¿Por qué Colombia pide la renuncia de su presidente?

Por Juan Carlos Espinal. Los militares que enfrentaron la huelga general pos semana santa de 1984 tenían una mayor capacidad para engendrar el orden en la sociedad pos Balaguer. En el país de la pos guerra 1962-1978 hubo golpes militares apoyados por partidos como Union Civica envueltos en la efectividad politica de la intervención norteamericana.

Las crisis sociales y políticas suelen suceder a sucesivas crisis económicas. Un prolongado período de desestabilización social y política generado por constantes vacíos electorales generalmente deja como resultado alguna potencial huelga general.

La legitimidad popular del gobierno del presidente Luis Abinader depende del control del poder Legislativo, de una combinación de fuerzas sociales de la sociedad y la influencia que el Ejecutivo ejerce sobre los demás poderes públicos.

Para que una sociedad eluda la Reforma económica hace falta la fusión de los intereses en conflicto y la creación de un polo opositor que no existe. La división política de la oposición le otorga razón al oficialismo peremeista.

La inestabilidad política exige una coalición entre las fuerzas sociales de oposición. El aspecto social distintivo de la crisis sanitaria ha sido el divorcio de amplios sectores de oposición y oficialismo con los intereses nacionales.

La condición social de la oposicion para establecer la estabilidad política pasa por la construcción de un nuevo consenso. La capacidad de la sociedad para desarrollar movimientos sociales estables dependerá ante todo de su posibilidad de identificar su vínculo con las masas del campesinado y de movilizar a los trabajadores hacia la política.

A diferencia de ser un líder carismático, el presidente Abinader es un hombre de empresas. Posee determinada influencia social y no se encuentra ante un dilema insoluble en el trajín de las diferencias políticas. En COVID-19, su principal obstáculo no solo proviene de las condiciones políticas objetivas locales sino de las actitudes subjetivas globales que no puede manejar.

El problema del PRM es su natural oposición a la política. Las reformas sociales, políticas y económicas fondo monetaristas, con raras excepciones, eluden cumplir un papel de protección social. Condenan en especial a los trabajadores. Castigan a las clases medias y hacen desaparecer los partidos políticos.

El oficialismo peremeista tiende a ver a los partidos políticos como agentes de desunión antes que como mecanismos para la construcción de consenso. Su objetivo es una comunidad empresarial sin política que signifique el consenso obtenido por medio de órdenes.

Dicho modelo de gobierno oligarca no tiene en cuenta la necesidad de medir las consecuencias de los potenciales conflictos y reconciliar los intereses encontrados. Estas deficiencias llevan a los partidos políticos a modificar su hostilidad hacia los movimientos sociales y seguir un camino distinto al evaluar las desiciones unilaterales del gobierno.

Aunque el centro del poder político continuaba siendo el poder Ejecutivo resulta evidente que es probable que la estructura formal del gobierno del PRM se haya deslegitimizado frente al mecanismo de organización de la participación popular.

Los más serios esfuerzos para crear un gobierno de estabilidad democrática que llenase el vacío político existente gira en torno a las preocupaciones del sistema por crear un consenso de clase.

En las nuevas revoluciones sociales la causa simbólica de la caída de los gobiernos neoliberales puede tener respuesta en la insatisfacción. Los procesos revolucionarios y la movilización de nuevos actores sociales en política señalan el comienzo del proceso de transformación en la medida en que la competición entre las nuevas elites y las desplazadas lleva a las masas a convocar las ansias del pueblo.

En América Latina y el Caribe el viejo régimen capitalista ha perdido legitimidad y poder y por lo tanto se derrumba para dejar un vacío de autoridad. Chile, Colombia, Peru, Cuba, México, las islas del Caribe de Barlovento, Haiti, Nicaragua, Brasil, Venezuela explican la realidad existente.

Por razones tácticas e ideológicas la meta del FMI es ensanchar las desigualdades, dispersar la oposición política y atraer un nuevo consenso de clase para evitar la movilización. Con las quiebras de las instituciones públicas, con la inseguridad jurídica hecha trizas y con la crisis sanitaria sin solución cada dia más los desempleados están siendo empujados a la participación política.

El presidente de Colombia Ivan Duque lo entendió.

Observatorio REDSOCIALCODI.

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