Ganamos todos o perdemos todo, el plausible armagedón nuclear en el horizonte

Wilder Buleje y Alexandr Mondragon.

Occidente corre en una faja sinfín sin avanzar un milímetro, como un hámster que desconoce que está en la misma posición así acelere o se detenga. El sociólogo estadunidense Immanuel Wallerstein precisó que el cambio de Sistema Mundo se produciría a mediados de esta centuria, no imaginó que el proceso llegaría en esta década. Estamos en pleno cambio: del viejo Sistema Mundo Occidental (Estados Unidos más Europa Occidental) al Nuevo Sistema Mundo Euroasiático (China y Rusia).
Desde esta perspectiva, el conflicto en Ucrania era inevitable. Solo una excusa para la reconfiguración del sistema político del planeta. En esta entrega, como lo anunciamos el 2017 ver aquí y aquí, repasamos la historia de este proceso.


La eficiente e industriosa Alemania avanza a paso firme hacia su tercera destrucción colectiva en la última centuria, pero esta vez puede arrastrar al planeta entero en esa desventura, cuando tenga que elegir si abandona su estatus de estado vasallo del Hegemón Imperial o si se une al Nuevo Sistema Mundo Euroasiático (NSME). Dos guerras mundiales previas debieron servirle para reflexionar sobre la utilidad de sus alianzas y las severas consecuencias sobre esas decisiones. Tal vez debe observar lo que acaba de hacer Arabia Saudita, al aliarse con Rusia, anunciando que la OPEP reducirá la producción del petróleo para mantener altos los precios de los combustibles y la inflación —como parte de la guerra híbrida— y también —he aquí la clave— ir definiendo las nuevas alianzas dentro del entorno del NSME.
El conflicto militar entre Rusia y Ucrania —un sismo geopolítico de magnitud 9 que cambiará las placas tectónicas del sistema mundo— planteó un problema que Alemania y Europa Occidental aún no han resuelto. Esta vez el error de cálculo será mortal. Si alguna de las naciones en conflicto decide abrir los arsenales nucleares no habrá otra oportunidad para nadie, como explicamos en detalle más adelante.

La memoria es el centinela del cerebro.
William Shakespeare

Un poco de historia para refrescar la memoria. En la I Guerra Mundial (1914-1918), Alemania integró la Triple Alianza (junto al Imperio Austro-Húngaro e Italia). El resultado final le fue desfavorable. Los vencedores fueron los países de la Triple Entente (Inglaterra, Francia, Rusia más el refuerzo de Estados Unidos en 1917).
En la II Guerra Mundial (1939-1945) Alemania formó parte de las Potencias del Eje (más Italia y Japón). Al frente se agruparon los Aliados (Francia e Inglaterra, después se sumaron Rusia y Estados Unidos). La victoria fue de los Aliados con estadunidenses y rusos fragmentando el territorio alemán en la República Federal Alemana y la República Democrática Alemana, respectivamente.
Los países que peor eligieron a sus aliados en esas dos contiendas fueron Alemania, Italia y Japón, éste último soportó dos ataques de Estados Unidos con bombas atómicas sobre Hiroshima y Nagasaki. Los que mejor eligieron fueron Rusia, Estados Unidos, Francia e Inglaterra.

El enemigo viene en limusina, no en patera.
Pablo Hasél

Ahora, en el umbral de la III Guerra Mundial, Rusia y Estados Unidos están por primera vez en bandos opuestos. Es más, están enfrentados en una escalada verbal, energética y económica nunca vista antes.
Alemania y Europa Occidental en su conjunto (más Japón, Corea del Sur, Taiwán y Australia), están del lado de Estados Unidos. Mientras que Rusia tiene en China un aliado incondicional (más Irán, Corea del Norte y gran parte de países de Asia Central). Es decir, el conflicto está focalizado en Europa (Ucrania) pero el teatro de una confrontación nuclear puede abarcar un enorme radio —casi dos tercios del planeta.
La Operación Militar Especial (OME) que anunció Vladimir Putin está circunscrita hasta ahora al uso de armas convencionales. Sin embargo, no está descartado el uso de artefactos nucleares. Después de todo, como dice un aforismo del ajedrez: La amenaza es más fuerte que la ejecución.
Lo certero es que la OME abrió la puerta de la III Guerra Mundial, como escribimos en marzo pasado. Es la primera vez que el país que abarca el núcleo geográfico de Europa, el Heartland de John Halford Mackinder, toma la iniciativa y arremete contra las naciones occidentales del Viejo Continente. En otras palabras, el Core del Nuevo Sistema Mundo en formación lanza un ataque a la Nueva Periferia —como en las dos previas guerras mundiales, excepto con una pequeña diferencia: que los actores están en posiciones opuestas.

Ser enemigo de Estados Unidos es peligroso, pero ser amigo es fatal.
Henry Kissinger

En las dos guerras previas, los rusos (Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas) reaccionaron ante la ofensiva de la Triple Alianza (Alemania, Imperio Austro-Húngaro e Italia) y las Potencias del Eje (Alemania, Italia y Japón), respectivamente.
Los rusos salieron victoriosos en esas dos guerras mundiales. Estados Unidos apareció en los momentos culminantes de ambas conflagraciones para asegurar el éxito. Pero, ahora está de protagonista desde el inicio.
En la II Guerra Mundial solo un país desarrolló y empleó armas nucleares: Estados Unidos. Como dijo el presidente ruso Vladimir Putin recientemente: es el gobierno de Estados Unidos el que sentó el precedente —y las excusas — para el uso de armas nucleares en tiempos de guerra.
Ahora el club nuclear más numeroso está en Asia (Rusia, China, Corea del Norte, India, Pakistán y quizá Irán). En Europa solo Francia e Inglaterra poseen arsenal atómico.
No importará quién dispare el primer misil con ojiva nuclear. Nadie duda que la respuesta sea inmediata y masiva. La muerte reinará en la Tierra por varias décadas y los escasos sobrevivientes vivirán lamentando la ceguera de quienes carecieron de sensibilidad para evitar una tragedia descomunal.
El presidente de Ucrania, Volodimir Zelensky alentó hace unos días a que la OTAN lance ataques nucleares “preventivos” contra Rusia, lo cual erizó los cabellos del Pentágono y el Deep State: la OTAN “no debe esperar a los golpes nucleares de Rusia” y lo que debe hacer es “excluir la posibilidad de que Rusia use sus armas nucleares […] hay que bombardearla preventivamente”, dijo.
Pero como acaba de tuitear el analista geopolítico y autor estadounidense David P. Goldman, citando a Bismarck: “Nunca pelees con los rusos. Responden a cada artimaña de la guerra con una ferocidad imprevisible”. Después del camión bomba que Ucrania hizo explotar en un puente clave en Crimea la semana pasada, “Putin ordenó los ataques a la infraestructura de Ucrania, como Estados Unidos en Serbia en 1998. ¿Por qué esperó hasta ahora? La única explicación es que esperaba una oferta de negociaciones de cese al fuego y libró una guerra limitada. Ahora es la guerra total”, escribió.
Tampoco sorprenderá que, si las cosas llegan a los extremos, el planeta sea sometido a una aniquilación casi absoluta. El ser humano de este siglo —pese a los grandes avances tecnológicos y científicos— es tanto o más salvaje que el hombre de las cavernas. El Homo Sapiens está subordinado al Homo Bellicus. Y aquí explicamos lo que puede suceder.

¿Qué causaría una guerra nuclear?

Para poner esto en perspectiva, publicamos un extracto publicado por científicos de Alliance for Science en marzo del 2022:

Un estudio del 2008 analizó el escenario de una guerra nuclear entre Rusia y EE.UU., en el que Rusia apuntaría con 2,200 armas a los países occidentales y EE.UU. apuntaría con 1,100 armas a China y Rusia por igual. En total, por lo tanto, detonarían 4,400 ojivas.
Se estimó que esta guerra nuclear a gran escala causaría 770 millones de muertes directas y generaría 180 Tg (teragramos o billones de gramos) de hollín por la quema de ciudades y bosques. En los EE.UU., aproximadamente la mitad de la población estaría dentro de los 5 km de una zona cero, y una quinta parte de los ciudadanos del país (70 millones) serían muertos instantáneamente.
Un estudio posterior, publicado en el 2019, analizó una inyección de hollín atmosférico de 150 Tg comparable pero ligeramente inferior después de una guerra nuclear de escala equivalente. La devastación provocaría tanto humo que solo el 30-40 % de la luz solar llegaría a la superficie de la Tierra durante los siguientes seis meses.

Un verdadero invierno nuclear

A lo anterior seguiría una caída masiva de la temperatura, y el clima se mantendría bajo cero durante el verano posterior en el hemisferio norte. En Iowa, por ejemplo, el modelo demostraba que las temperaturas se mantendrían por debajo de los 0°C durante 730 días seguidos. No habría temporadas de cosechas. Sería un verdadero invierno nuclear.
“Tampoco habría un pequeño bache. A partir de la devastación nuclear, en el verano las temperaturas aún caerían por debajo del punto de congelación durante varios años y las lluvias a escala global se reducirían a la mitad en los tres a cuatro años posteriores. Se necesitaría más de una década para que algo parecido a la normalidad climática regrese al planeta.

Miles de millones muertos por inanición

En ese momento, la mayor parte de la población humana de la Tierra habrá muerto hace mucho tiempo. La producción mundial de alimentos se derrumbaría en más del 90 por ciento, lo que provocaría una hambruna mundial que mataría a miles de millones por inanición. En la mayoría de los países, menos de una cuarta parte de la población sobrevivirá al final del segundo año en este escenario. Las poblaciones mundiales de peces serían diezmadas y la capa de ozono colapsaría.
Los modelos son espeluznantemente específicos. En el escenario de una guerra nuclear de 4,400 ojivas con 150 Tg de hollín promedio durante los siguientes cinco años, China vería una reducción en las calorías de los alimentos del 97.2%, Francia del 97.5%, Rusia del 99.7%, el Reino Unido del 99.5% y EE.UU. del 98.9%. En todos estos países, prácticamente todos los que sobrevivan a las explosiones iniciales morirían de hambre posteriormente.

¿Extinción humana?

Y aunque el escenario de una guerra nuclear que cause un hollín de 150 Tg sea mucho menor que la cantidad de humo y otras partículas arrojadas a la atmósfera por el asteroide que golpeó la Tierra al final de la era Cretácico, hace 65 millones de años, matando a los dinosaurios y a unos dos tercios de las especies vivas en ese momento, tampoco es un alivio.
Esto implica que algunos humanos sobrevivirían eventualmente para repoblar el planeta, y que una extinción a nivel de especie del Homo sapiens es poco probable incluso después de una guerra nuclear a gran escala. Pero la gran mayoría de la población humana sufriría muertes extremadamente desagradables por quemaduras, radiación e inanición, y la civilización humana probablemente colapsaría por completo. Los sobrevivientes podrían subsistir a duras penas en un planeta devastado y estéril.

Así que teniendo muy claro lo que puede suceder en una confrontación nuclear, veamos un tema de fondo. El conflicto actual es realmente el último episodio de un intento de conquista que comenzó hace más de un siglo.

China el Mandarín del Tablero

Un pequeño saber no puede equipararse a uno grande. Ni una corta vida a una larga existencia. ¿Cómo se sabe que esto es así? El hongo que sólo vive una mañana desconoce el ciclo de la luna. La cigarra de verano nada sabe de primaveras ni de otoños. Así son las pequeñas existencias. Chuang Tsé

En el tema de las alianzas, las imágenes de la I y II Guerra Mundial cambian de manera absoluta con la presencia de China, ahora como una superpotencia global —un estatus que lo ha logrado en poco más de 40 años, a una velocidad hipersónica nunca antes vista en la historia de la humanidad. Es una baraja inédita. No se trata de un país, sino de una civilización que se ha erigido como la Fábrica-Mundo y la primera potencia económica, como resultado de su propio Capitalismo-Histórico.
Es decir, no existe antecedente histórico para evaluar con certeza el peso específico de su apoyo. Y sin esa valoración, quienes participan con entusiasmo belicista no podrán anticipar los riesgos de su decisión.
China —en términos de ser la pesadilla de Occidente que el geógrafo e historiador inglés John Halford Mackinder previó en 1904— junto con Rusia, fortalece el núcleo geográfico de Eurasia y desde esa posición garantiza el predominio sobre toda la masa continental Euroasiática, desde el Océano Pacífico hasta el Mediterráneo —y eventualmente el Océano Atlántico.
Esas fuerzas conjuntas están desatadas en este momento y quienes adversan esa alianza han reaccionado sin calcular a fondo todas las consecuencias —o tal vez sí, en algunos aspectos, para traicionar a sus propios aliados, como dice Kissinger. Ucrania solo es un pretexto para ambos lados. En verdad, la confrontación era inevitable.
En las dos guerras previas, Occidente (Estados Unidos más Europa Occidental, bajo la premisa de Mackinder: Quién domine el core euroasiático dominará el mundo) intentó sin éxito someter a los rusos. Lenin y Joseph Stalin, cada uno en su momento, supieron defender los límites de la Madre Rusia después de recibir golpes desde el exterior.
En esta oportunidad Vladimir Putin —luego de que Rusia fue saqueada en los años 1990’s, tras la desaparición de la URSS, y se reconstruyó por más de dos décadas— sacó las garras primero. Destruyó los laboratorios de armas biológicas instaladas en Ucrania, levantó el cerco del Donbass como primera línea limítrofe y su OME le permitió evaluar la sumatoria de fuerzas en su contra.
El panorama para rusos y chinos está clarificado. Ahora solo esperarán hasta el 23 de diciembre para el cambio de estación y se subordinarán a las órdenes del General Invierno. En marzo del 2023 habrá un control de daños y el inicio de una nueva secuencia bélica en caso de que los acuerdos de paz en Ucrania no hayan llegado aún.

Un Dúo en lugar de un Solista

John Halford Mackinder pensó que un solo país —o Imperio— estaba destinado a prevalecer sobre esa enorme masa terrestre bautizada como Eurasia (Europa más Asia): Rusia, residente en el núcleo (core) geográfico de esos dos continentes; o China, civilización sobre un área enorme de territorio en el extremo oriental con salida al Pacífico y al Índico; o una potencia de la periferia (Alemania, Inglaterra o Francia).
Jamás imaginó Mackinder que el residente histórico del core (Rusia) buscaría un aliado imponente para acabar con ese ciclo destructivo de guerras mundiales que solo buscaban aniquilarla para imponer una sola autoridad en Eurasia.
La comunión Rusia-China fue impensada para Occidente. El factor sorpresa en toda su dimensión. Ahí radica su valor y su fortaleza. Rusos y chinos replantearon la mirada de Mackinder: no será un solista el que predomine en Eurasia sino un dúo. Un binomio que se preparó por largo tiempo, como la paciencia china. De acuerdo con lo que hemos publicado en nuestro portal, China esperó al menos UN SIGLO —la “Maratón de 100 Años”, según el autor Michael Pillsbury— para llegar a este momento, mientras que Rusia, que sabe en carne propia lo que ha significado defender su territorio del capitalismo salvaje desde hace un siglo también, se ha reedificado en los últimos 20 años y, con la alianza sino-rusa, sin la cual hubiera sido imposible la tarea, aguardó pacientemente más de dos décadas para llegar a este momento.
El desaparecido sociólogo estadunidense Immanuel Wallerstein predijo con precisión que este fenómeno consiste en la aparición de un Nuevo Sistema Mundo (Euroasiático) que desplazará al Sistema Mundo Occidental —aunque no precisó quién sería (o quiénes serían) los principales actores que desplazarían al Hegemón Occidental.
Estamos en los dolores del parto del nuevo modelo que regirá las relaciones del planeta. Tanto Xi Jing Ping como Vladimir Putin, ya lo han dicho sin ambages, literalmente y sin rodeos, en recientes discursos. Los sismos cotidianos son consecuencia del traslado del eje del viejo sistema a la naciente estructura. Si las armas nucleares lo permiten ese alumbramiento será posible a finales de estos Turbulentos Años Veinte.

Un Mundo Mejor o en Ruinas

En V Siglos de dominio, el mundo anglosajón elevó el nivel de la ciencia hasta límites insospechados, hizo crecer el valor de los productos y de los servicios a cifras impensadas.
En años recientes, los descubrimientos en computación, la operatividad de internet y la teoría cuántica son sus logros inobjetables. Sin embargo, los anglosajones nunca abandonaron el espíritu monárquico, la furia guerrerista y el afán de imponerse en cualquier lugar al precio que fuere.
La prédica democrática quedó sepultada con sus actuaciones belicistas en ultramar; los valores religiosos fueron enterrados por una codicia ilimitada; y la filosofía del mercado libre fue socavada por invasiones para confiscar petróleo y otras materias primas. Todo lo anterior suma lo que Noam Chomsky etiquetó como La Quinta Libertad: “La Libertad de saquear y explotar”.
Mientras tanto en Asia los países que crecieron al ritmo frenético de China pensaron también en seguridad, en aliados poderosos para neutralizar una potencia voraz e implacable. De esa forma se configura Eurasia, con Asia Central como protagonista de un renacimiento en el siglo XXI utilizando la vieja Ruta de la Seda, replicada ahora en múltiples planes de desarrollo económico en la Eurasia milenaria.
El Belt and Road chino resume las nuevas rutas marítimas y terrestres para unir Asia con Europa en un tránsito interminable de mercancías de ida y vuelta, en un inacabable beneficio mutuo de crecimiento comercial y económico. Las otras sociedades económicas en formación, como la Unión Económica de Eurasia (EAEU), la Organización de Cooperación de Shanghái y otras entidades comerciales, también son parte de esta vasta red para unir Eurasia por la vía de la Ruta Cuántica.
En este contexto, acorde a los nuevos tiempos y al compás de las nuevas tecnologías, el trazo de La Ruta Cuántica sobre un territorio en efervescencia para dinamizar su crecimiento y conocer al detalle los factores que aceleran ese proceso, es el renacimiento de civilizaciones milenarias que, como lo describió Ferdinand Braudel, fueron los inventores de los sistemas-mundo en sus propios linderos —un mérito que el Matrix Occidental ha pretendido borrarlo de la memoria global.
China lidera dos tecnologías complementarias: la comunicación digital 5G y sus sucesores (6G a más) y la computación cuántica. La telefonía 5G permite la transmisión de enormes volúmenes de información e integra a las máquinas (Internet de las cosas) en los procesos productivos. Mientras que la computación cuántica resolverá problemas —insolubles con los actuales conocimientos de la informática— de manera novedosa y veloz.
Fueron las revoluciones tecnológicas las que dieron pie a los Imperios Occidentales en los dos siglos pasados. Ahora es el turno de Eurasia.

Mackinder Recargado

La reacción anglosajona a la nueva realidad es lógica. No quieren perder su hegemonía. Pero esa pelea resulta estéril. No depende de la decisión política ni del ímpetu militar, es una cuestión del poder e independencia de quienes ocupan el Heartland Euroasiático en los albores del Siglo XXI.
John Halford Mackinder dividió la tierra en doce partes. Nueve de esas partes son agua (mares, ríos, lagos). Dos doceavos corresponden a Eurasia (más África y Oceanía); mientras que América solo representa un doceavo.
La magnitud del Eurasia más que dobla en dimensión a América. Y desde la periferia resulta muy difícil ingresar al core. Ese propósito se vuelve imposible con la alianza simbiótica de Rusia (ocupante del core) y China (potencia en la periferia asiática).
Estados Unidos está en el continente equivocado. Desde esa posición muy poco puede hacer por conquistar el core (desaparecer o controlar la gobernanza de Rusia). Sus alfiles en Europa han fracaso dos veces en ese intento (I y II Guerra Mundial) y en esta oportunidad los rusos le ganaron la iniciativa y ya están en alerta máxima.
Dentro de dos décadas Asia Central será más importante que Europa Occidental en términos económicos y comerciales. El desarrollo del oeste de China, así como de centenares de ciudades del interior aportarán al crecimiento del PBI continental de manera incesante.
En el desarrollo e integración de esa enorme área geográfica está el futuro del mundo. Los grandes capitales llegarán en bandada hacia esa franja que unirá Beijing con Londres por carretera, vía férrea y fibra óptica. El Viejo y el Nuevo Mundo tendrán nodos de encuentro y un futuro inimaginable aún.
Todo eso, sin embargo, quedará trunco si una guerra atómica acaba con la humanidad y condena a la tierra a un invierno nuclear que terminará con cualquier especie viva. El Pentágono y el Deep State lo saben, pues mandaron a callar al presidente-cómico Zelensky, que pidió bombardear con ojivas nucleares a Rusia.
Los tres dados de la historia tienen grabados en cinco de sus caras: Todos Ganamos. En la restante tan solo el número 6. Según las probabilidades, la suerte de la humanidad tiene buenas posibilidades de salvarse. El lanzador de los dados es Alemania en su hora más difícil: qué aliado elegir. La vida y la muerte en manos del azar. Si salen los tres dados con el número 6 —Todos Perdemos— y habremos acabado con todo.


Fuente: El Nuevo Sistema Mundo

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