Los fabricantes de acero de EEUU ponen en peligro el plan industrial de Biden

SPUTNIK. La negativa de los fabricantes estadounidenses de aumentar la producción de acero hasta niveles previos a la crisis sanitaria amenaza con socavar el plan del presidente, Joe Biden, de apoyar a las industrias nacionales. Como consecuencia, son los importadores quienes salen beneficiados.
Las acerías estadounidenses que apagaron sus hornos a raíz de la caída de la demanda durante los primeros meses de la pandemia siguen operando sus plantas muy por debajo de los niveles previos a la expansión del brote. Ahora, a pesar de la recuperación económica, se niegan a aumentar la producción, incluso cuando la escasez de suministros hace subir los precios, escribe la agencia Bloomberg.
Las plantas estadounidenses están a casi el 75% de su capacidad, un nivel muy lejos del récord del 83% alcanzado en 2019 gracias a los aranceles del 25% aplicados por el expresidente Donald Trump al acero importado.
Los clientes de industrias como los automóviles y la maquinaria pesada aseguran que no pueden hacerse con todo el acero que necesitan y que se ven obligados a recurrir a proveedores extranjeros.

Un «boquete gigante» en el plan del Gobierno

Las empresas como Cleveland-Cliffs y U.S. Steel han dejado inactivos varios hornos ante la posibilidad de que los precios vuelvan a desplomarse en algún momento, ya que este desenlace podría forzar a cerrar las plantas, con las pérdidas que ello implicaría. Lourenco Goncalves, director general de Cleveland-Cliffs, comunicó a los inversores que su empresa daría prioridad a la calidad del producto por encima del volumen.
«Bajo mi dirección, Cliffs nunca ha estado, ni estará, tentada por la estupidez a generar volumen porque sí», señaló Goncalves en octubre.
Esta negativa amenaza con recrudecer la escasez en el mercado nacional y, de esta manera, hacer que los precios se disparen todavía más. De ahí que los fabricantes estén dejando «un boquete gigante» en un plan que prevé incrementar la producción nacional, declaró a la agencia estadounidense Josh Spoores, principal analista de acero en el grupo CRU. Según el experto, los fabricantes deben aportar al proceso.
«Son principalmente el acero y la energía. Y, si cualquiera de ellos está fuera de control y no es competitivo (…), veremos que la fabricación se trasladará a áreas de menor costo», señaló Spoores.
Y esto es lo que actualmente ocurre en EEUU, donde el precio medio del acero importado y ajustado a los aranceles y a los gastos de transporte es de unos 900 dólares por tonelada. La cifra es un 25% inferior a la del acero estadounidense, calculó el analista de Bloomberg Intelligence Andrew Cosgrove.
Según la agencia, quienes necesitan más cantidad de este material irían contra los planes de Trump de proteger a los productores nacionales y los de Biden de recuperar empleos si lo importasen del extranjero. No obstante, los clientes pueden no estar dispuestos a esperar a que las fábricas aumenten su capacidad, otra de las intenciones del actual presidente.

La demanda
todavía no ha vuelto a los niveles previos al COVID-19, pero es mayor de lo que el país produce a día de hoy, advirtió Dan DeMare, gerente regional de ventas de la empresa Heidtman Steel, que, a su vez, es un cliente de U.S. Steel.
«Los fabricantes de acero van a ganar mucho dinero, pero la tensión que esto supone para el mercado es una locura», concluyó.

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