Que el miedo nos tenga miedo. Estado actual de la guerra cognitiva para el 15/08/25 (2 de 2)

Por Prof. José Garcés

Los post en Instagram y en X se va arrimando como gozosos, esas cuentas fantasmas de X, que de tan cobardes que son nunca muestran un nombre sino que se esconden en el anonimato, rezuman odio y una enfermiza alegría cuando anuncian lo de los buques militares gringos surcando aguas del caribe. En atención a lo que habíamos señalado en el artículo anterior, pareciera que invocar el miedo es el paso previo a invocar al mismísimos Satanás. Como hemos visto, la estrategia es sembrar miedo, y ya sabemos que el miedo tiene la función de provocar “Parálisis”. Es decir, dejamos de hacer lo que estamos haciendo, es decir, “paralizamos” la práctica revolucionaria y el trabajo con la comunidad, por ocuparnos de los dimes y diretes que son los especialistas en infundir el miedo. En este texto nos vamos a dirigir al análisis del miedo y ofrecer algunas recomendaciones para su manejo.

Manejo del miedo.

Se cuenta que en el Japón medieval había una princesa que tenía que luchar contra el Miedo en un combate de artes marciales. Ya estaban los dos preparados en el tatami y se miraban el uno al otro. Ella era pequeña y débil, y el miedo era gigantesco y poderoso. La princesa no sabía cómo enfrentar a tan recio enemigo, pero, en un arranque de ingenio, inesperadamente le dijo al miedo:

“Sr. Miedo, Yo tengo que vencerlo a Ud.
¿Ud. me diría cómo hacer para vencerlo?”

El miedo sorprendido, pero confiado en su inmenso poder, le confesó el secreto para ser vencido, le dijo:

“Soy muy rápido y me pongo en tu oreja, y te ordeno que hagas cosas”.
*Solo no hagas lo que yo te ordeno*”

Esta es una exquisita historia que nos muestra cómo vencer al miedo: solo no hacer no que el miedo nos ordena. En ese momento tenemos alternativas, y podemos evaluar opciones y oportunidades, pero si caemos en la trampa de lo que el miedo nos ordena hacer, vamos a ir por un solo camino, y seguramente, ese camino conduce a la victoria del miedo.

Miedo y ansiedad.

Es necesario saber que el Miedo es una preocupación PRESENTE ante un peligro REAL. La Ansiedad por el contrario, es una preocupación FUTURA ante un peligro EVENTUAL.
Por ejemplo: Si yo estoy escribiendo esto en mi computadora y veo que por el monitor se asoma una serpiente venenosa, salgo corriendo. Tengo una preocupación PRESENTE y el peligro es REAL.
A un sabio monje budista Zen, el Maestro Roshi, le preguntaron: Maestro, ¿Cómo aborda Ud. el miedo? Y el monje contestó: “Yo con el Miedo concuerdo”.
Es decir, si tengo una serpiente en mi mesa donde estoy escribiendo, ¿Para qué voy a pelear con una serpiente? Yo con el Miedo concuerdo.

Por otra parte, la Ansiedad es la mente agitada (la “Loca de la casa” como llamaba Santa Teresita de Jesús a la mente desbocada) y ella es la que toma preponderancia en momentos de crisis. Pero debemos darnos cuenta de que siempre el peligro en la Ansiedad es FUTURO Y EVENTUAL, note que TODAS las construcciones gramaticales (oraciones) que denotan Ansiedad comienzan con las partículas ¿Y sí…?
Cuando caemos en las redes de la ansiedad comenzamos con el diálogo interno torturante: ¿Y sí pasa esto? ¿Y sí pasa lo otro? Entonces lo que debemos hacer es tranquilizar a la “loca de la casa” (La meditación puede servirnos para tranquilizar la mente). Es decir, no engancharse con los pensamientos ansiógenos que son los preferidos de la loca de la casa.
Un experimento puede ilustrarnos. No hay nada mejor para enseñarnos cómo es la mente de la ansiedad que la mente de una madre cuando su hijo adolescente sale un viernes en la noche a una fiesta. Hay que ver la cantidad de pensamientos que le llegan a la cabeza, y ¡Hasta que no llegue el muchacho la madre no duerme! Entonces uno le pide a esa mamá:
Señora, por favor anote TODO lo que le pase por la cabeza. Cuando llegue el muchacho en la madrugada, Ud. se va a parar y va a abrir la puerta de su cuarto y lo va a ver durmiendo, y va a contrastar TODO lo que escribió con la realidad. Por ejemplo, va a leer lo que escribió:
1. Que lo tengo que ir a buscar en la emergencia del hospital. Entonces deje de leer y vea a su hijo durmiendo. Contraste su pensamiento con la realidad.
2. Que para qué le compre ese celular. Entonces deje de leer y mire a su hijo durmiendo tranquilo con su celular. Contraste su pensamiento con la realidad.
3. Que lo tengo que ir a reconocer a la morgue. Entonces deje de leer y vea a su hijo durmiendo. Contraste su pensamiento con la realidad.

En ese momento Ud. Se va a asombrar de la cantidad de cosas que la mente le pone a pensar y Ud. misma se va a decir: !Coño! ¿Yo soy capaz de pensar todo eso?
Ese es el momento para tranquilizar a la Loca de la casa.

Entonces tenemos dos estrategias para mantener la ecuanimidad y la tranquilidad:
Para el miedo: Yo con el miedo concuerdo.
Para la Ansiedad: Tranquilizar a la loca de la casa.

Si hacemos una lista de las preocupaciones que tenemos, nos vamos a dar cuenta que la gran mayoría son ansiedad y solo un pequeño porcentaje realmente es miedo. Por eso Mark Twain repetía: “MI vida ha estado llena de grandes tragedias, la mayoría de ellas nunca sucedieron”
Yo les sugiero que hagan ese ejercicio: hagan una lista de qué cosas les causa miedo (verdaderamente miedo) y qué cosas le causan ansiedad. Y entonces aborden cada uno como se deben abordar.
Al eliminar la fantasía catastrófica y cortarle las alas a la Loca de la casa, y le ordenamos: “Mira loca de la casa, ¡Quédate quieta!”, nos conectamos un poco más con la vida (con la vida real) porque no alimentamos ese veneno del alma que nos causa desazón y angustia. Así, nos conectamos con la vida y nos alejamos del juego que pretende la guerra cognitiva.
Recuérdese que ellos, los que hacen la Guerra cognitiva, son el “Ministerio del miedo” y si seguimos con la metáfora del diablo que asusta, recordemos que el “maligno ejecutará *prodigios de engaños*. Cuando sabemos que el miedo se parece más a una ilusión que una realidad, dejamos de temerle al miedo.
Ni sayonas, ni alaridos, ni espantos ni aparecidos; los fantasmas se fueron de Caracas cuando llegó la electricidad.

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