Marcha Mundial por el Clima en Belém

Más de 70.000 personas ocuparon las calles de Belém (Brasil) este sábado en la Marcha Mundial por el Clima, el evento central de la Cumbre de los Pueblos, una iniciativa autónoma organizada por más de 1.100 movimientos sociales que se contrapone a las negociaciones cerradas de la COP30.

Bajo el lema “Nosotros somos la respuesta”, pueblos indígenas, campesinos, afrodescendientes, trabajadores y jóvenes recorrieron 4,5 kilómetros hasta la Aldea Cabana, espacio simbólico de resistencia en la Amazonía, en homenaje a la Revuelta de Cabanagem y al día de la Proclamación de la República.

La manifestación fue un grito colectivo contra el sistema productivo capitalista que destruye árboles, ríos y ecosistemas. Pancartas con consignas como “La agroindustria es fuego”, “No hay justicia climática sin una reforma agraria popular” y “El colapso ambiental es capitalista” resonaron entre tambores, cantos tradicionales y danzas ancestrales.

“Trabajadores de todo el mundo marchamos aquí para afirmar que la verdadera república en la que creemos es aquella que garantiza los derechos de los trabajadores, que cuida la naturaleza pensando en las generaciones futuras y que sabe defender la soberanía de nuestro país”, dijo Ayala Ferreira, del Movimiento de los Trabajadores Sin Tierra (MST) y comisión política de la Cumbre de los Pueblos.

La voz indígena fue central. Dyneva Kayabi, de la Coordinación de Organizaciones Indígenas de la Amazonía Brasileña (Coiab), exigió: “Sin delimitación, no hay vida, ni educación, ni salud. La respuesta está en nuestras manos, porque sin nosotros no tenemos aire limpio, ni bosques en pie, ni ríos vivos, y no tenemos a la Madre Tierra plenamente preservada”.

El líder waoorani Timoteo Huamoni, de Ecuador, recordó: “Nuestros ancestros han derramado su sangre. Entonces nosotros tenemos que derramar nuestras voces en todo el mundo”.

 

 

El pueblo Munduruku, que bloqueó la entrada principal de la COP30 el pasado viernes, volvió a gritar “presente”. Estefani Mañhuary denunció: “La presencia de indígenas en la COP30 es muy débil. No los dejaban entrar, por eso tuvimos que hacernos oír con protestas”. Mientras, no pocos medios se lanzaron a desacreditar a quienes con su resistencia y trabajo sostienen los bosques de la Amazonía.

Benedito Huni Kuin, de 50 años, desde el oeste de Brasil, afirmó con dolor: “Hoy estamos presenciando una masacre, ya que nuestro bosque está siendo destruido. Queremos que se escuchen nuestras voces desde la Amazonía y exigir resultados. Necesitamos más representantes indígenas en la COP para defender nuestros derechos”.

La movilización también exigió un nuevo modelo minero bajo soberanía popular. Elane Barros, del Movimiento de Personas Afectadas por la Minería, declaró: “Todos los pueblos del mundo se han reunido aquí para anunciar que la justicia climática solo será posible si incluye y sitúa a las personas como protagonistas.Necesitamos soberanía en la minería, la alimentación y todas las decisiones relacionadas”.

 

Más de 70.000 personas tomaron las calles de Belém en la Marcha Mundial por el Clima
Más de 70.000 personas tomaron las calles de Belém en la Marcha Mundial por el Clima, iniciativa autónoma organizada por más de 1.100 movimientos sociales que se contrapone a las negociaciones cerradas de la COP30. Foto: EFE.

 

Bajas expectativas de cambio predominan entre los movimientos indígenas

Los participantes en la movilización aseguran que las expectativas de cambio real en la COP30 son mínimas. Mientras los líderes mundiales negocian tras puertas cerradas, el desencanto se instala entre los actores de la sociedad civil, especialmente los pueblos originarios.

“Había una expectativa a nivel de narrativa de que esta COP tenía que ser maravillosa y, spoiler, va muy mal. Mi sensación general es que se ha vendido esta COP como si fuese a cubrir y solventar un montón de cosas, y la acción real que va a tener de texto es muy poca”, dijo Javier Andaluz, coordinador de Clima y Energía de Ecologistas en Acción.

La falta de compromiso de Europa y Estados Unidos con los planes de reducción de emisiones y financiamiento climático es uno de los grandes obstáculos. “La Unión Europea parece no estar dispuesta a abrir ese debate. Considera que lo cerró el año pasado en Bakú”, denunció Andaluz. “Desde el origen de las negociaciones en 1992, los países del Norte Global ya comprometieron esa financiación necesaria. Las últimas decisiones de la UE van en contra de cumplir con esa responsabilidad histórica. No solo demuestran incapacidad para proveer fondos, sino también para comprometer reducciones reales de gases de efecto invernadero”.

 

brasil2
Miles de jóvenes participaron en esta poderosa marcha que tomó las calles de Belém para condenar a los gobiernos que más emisiones de gases de efecto invernadero producen, pero cuyos políticos corruptos y conservadores no hacen nada para promover una verdadera reparación climática que salve al planeta. Foto: @LemusteleSUR.

 

Por su parte, la activista ugandesa Hilda Nakabuye, fundadora de Fridays for Future en su país, fue una de las pocas que mantuvo una nota de esperanza: “Esperemos que Belém esté a la altura, que entregue demandas claras para los pueblos indígenas, para las comunidades afectadas por el cambio climático”. Aunque reconoció que “lo tomo como un signo esperanzador” que la COP haya aceptado el poder de las calles, su tono dejó entrever el escepticismo: “Hemos visto demasiadas promesas incumplidas”.

La Marcha Mundial por el Clima no fue un espectáculo, sino una afirmación: la justicia climática no se negocia en salones, se construye desde los territorios, con los pueblos, contra el capitalismo extractivista. Y mientras el planeta se encamina hacia un calentamiento de 2,3 a 2,5 °C para 2100, las voces de Belém gritan: sin soberanía, sin tierra, sin vida, no hay justicia climática.
TELESUR

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.