El muro no es de Trump, lo construyeron los demócratas

Por Víctor Flores García. Sputnik — Una eventual llegada del líder del Partido Demócrata Joe Biden a la Casa Blanca, si supera los alegatos del presidente Donald Trump que han ido cayendo uno tras otro, genera más expectación que optimismo entre expertos en seguridad nacional y defensores de migrantes consultados.

En la memoria de quienes han respaldado a víctimas de las políticas migratorias estadounidenses está marcado que el entonces presidente demócrata Bill Clinton (1993-2001) construyó la mayor parte de los 1.100 km del muro fronterizo actual, mientras Barack Obama (2009 – 2017) tuvo un récord de deportaciones, aunque promovió una reforma migratoria frenada por los republicanos.

«El muro de seguridad de Clinton, George W. Bush (2001- 2009) y Obama es más ofensivo para México que la barda construida por Donald Trump», señala a Sputnik el analista Carlos Ramírez del Centro de Estudios Económicos Políticos y de Seguridad.

Ramírez recuerda que el muro en la frontera de casi 3.200 km que separa ambos países comenzó a ser construido durante el primer Gobierno de Clinton, quien dejó hechos más de 600 kilómetros de vallas de los 1.100 km actualmente existentes.

Miradas diferentes

Es cierto que el muro levantado por Clinton se circunscribía a las zonas urbanas en la frontera, hasta las playas del Pacífico y no tenía como finalidad cerrar la línea binacional con insultos y argumentos xenófobos, como se propuso Trump.

Al contrario, buscaba solo desestimular la migración por tierra, al evitar que los indocumentados pudieran cruzar a pie entre las ciudades fronterizas mexicanas como Tijuana, Mexicali y Tecate.

Sin embargo, los expertos estiman que la política del presidente demócrata terminó empujando a miles de centroamericanos y mexicanos a cruzar la frontera por zonas inhóspitas y peligrosas, como el desierto de Arizona.

Durante el Gobierno de Bush Jr. fueron levantados otros 200 kilómetros de vallas, mientras que Trump ha construido menos de 300 kilómetros, aunque se comprometió con dejar otros 650 antes de finalizar su Gobierno en enero.

Aunque el triunfo de Biden fue recibido con alivio e incluso esperanza entre los migrantes que cruzan México para tratar de llegar a EEUU, los primeros nombramientos en el equipo de transición no parecen traer buenos augurios en materia de política migratoria.

Vieja conocida

Un ejemplo es la mujer escogida por Biden como su asesora principal en el tema migratorio: Cecilia Muñoz, quien durante el Gobierno de Obama fue una defensora a ultranza del plan de masivas deportaciones.

Aunque impulsó una reforma migratoria que fue bloqueada por el Partido Republicano de Trump, el más reciente presidente demócrata superó los 2,5 millones de deportados en ocho años, la mayor cifra ocurrida bajo el gobierno de un presidente estadounidense.

Muñoz, cuyos padres eran migrantes bolivianos que llegaron a Detroit en la década de 1980, llegó al extremo de señalar que la separación de los hijos de migrantes de sus padres era la «consecuencia de romper las leyes».

Su presencia y el retorno de los llamados «halcones» militares y diplomáticos apegados a las doctrinas de Seguridad relegados por Trump, deben llevar a México a mantener la guardia en alto.

«Trump fue grosero y a veces hasta amenazante; pero en los hechos se circunscribió a exigir acciones, no a una estrategia de dominación, como la que parece orientar al equipo de Biden», alertó el experto en temas internacionales.

El discurso antimigrantes del magnate de Nueva York calificó a los indocumentados como violadores y narcotraficantes, para enarbolar la bandera de campaña de construir un «hermoso muro».

También intentó eliminar el programa DACA que concede un estatus migratorio especial a los jóvenes que llegaron siendo infantes a EEUU, conocidos como Dreamers (soñadores).

Finalmente, el presidente republicano obligó a México a mantener en su territorio a los solicitantes de asilo estadounidense, mientras se deciden sus peticiones.

Ha dejado así a unos 60.000 centroamericanos varados en la zona fronteriza norte mexicana, según estimaciones de organizaciones no gubernamentales.

Diego Aranda, de la organización civil Al Otro Lado que ayuda a los migrantes, señala que «Biden puede marcar un cambio si decide admitir refugiados y rectifica la situación jurídica de las personas que se han visto afectadas en los últimos años».

Pero no se hace ilusiones en cuanto al muro que dijo en un conversatorio público por internet que «no será derribado, aunque tal vez dejará de recibir dinero para culminar su construcción».

Si Biden llega a la Casa Blanca deberá demostrar con hechos su diferencia con la agresividad con que las políticas de Trump atacaron a los migrantes.

Los especialistas señalan que su dilema será entre una política más flexible hacia los migrantes o mantener el papel de «deportador en Jefe» que se ganó Obama.

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