MAGNICIDIOS EN R.D. (y IV) SÁNCHEZ, DUVERGÉ Y MANOLO

POR TEÓFILO LAPPOT ROBLES

DD. Francisco del Rosario Sánchez

Francisco del Rosario Sánchez forma junto con Juan Pablo Duarte Diez y Matías Ramón Mella Castillo la trilogía de los Padres de la Patria. Otros ilustres dominicanos también tienen dimensiones proceras, cuya evocación es de justicia resaltar
permanentemente.

Sánchez, nacido en la ciudad de Santo Domingo el 9 de marzo de 1817 y asesinado el 4 de julio de 1861 en San Juan de la Maguana, tuvo el mérito y la dicha histórica, para prez de su memoria, de ser uno de los fundadores de la sociedad secreta La Trinitaria, cuna de la Independencia Nacional.

Sus condiciones excepcionales de guerrero y organizador le permitieron dirigir la lucha separatista cuando Juan Pablo Duarte, luego de evadir una tenaz persecución en su contra, pudo salir del país en el 1843.

Sánchez, con palabras y con hechos, siempre reconoció la prevalencia de la figura de Juan Pablo Duarte ante los demás independentistas, a pesar de que algunos en un evidente exceso lanzaron al aire la peregrina idea de que él lo superaba en méritos.

Le correspondió ser el primero en proclamar a Duarte como Padre de la Patria. Lo hizo in absentia del patricio, que entonces estaba exiliado en Curazao. Fue en la Puerta del Conde, a las tres de la madrugada, horas después de producirse el trabucazo redentor de Mella en la Puerta de la Misericordia.

Ese tributo es un ejemplo más que ha permitido con el paso del tiempo sostener que Sánchez mantuvo invariable su visión respecto al esplendor de la figura de mayor proceridad que encarna Duarte en la historia dominicana.

El 15 de marzo siguiente, obviamente inspirado en la previa alabanza de Sánchez, el prelado Tomás de Portes e Infante, entonces Vicario General de la Arquidiócesis de Santo Domingo, al recibir a Duarte en su retorno del exilio, lo saludó jubilosamente diciéndoles a los presentes «Salve el Padre de la Patria.»

En una etapa tan convulsa como la que siguió a los acontecimientos del 27 de febrero de 1844 no todos los pasos de Sánchez fueron lineales, pues hizo algunos meandros casi obligatorios con las fuerzas conservadoras que controlaban los poderes de la naciente República.

No obstante algún zigzag, coyuntural y por táctica obligatoria, en lo fundamental Sánchez mantuvo inconmovible, hasta el momento postrero de su vida, su fe en los destinos nacionales. Eso es lo que vale como sustancia de su itinerario vital en favor de las mejores causas para el pueblo dominicano.

Francisco del Rosario Sánchez del Rosario entró al largo martirologio de los dominicanos que ofrendaron sus vidas en la etapa en que el país había perdido su soberanía luego de que un grupo de renegados encabezados por Pedro Santana decidió matar y sepultar la República Dominicana.

La posición anti anexionista de Sánchez comenzó meses antes de que se materializara el macabro acto de la Anexión. Estaba enfermo y postrado en la pequeña y hermosa Charlotte Amalie, la población principal de la isla caribeña de Saint Thomas. Con «carencia de todo recurso para sostenerse.»

Manuel Rodríguez Objío dice, en su obra Relaciones Históricas sobre la Guerra Restauradora, que cuando fue a visitar a Sánchez en su exilio de Saint Thomas este le habló «en el idioma del amigo, del padre y del patriota inspirado. Es preciso, me dijo, que cooperes a evitar esa Anexión vergonzosa que no es sino una traición infame manejada por Santana y sus esbirros.»1

Antes de cumplirse tres meses de que las tropas españolas ocuparan el país, arriando el pabellón tricolor dominicano e izando la bandera del reino de España, Francisco del Rosario Sánchez penetró al territorio nacional a luchar por la restauración de la soberanía vendida por Pedro Santana y sus secuaces.

Cuando finalizaba el mes de mayo de 1861 el patricio y mártir Sánchez entró por Hondo Valle, en la frontera con Haití. Estaba acompañado de otros patriotas que por su número formaban lo que en el argot militar se denomina una unidad con categoría de Sección.

Son de larga narración los hechos entonces ocurridos en torno a la expedición libertaria de referencia, la cual incluía los combatientes que encabezados por el General José María Cabral penetraron por la tierra fronteriza de Comendador y el General Fernando Tabera, quien debía apoderarse de Neiba. Sobre eso he hecho otros comentarios en este mismo espacio, a los cuales remito a quienes tengan interés en más detalles.

Sánchez fue gravemente herido y capturado, por un acto de traición, en un lugar llamado Los Guineos, en territorio de El Cercado.

Fue llevado a la ciudad de San Juan de la Maguana, donde se produjo su magnicidio la tarde del 4 de julio de 1861, luego de que el día anterior hicieran un juicio carente de sustento legal.

Junto a Sánchez fueron asesinados más de 20 otros patriotas que luchaban por la Restauración de la República Dominicana. Paradojas del destino, el fuego criminal que segó la vida de esos valientes salió de fusiles accionados por dominicanos anexionistas.

El responsable de esa hecatombe fue Pedro Santana, quien en la ocasión actuaba al servicio de la Reina de España, como Capitán General de la neo colonia.

Era él quien desde Azua movía los hilos de la muerte violenta de Sánchez y sus compañeros de lucha patriótica. Los Mártires de San Juan los fueron por su macabra decisión. Ni siquiera los santanistas más tercos se han atrevido a negar la decisiva participación de ese caudillo en los hechos referidos.

El 4 de julio de 1861 el vendepatria que luego sería revestido con la pompa del Marquesado de Las Carreras llevó al más alto nivel su ánimo criminal, incluso contra la voluntad de experimentados oficiales españoles que consideraron que no era prudente cometer esa masacre cuando todavía las tropas españolas ni siquiera tenían pleno dominio del escenario bélico.

Un hombre tan cruel como el General José de la Gándara Navarro confirmó que los crímenes de Sánchez, y los demás patriotas que con él murieron, fueron obra de Santana.

En su libro Anexión y Guerra de Santo Domingo el político y militar aragonés expuso sobre eso, entre otras cosas, lo siguiente: «Se les sujetó por orden de Santana a un sumarísimo e irregular procedimiento y fueron fusilados el 4 de julio, contra la opinión y las reclamaciones escritas del Brigadier Peláez que pasó quizás los límites de la subordinación…»2

Tal vez la muerte de Sánchez (que tenía 44 años de edad), y demás héroes que pagaron con su vida el amor a la Patria, fue el punto de partida para que tiempo después se produjera el Campo de Agramante en que terminó el vínculo entre Santana y las autoridades españolas de la Anexión.

El Congreso Nacional, al ponderar la pertinencia de honrar la memoria de Sánchez y los demás mártires del nefasto día en que fueron abatidos, resolutó en su sesión del 19 de junio de 1889 lo siguiente: «Único: Se declara solemnemente Día de Duelo Nacional el 4 de julio de cada año, conmemorándose esta fecha el 3 del mismo mes.» Ocho días después el Poder Ejecutivo emitió el Decreto de promulgación de esa decisión congresual.3

El 6 de julio del año 1889 el Vicepresidente de la República, Manuel María Gautier, pronunció un discurso con motivo de la proclamación del referido Día de Duelo. Explicó que estaban congregados, como muchos otros en otros lugares del país: «para rendir parias a vuestro patriotismo y mantener vivos en el corazón de los que aún os sobrevivimos y en la generación del porvenir, el ejemplo de vuestras virtudes cívicas y el reflejo de vuestras glorias. Paz, honra y gloria a vuestros manes.»4

Esa recordación de duelo nacional se mantuvo durante 54 años, hasta que el 28 de abril de 1943 una ley suprimió el referido decreto de 1889.

Antonio Duvergé Duval

El magnicidio de Antonio Duvergé Duval se produjo el 11 de abril de 1855. Fue en el cementerio de El Seibo, pueblo del oriente del país donde llevaba 6 años confinado en condiciones de total precariedad y consumiendo su genio militar en forzada pasividad.

Los registros históricos consignan que el cadáver del adalid de mil batallas en el largo tramo de consolidación de la independencia nacional fue cobardemente profanado por su principal verdugo. Santana, con músculos faciales tensos por el hecho execrable que había dirigido, le dio varias patadas.

El polifacético poeta sanjuanero Víctor Garrido plasmó en letras sentidas, para que no quedara en el olvido, esa acción del general Pedro Santana frente al cadáver del héroe y mártir cuya leyenda histórica se aproxima al nivel homérico.

En su obra poética titulada Romance de Antonio Duvergé escribió: «Cuando el héroe legendario/cayó bajo el tiro negro/el dictador sin entrañas/se apersonó al cementerio/donde a pie firme aguardaba/el pelotón carnicero./Con irónica sonrisa/ pateó al rival, en silencio/y se alejó del recinto/en su caballo bermejo.»5

Junto a Duvergé también fueron fusilados el fatídico día 11 de abril de 1855 (en el pueblo natal de Manuela Diez) su hijo veinteañero Alcides, así como el luchador independentista Tomás de la Concha, novio de la heroína Rosa Protomártir Duarte Diez, hermana de nuestro principal patricio, a quien ella inspiró para que escribiera sobre la cruel muerte de su prometido; brotándole de su congoja a Juan Pablo Duarte esta estrofa «de alta poesía»:

«Pensé cantar mi desventura impía/y airado, el numen se negó a mi intento; /pensé cantar y en la garganta mía/opreso el canto se trocó en lamento.»6

La realidad incontestable es que la vida de Antonio Duvergé Duval está enmarcada con el brillo de la proceridad, por el rol principal que tuvo en muchas de las batallas que libró el pueblo dominicano en armas contra los invasores haitianos que pretendían ocupar de nuevo el país después que fueron expulsados a partir del 27 de febrero de 1844.

Sobre uno de los resonantes triunfos de Antonio Duvergé Duval, ocurrido el 17 de abril de 1849 en un altozano azuano, escribió el historiador Ramón Marrero Aristy lo siguiente: «El Número fue el primer revés que rompió el sortilegio de los avances y las victorias fáciles de los haitianos, habituados ya a empujar a un ejército defensor que, pareciendo fuerte en su estructura, se disolvía inexplicablemente cada vez que se le sometía a la prueba de un ataque.»7

«En la frontera, como avanzada ventajosa estaba una gigantesca personalidad de acrisolado patriotismo y entereza personal legendaria: el general Antonio Duvergé.» Así figura descrito en Historia de la Cultura Dominicana, un monumental esfuerzo de investigación de Mariano Lebrón Saviñón.8

El paso del tiempo y el análisis de sus hechos han demostrado que sin ningún resquicio de duda Antonio Duvergé Duval era portador de un criterio militar que Santana envidiaba y era una de las causas eficientes de su fijación criminosa en su contra.

Una prueba de lo anterior es un relato que está en el libro Duarte y otros temas. El comentario se le atribuye a la independentista Dolores Soto, quien ya en los estertores de su muerte dijo que en una reunión efectuada en la villa de Baní Pedro Santana (al parecer buscando alguna equiparación tangencial con Duvergé) le espetó lo siguiente: «Usted es más valiente que yo, pero yo soy más militar que usted.»9

Antonio Duvergé Duval no solamente era más valiente que Santana, sino también más ducho en el manejo de las armas, y con mayores y mejores atributos militares que su verdugo. Los hechos así lo demuestran. Sus conocimientos de táctica y estrategia militar superaban al que luego vendió la soberanía nacional en la abominable Anexión a España.

Pero como si lo anterior fuera poco hay que resaltar el compromiso indisoluble que Antonio Duvergé Duval tenía con el futuro de la Patria, muy diferente a la actitud disoluta de Santana. No es una apreciación de quien escribe, sino demostraciones del pasado que constan en las páginas amarillas de la historia dominicana.

Francisco Soñé, el combatiente francés que integró las filas del ejército de Napoleón en la batalla de Marengo, avecindado en Azua y participante en enfrentamientos armados en favor de los dominicanos, escribió en sus memorias lo siguiente:

«…cuando Duvergé libraba la batalla de El Número, Santana y sus amigos estaban en fiesta en Sabana Buey con lindas aldeanas de los contornos en un movido baile que duró toda la noche…»10

Sobre la vibrante personalidad de Antonio Duvergé Duval escribí hace 3 años algo que creo es importante reiterar ahora, por corresponderse a la verdad: «La hoja de ruta de su vida permite decir de él que poseía en demasía los atributos de un centurión…Al analizar los combates en los que él participó de manera decisiva se comprueba que su genio militar iba a la par con su siempre reconocida bravura. En valles y mogotes, entre monterías y matorrales Duvergé acumulaba en cascada triunfos tácticos que concluían en victorias estratégicas.»11

El primer encausamiento judicial contra Duvergé lo ordenó Santana en el 1849.Era una acusación monstruosa. Por el ambiente enrarecido que existía para aquella época no es descartable que el fiscal fuera presionado por el espadón presidencial de la fecha para que concluyera pidiendo la condena del héroe; pero ante el apabullante impacto de la verdad de los hechos concernidos al caso lo que ocurrió fue que el acusador, en una actitud gallarda, terminó solicitando el descargo del acusado, como en efecto ocurrió.12

 

El abogado de Duvergé en esa ocasión fue el prócer Félix María del Monte, gran defensor y dramaturgo que ponía el acento histórico en sus obras teatrales de carácter dramático. En esa farsa de juicio lo llamó «el Catón del Sur», en obvia referencia a Marco Porcio Catón, el Joven, el legendario romano de Útica.

Esa vez se impuso el descargo, pero como el juicio era una pura pantomima Santana decidió confinar a Duvergé en El Seybo hasta que 6 años después le armó otra acusación ante un tribunal formado por caricaturas de endriagos que formaban parte de su corte de matones y entreguistas.

En la ocasión se produjo su condena a muerte. En un régimen de fuerza encabezado por un hombre de mentalidad montaraz como Santana los argumentos y epifonemas jurídicos no tenían ningún valor.

Esos crímenes, que quisieron justificarse con una decisión judicial ordenada de antemano por el déspota nacido en el poblado de Hincha y dueño de grandes hatos en el Seibo, permiten recordar que más de cien años después James Baldwin, un escritor estadounidense de reconocida fama, escribió algo que se ajusta perfectamente a lo vivido el 11 de abril de 1855 en la comarca oriental de la Cruz de Asomante y de calles onduladas: «La ignorancia, aliada con el poder, es el mayor enemigo de la justicia.»

Manolo Tavárez Justo

 

Manuel Aurelio Tavárez Justo nació en Montecristi el viernes 2 de enero de 1931, cuando ya la República Dominicana estaba bajo las garras de un régimen de fuerza bajo el cual él tuvo que vivir sus primeros 30 años.

Las comodidades materiales que podía proveerle su familia no lo convirtieron en un ser indiferente a la situación económica y política de su pueblo natal y de su país. Al contrario, desde la adolescencia fue tomando conciencia de la dura realidad en que vivían los dominicanos. Fue forjando en su interior el compromiso de luchar, como lo hizo luego, por la libertad.

La unión matrimonial y la coincidencia de ideales revolucionarios que tuvo con Minerva Mirabal fueron la más sólida fragua para moldear su lucha en favor del oprimido pueblo dominicano.

La extraordinaria, inteligente y valiente Minerva se convirtió en una potente inyección para vigorizar sus ideales redentores. El asesinato de ella, sus hermanas Patria y María Teresa, y su chofer Rufino de la Cruz, ocurrido el 25 de noviembre de 1960, fue para él un acicate para no desmayar jamás en sus propósitos patrióticos.

Manuel Aurelio Tavárez Justo fue en su época el más prominente líder político de una parte considerable de la juventud criolla. Su magnética personalidad simbolizaba, en los primeros años de la sexta década del siglo pasado, los más puros ideales de bien común para el pueblo dominicano; después de más de 30 años de opresión y tiranía.

El 10 de enero de 1960, con la dictadura de Trujillo todavía en pie, se fundó en un lugar rural llamado Guayacanes, dentro del municipio de Mao, provincia Valverde, el Movimiento Revolucionario 14 de Junio. Manolo fue escogido como presidente de la directiva de esa audaz entidad de origen patriótico, cuyo principal objetivo era enfrentar con las armas al nauseabundo régimen que llevaba 30 largos años cometiendo tropelías en todo el país.

El jurista Rafael Valera Benítez, en la obra Complot Develado, recoge más ampliamente el resultado de aquella asamblea embrionaria: «El Comité Central quedó mientras tanto integrado por el doctor Manuel Aurelio Tavárez Justo, en calidad de Presidente; Rafael Faxas Canto, como Secretario; ingeniero Leandro Guzmán, Tesorero; y los demás asistentes fueron nombrados vocales.»13

Dos días después de aquella intrépida reunión de gran envergadura política, por las circunstancias imperantes en el país, Manolo fue apresado y sometido a crueles torturas en varias cárceles. Esos vejámenes contra su persona no disminuyeron su decisión de no cejar hasta ver caer la tiranía. Su figura se elevaba cada día más entre sus seguidores presos, perseguidos o clandestinos. No saldría de la prisión sino poco después de la histórica noche del 30 de mayo de 1960, cuando Trujillo fue abatido por plomo heroico.

El 30 de julio de 1961 Manolo fue confirmado como líder de la organización (entonces renombrada como Agrupación Política 14 de Junio) cuyo nombre era en memoria a los héroes y mártires que llegaron al país el 14 de junio de 1959 y días siguientes para combatir sobre el terreno al nefasto régimen que había comenzado en el lejano 1930.

Si alguien albergaba alguna duda sobre la determinación de Manolo de luchar por crear una sociedad donde prevaleciera la libertad y la justicia ella quedó despejada cuando en un vibrante discurso, que pronunció en el Parque Independencia, en la capital dominicana, el 14 de junio de 1962, dijo entre otras cosas, lo siguiente:

«El 14 de Junio sabe muy bien donde están las escarpadas montañas de Quisqueya, y a ellas iremos, siguiendo el ejemplo y para realizar la obra de los héroes de junio del 59, y en ellas mantendremos encendida la antorcha de la libertad, de la justicia, el espíritu de la revolución, porque no nos quedará entonces otra alternativa que la de libertad o Muerte.»14

Es importante señalar que el movimiento que Manolo dirigía no tenía simpatías iniciales con Bosch, pero él comprendió rápidamente la pertinencia de apoyar las iniciativas de carácter social emprendidas por el breve gobierno que aquél encabezó.

En el segundo tomo de Personajes Dominicanos Roberto Cassá pone este ejemplo que refuerza lo que señalo en el párrafo anterior: «En una conferencia pronunciada en Padres Las Casas, a escasos días de Bosch llegar a la presidencia, Tavárez Justo hizo el sorpresivo anuncio de que el 14 de Junio apoyaría las medidas del nuevo gobierno tendentes a favorecer los intereses populares.»15

Dentro de la agrupación política que Manolo Tavárez lidereaba había divergencias con relación a iniciar una guerra de guerrilla contra los golpistas que usurpaban el poder luego de derrocar al gobierno constitucional de Juan Bosch. Unos consideraban que no existían condiciones para ello y otros, como el mismo Manolo, sostenían lo contrario. Así comenzó el descenso prematuro hacia la tumba el más brillante dirigente político de su generación.

Tavárez Justo dirigió varios frentes guerrilleros que buscaban restablecer la constitucionalidad cercenada por las fuerzas que el 25 de septiembre de 1963 destruyeron los anhelos democráticos del pueblo dominicano.

Muchos de los guerrilleros alzados bajo la dirección directa de Manolo cayeron en la ingenuidad de creerle al Triunvirato que desgobernaba el país su promesa de que iba a respetar la vida de los combatientes que se rindieran.

Al izar bandera blanca, por una miríada de factores adversos, sin percatarse de que siniestros personajes criollos y extranjeros eran los que en realidad dirigían las acciones en su contra, entregaron sus valiosas vidas para festín de asesinos desalmados, que los masacraron ya estando ellos inermes.

El magnicidio de Manolo Tavárez Justo se produjo el 21 de diciembre de 1963, en el lugar denominado Alto de la Diferencia, cerca del poblado de Las Manaclas, en la jurisdicción de San José de Las Matas.

El eminente historiador y ex guerrillero Emilio Cordero Michel, preso en la Solitaria No.9 del Palacio de la Policía Nacional, le dirigió desde allí el 27 de diciembre de 1963 una carta al director del periódico Listín Diario, Rafael Herrera (quien no la publicó) en la cual desmintió la infundada noticia propalada por el gobierno de facto en el sentido de que Manolo Tavárez Justo y varios de sus compañeros de lucha murieron en combates con las fuerzas militares desplazadas en esa zona montañosa del país, con motivo del alzamiento guerrillero de la organización política 14 de Junio.

Así de contundente fue Cordero Michel: «Manolo Tavárez y 14 compañeros fueron asesinados por las tropas de la Aviación. Desde una solitaria de la cárcel del Palacio de la Policía acuso al Gobierno y a los militares de San Isidro de la muerte de esos compañeros.»16

 

En su obra Vivas en su jardín, Dedé Mirabal, quien fuera su cuñada y única de las cuatro hermanas Mirabal Reyes que sobrevivió a la tiranía trujillista, dice de Manolo Tavárez Justo lo siguiente: «Manolo fue un líder de gran carisma que aglutinó a todo el pueblo dominicano. Irse a la montaña fue cumplir un compromiso con su pueblo, y yo diría que con sus compañeros. Tomó la decisión consciente de que le costaría la vida.»

Al describir el cadáver de Manolo doña Dedé expresa que: «En la cabeza, cerca de la frente, tenía la quemazón de una bala. Estaba sin camisa; conservaba el pantalón, pero roto. Era un coladero de balas. Tenía heridas de bayoneta por varias partes. Lo mataron con saña.17

La amplitud de miras que caracterizaba al doctor Manuel Aurelio Tavárez Justo, de cara a la libertad y el bienestar del pueblo dominicano, quedó demostrada tanto en sus discursos y diálogos como en sus actuaciones durante el trujillato y también ante los golpistas que el 25 de septiembre de 1963 cercenaron nuestra incipiente democracia.

La siguiente expresión suya lo pinta como lo que era, un patriota de pies a cabeza: «Esta lucha no la hace un hombre ni un grupo de hombres. Es la lucha del pueblo y todo el pueblo, en diversos grados, debe participar en ella para que el triunfo sea el fruto del esfuerzo común.»18

Bibliografía:

1-Relaciones históricas sobre la guerra restauradora. Editora Montalvo, 1951. Manuel Rodríguez Objío.

2-Anexión y guerra de Santo Domingo.Tomo I, libro tercero, capítulo I.Pp 204-207. José de la Gándara Navarro.

3-Decreto del 27 de junio de 1889.M.M. Gautier, Vicepresidente de la República en ejercicio de la Presidencia.

4-Discurso.6 de julio de 1889. Manuel María Gautier. Vaciado en Acerca de Francisco del Rosario Sánchez.Editora Taller,1976.P216.Editor Emilio Rodríguez Demorizi.

5- Romance de Antonio Duvergé. Poesías completas, Argentina,1954. Víctor Garrido.

6-Primera estrofa de un poema de Duarte.Vaciada en Historia de la Cultura Dominicana. Editora Amigo del Hogar,2016.P200. Mariano Lebrón Saviñón.

7- La República Dominicana. Origen y destino del pueblo cristiano más antiguo de América.Editora del Caribe,1957.Ramón Marrero Aristy.

8-Historia de la Cultura Dominicana. Impresora Amigo del Hogar, 2016.P 216. Mariano Lebrón Saviñón.

9-Duarte y otros temas. Editora del Caribe, 1971.P340. Alcides García Lluberes.

10-Memorias de un capitán de artillería de los ejércitos napoleónicos. P91.Francisco Soñé (Francois Sogne.)

11- El Suroeste Dominicano, su franja más al Sur. Impresora Amigo del Hogar, 2017.P197.Teófilo Lappot Robles.

12- Sánchez, defensor público. Revista Clío No.71, julio-diciembre.Pp 94-103.Año 1945. Emilio Rodríguez Demorizi.

13-Complot develado. Segunda edición. Impresora Mediabyte,2005. P206. Rafael Valera Benítez.

14-Discurso.14 de junio de 1962.Discursos Políticos (1961-1963). Editorial Santo Domingo, 2006.Manolo Tavárez Justo.

15-Personajes dominicanos.Tomo II.Editora Alfa y Omega,2013. P428. Roberto Cassá.

16- Carta al director del Listín Diario, Rafael Herrera. 27 de diciembre de 1963. Emilio Cordero Michel.

17-Vivas en su jardín. Editora Corripio, 2009.Pp216 y 217. Dedé Mirabal.

18-Fragmento de discurso de Manuel Aurelio Tavárez Justo.Obras escogidas.Ensayos I.Editora Corripio,2015.P42. Emilio Cordero Michel.

-Fusilamiento de Sánchez.LD.27 de julio de 1926. Cayetano Armando Rodríguez.

-La guerrilla del decoro. Editora Taller, 1994. Rafael Chaljub Mejía.

-Movimiento 14 de junio. Historia y documentos. Editora Búho, 2007.Recopilador Tony Raful.

-Diccionario biográfico-histórico dominicano. Editora UASD,1971.Rufino Martínez.

-El centinela de la frontera.Impresora Centeno.Segunda edición,1974. Joaquín Balaguer.

Sánchez. Editora Montalvo,1947.II volúmenes. Ramón Lugo Lovatón.

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