llegada del magnate presidente.

HISTORIALES OLVIDADOS

Los medios de comunicación que proyectaron a Biden como presidente electo parecen haber olvidado el prontuario de acoso sexual, racismo y respaldo a políticas segregacionistas, apoyo a políticas de recortes a la seguridad social y otras que favorecieron a los multimillonarios.

Asimismo, tampoco mencionan las acciones guerreristas con consecuencias mortales para millones de personas que incluyen el envío de tropas a la frontera, a Medio Oriente y el diseño del Plan Colombia, políticas y acciones que en gran medida son criticadas a Trump.

La conmoción tras las protestas antirracistas también solaparon el historial de Kamala Harris, quien por su herencia étnica fue promovida como una esperanza progresista para contrastar el avance del supremacismo de los seguidores del actual presidente.

Más allá de la fachada de la mujer hija de inmigrantes que lucha por los derechos civiles, que aspira a convertirse en la primera vicepresidenta de Estados Unidos, Harris también tiene un prontuario oscuro. Ocultar información para proteger la corrupción de cuerpos policiales, como fiscal de California «mantuvo políticas judiciales retrógradas» que en muchos casos afectó a los más pobres, además de servir a los grandes intereses de Wall Street son solo parte del historial soslayado por los medios.

LOS ROSTROS DE LA TRANSICIÓN

Además de los breves historiales criminales de los que están a la cabeza del nuevo gobierno estadounidense, también hay otros personajes políticos con pasados oscuros que pudieran formar parte de este.

La semana pasada, el equipo de transición demócrata «dio a conocer los nombres de las personas que están en sus ‘equipos de revisión de agencias’, que prepararán a Biden y su gabinete para su administración», refirió en su cuenta de Twitter Kevin Gosztola, director de Shadowproof.

Según lo publicado por el director del medio que se dedica a exponer los abusos de poder en las empresas y el gobierno estadounidense, uno de los nombres de la lista es el de Matt Olsen, ex funcionario de la administración Obama que fue director del Centro Nacional de Contraterrorismo.

Asimismo, por un periodo breve fue consejero general de la NSA (Agencia de Seguridad Nacional) y director ejecutivo de Gitmo Review Task Force, un grupo de trabajo creado por una orden ejecutiva para determinar el estatus de los detenidos en la cárcel de Guantánamo.

Otro que aparece en la lista de los que prepararán el nuevo gabinete es Greg Vogle, socio de una empresa fundada por un ex jefe de estación de la CIA en Afganistán; además fue asesor de DGC International, un contratista militar estadounidense cuyo fin era mantener su presencia dominante en el Medio Oriente.

El hecho de que Thomas-Greenfield sea el líder del grupo de revisión de la agencia del Departamento de Estado, según el periodista norteamericano, es un indicativo de que Biden nominará a Susan Rice para que se desempeñe como Secretaria de Estado. Rice fue embajadora en la ONU, desde 2009 hasta 2013, y posteriormente consejera de Seguridad Nacional de la Administración Obama. Es conocida por llevar la política guerrerista del ex presidente al Medio Oriente.

Tal vez aquel rescate del espíritu nacional que se mencionó al principio tras la llegada de Trump tenga que ver con volver al esquema de intervención imperial conocido con el gobierno de Obama y sus precedentes. Que estos hombres y mujeres de las agencias de inteligencia y seguridad tomen las riendas de la Casa Branca es un indicio de que se acentuará aún más el enfoque guerrerista con su política de terror.

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