Los algoritmos marcarán la pauta de la Serie Mundial entre Dodgers y Rays

DL. Hace ya casi dos décadas que el mundo conoció a través del libro Moneyball (2003) que el gerente de los Atléticos, Billy Beane, apelaba a la analítica y basaba sus decisiones en evidencias sabermétricas que le suministraban matemáticos del Ivy League para, con un bajo presupuesto, hacer competitiva a la novena californiana.

Ignoraban mucho la revolución que estaba en camino para decidir en función de lo que sugerían las computadoras las decisiones del terreno en lugar del instinto de las canas de “hombres de béisbol”.

Si bien esa corriente de pensamiento hace rato que arropó toda la industria, los Tampa Bay Rays tienen la oportunidad a partir de esta noche de, finalmente, graduar las ideas de Beane. Igual ocurriría si ganan los Dodgers.

Para algunos en realidad ese certificado fue entregado en 2017 cuando los Astros ganaron el campeonato, con un grupo de genios informáticos en su oficina y la ayuda de ingenieros de la NASA.

Andrew Freeman, de 43 años, es el presidente de operaciones de los Dodgers desde finales de 2014 y bajo su administración el equipo llega a su cuarto Clásico de Otoño en cinco años.

Un pelotazo en su mano derecha terminó con la carrera beisbolística de Freeman el primer año en la Universidad de Tulane. Pero logró una licenciatura en ciencias de la administración de negocios y trabajó como analista financiero, entre ellos en el desaparecido banco de inversiones Bear Sterns, hasta 2003 cuando el dueño de los Rays, Stuart Sternberg, un inversor de Wall Street, le ofreció gerenciar el club.

Freeman apeló a la idea de Beane llevando al equipo que juega en St. Petersburgh (una ciudad floridense de jubilados) a cuatro playoffs, incluyendo la Serie Mundial de 2008.

En 2014 aceptó US$35 millones por cinco años para irse a Los Ángeles. Se llevó con él a Fahan Zaidi (hoy GM de los Gigantes) y entre sus ex empleados en Tampa figuran Chaim Bloom (GM de los Medias Rojas), James Click (Astros) y Alex Anthopoulos (Atlanta).

El estratega con el que se dará de “frente” es Erik Neander, a quien contrató en Tampa Bay para crear bases de datos.

Como Freeman, a Neander una lesión en el hombro le cerró su sueño en el terreno, en el bachillerato, fue a la Universidad de Virginia Tech por solo tres semestres, pero desde que fue reclutado por los Rays en 2007, cuando trabaja llenando plantillas de juegos para Baseball Info Solutions por US$7 la hora, se convirtió en una esponja absorbente de información que luego ha convertido en victorias.

Los Rays son un laboratorio, no están cerrados a nada y las decisiones se toman por lo que digan los números. Allí se probó en 2018 comenzar los partidos con un relevista (opener) en lugar del abridor clásico, las estadísticas les dicen que sus abridores no deben enfrentar más de tres veces la alineación contraria y en los 60 juegos de esta campaña no hizo ni un toque.

Mientras los Rays reciben US$48 millones en una temporada normal por la TV por cable regional, los Dodgers son reyes en ese rubro con US$239 MM.

Mientras a Dodgers Stadium fueron 49,065 en 2019 al Tropicana Field solo asistieron 14,734.

¿David contra Goliat?

Los Rays tienen la nómina 28 entre los 30 equipos. Los US$28.9 millones que pagarán en esta campaña recortada son casi cuatro veces la factura que pagaron los Dodgers (US$107,9 MM), la segunda más alta.

Pero en realidad es una constante más común de lo que parece que en Grandes Ligas lleguen rivales con carteras tan disparejas.

En las 20 finales entre 2000 y 2019 en cuatro ocasiones asistió el equipo con la nómina más alta y ganó en una, según la base de datos del USA Today. Fueron los Yanquis, que perdieron la 2000, 2001 y 2003 y ganaron la 2009.

Cuando los Rays llegaron a su primera serie (2008) eran la nómina 29, los Rangers fueron en 2010 con la 27, los Rockies con la 25 en 2007, los Mets con la 21 en 2015 y los Marlins salieron campeones con la plantilla 25 en 2003.

Hace ya casi dos décadas que el mundo conoció a través del libro Moneyball (2003) que el gerente de los Atléticos, Billy Beane, apelaba a la analítica y basaba sus decisiones en evidencias sabermétricas que le suministraban matemáticos del Ivy League para con un bajo presupuesto hacer competitiva a la novena californiana.

Ignoraban mucho la revolución que estaba en camino para decidir en función de lo que sugerían las computadoras las decisiones del terreno en lugar del instinto de las canas de “hombres de béisbol”.

Si bien esa corriente de pensamiento hace rato que arropó toda la industria, los Tampa Bay Rays tienen la oportunidad a partir de esta noche de, finalmente, graduar las ideas de Beane. Igual ocurriría si ganan los Dodgers.

Para algunos en realidad ese certificado fue entregado en 2017 cuando los Astros ganaron el campeonato, con un grupo de genios informáticos en su oficina y la ayuda de ingenieros de la NASA.

En el terreno los héroes podrían ser Mookie Betts, Cody Bellinger, Clayton Kershaw, Sandy Arozarena, Willy Adames, Charlie Morton o Blake Snell, pero hay un protagonismo en las oficinas que las hemerotecas tendrán que buscarle espacio.

Andrew Freeman es el presidente de operaciones de los Dodgers desde finales de 2014 y bajo su administración el equipo llega a su cuarto Clásico de Otoño en cinco años.

Freeman, de solo 43 años, jugó béisbol hasta el primer año en la Universidad de Tulane cuando recibió un pelotazo en su mano derecha. Pero logró una licenciatura en ciencia de la administración de negocios y trabajó como analista financiero, entre ellos en el desaparecido banco de inversiones Bear Sterns, hasta 2003 cuando el dueño de los Rays, Stuart Sternberg, un inversor de Wall Street, le propuso la gerencia del club.

Freeman puede ser el discípulo más avanzado de Beane. Con unos Rays limitados por su baja asistencia, aplicó como nadie los principios de las estadísticas de última generación, llevando al equipo que juega en St. Petersburgh, una ciudad floridense de jubilados, a cuatro playoffs, incluyendo la Serie Mundial de 2008.

En 2014 aceptó una oferta sin precedentes para un ejecutivo, US$35 millones por cinco años, para irse a Los Ángeles. Se llevó con él a Fahan Zaidi (hoy GM de los Gigantes) y entre sus ex empleados en Tampa figuran Chaim Bloom (GM de los Medias Rojas), James Click (Astros) y Alex Anthopoulos (Atlanta).

El estratega que tendrá de “frente” es Erik Neander, otro alumno suyo aventajada a quien también reclutó cuando trabajaba en Tampa Bay para crear bases de datos, esas minas de informaciones de donde se puede encontrar números que ayudan a tomar decisiones importantes.

Como Freeman, a Neander una lesión en el hombro terminó con su sueño en el terreno, en el bachillerato, fue a la Universidad de Virginia Tech por solo tres semestres, pero desde que fue reclutado por los Rays en 2007, cuando completaba plantillas por juegos para Baseball Info Solutions por US$7 la hora, se convirtió en una esponja absolvedora de información que luego ha convertido en victorias en una división donde juegan Yanquis y Medias Rojas.

Los Rays son un laboratorio, no están cerrados a nada y las decisiones se toman por lo que digan los números. Allí se probó en 2018 comenzar los partidos con un relevista (opener) en lugar del abridor clásico, las estadísticas les dicen que sus abridores no deben enfrentar más de tres veces la alineación contraria y en los 60 juegos de esta campaña no hizo ningún toque.

Mientras los Yanquis reciben US$115 millones en una temporada normal por la cadena de cable que transmite sus partidos, los Rays solo consiguen US$48 MM. Los Dodgers son reyes con US$239 MM.

Mientras los Yanquis llevaban a su parque 41,827 fanáticos, los Medias Rojas 36,106 y los Dodgers 49,065 en 2019 a los Rays solo fueron 14,734.

Ante un escenario así no queda de otra que reinventarse o ser el hazmerreír de la liga como fueron hasta 2007. Desde entonces reenfocaron la inversión en oficina para identificar talento y descubrir nuevas fórmulas.

Este año en la fase regular los Rays ganaron ocho de 10 juegos a los Mulos y los derrotaron en la segunda ronda de los playoffs.

¿David contra Goliat?

Los Rays tienen la nómina 28 entre los 30 equipos. Los US$28,9 millones que pagarán en esta campaña recortada son casi cuatro veces la factura que pagaron los Dodgers (US$107,9 MM), la segunda más alta. Entre Kershaw (US$16 MM), Betts (US$10 MM) y Bellinger (US$4,2 MM) ganan más este año que todo el plantel de Tampa Bay.

Pero en realidad es una constante más común de lo que puede parecer que en Grandes Ligas lleguen rivales con carteras tan disparejas.

En las 20 finales disputadas entre 2000 y 2019 en cuatro ocasiones asistió el equipo con la nómina más alta y ganó en una, de acuerdo a la base de datos del USA Today. Fueron los Yanquis, que perdieron la 2000, 2001 y 2003 y ganaron la 2009.

Cuando los Rays llegaron a su primera serie (2008) eran la nómina 29, los Rangers fueron en 2010 con la 27, los Rockies con la 25 en 2007, los Mets con la 21 en 2015 y los Marlins salieron campeones con la plantilla 25 en 2003.

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