Sombrías perspectivas para formar gobierno en El Líbano

Prensa Latina. Sombrías perspectivas caracterizan el proceso de formación de un gobierno en El Líbano, al aflorar contradicciones tradicionales entre grupos políticos clave.
Los intentos de avanzar antes de una anunciada segunda visita del presidente francés, Emmanuel Macron, fracasaron con la negativa de varias formaciones a un regreso al cargo de primer ministro de Saad Hariri.

El presidente del Parlamento, Nabih Berri, intentaba reunir apoyo para el retorno de Hariri, quien renunció al puesto en octubre último, pero no encontró anuencia en los partidos cristianos Corriente Patriótica Libre y Fuerzas Libanesas.

Y, además, el druso Partido Socialista Progresista encabezado por Walid Joumblatt, tampoco mostró intención de respaldar esa candidatura, pese a que en apariencias era un aliado del ex premier.

El exministro Wael Abu Faour, de la agrupación de Joumblatt, declaró al canal panárabe Al Mayadeen: ‘Nuestra posición es definitiva. No nominaremos a Hariri para el cargo de primer ministro’.

Hay otras diferencias para formar un Gobierno que enfrente de inmediato las secuelas de las explosiones del puerto beirutí con un saldo de 180 muertos, siete mil heridos, 300 mil personas desplazadas y pérdidas de unos 15 mil millones de dólares.

Por un lado, líderes políticos y religiosos cristianos y sunitas demandan un gobierno neutral de especialistas y elecciones parlamentarias anticipadas, que rechazan Movimiento Amal, Hizbulah (Partido de Dios) y Corriente Patriótica Libre.

Estos últimos abogan por un Gabinete de unidad nacional que incluya a representantes de todos los partidos para promulgar reformas estructurales y aborde la peor crisis económica y financiera libanesa en décadas.

En medio de esas posiciones encontradas, es poco probable que el presidente de la República, Michel Aoun, inicie consultas parlamentarias con vistas a encontrar un sustituto del primer ministro Hassan Diab, quien abdicó del cargo el 10 de agosto bajo la creciente indignación pública por la tragedia ocurrida una semana antes en la terminal portuaria.

Aoun intentó encontrar consenso entre bloques parlamentarios para agilizar el proceso de designación del jefe de Gobierno que se ajusta a lo estipulado en la Constitución.

El primer escollo lo tuvo Berri en su reunión con el jefe de Corriente Patriótica Libre, el excanciller Gebran Bassil, quien alegó que hay candidatos alternativos a Hariri.

Según el titular de los diputados, el ex primer ministro era una opción viable, porque sus relaciones árabes e internacionales en un momento en que El Líbano las necesita para recuperarse de un inminente colapso económico y financiero.

En la percepción se toma en cuenta que Aoun y su yerno Bassil se oponen a ese regreso, en respuesta a una campaña de Hariri contra el mandato del presidente, al cual culpó del actual deterioro del país.

Sin embargo, es notorio que la deuda externa libanesa de unos 95 mil millones de dólares y la situación de debacle actual derivó de 30 años de mala gobernanza, corrupción y otros flagelos no achacables al vigente jefe de Estado ni a ningún otro dirigente de ahora.

De otro lado, Hariri también impuso condiciones, al decir que no aceptará políticos o representantes de partidos y prefiere un gabinete neutral integrado por especialistas o tecnócratas.

Ese conflictivo panorama encontrará Macron, quien prometió volver a Beirut el 1 de septiembre para dar seguimiento a presuntos esfuerzos por ayudar a resolver la crisis en curso, en todo caso entendidos como injerencia en El Líbano de la antigua metrópoli francesa, según la percepción popular.

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