CMD: giro necesario para un tiempo de crisis
Por Roberto Lafontaine
Felicitaciones al doctor Peña Núñez, nuevo presidente del Colegio Médico Dominicano para el período 2025–2027. Su triunfo, más que un acontecimiento aislado, simboliza un capítulo más en una larga tradición gremial donde la continuidad es el verdadero valor político.
Peña Núñez ganó sin romper la línea estratégica de su mentor, el doctor Waldo Ariel Suero: mantener vivo el músculo reivindicativo mientras se evita interpelar el marco legal que le otorgó al CMD un estatus institucional que, durante más de 20 años, ha sido más invocado que ejercido. En esa coherencia que es también su mayor límitedescansa la solidez de su victoria.
Durante el mes de octubre, la prensa registró varias reuniones entre la dirigencia del CMD y el Poder Ejecutivo, un proceso de acercamientos que precedió la emisión de la Resolución 624-02 del CNSS. Esta resolución aprobó tres medidas de alto impacto: el aumento de RD$250 a la tarifa de consulta ambulatoria pagada por las ARS, el incremento de RD$204.32 al per cápita del Seguro Familiar de Salud y la consecuente capitalización financiera de las ARS mediante este ajuste.
Aunque presentadas como avances reivindicativos, estas decisiones trasladan nuevos costos al bolsillo de los afiliados y refuerzan la suficiencia financiera del SFS sin una discusión técnica pública sobre su impacto. El silencio del CMD frente a estos componentes estructurales termina validando un ajuste que encarece el acceso a los servicios y contribuye a aliviar la tensión fiscal del SFS a expensas de la población trabajadora.
Esa dinámica acuerdos veloces, sin estudios actuariales públicos, sin debate gremial y sin contraste con el mandato legal del propio CMD—deja ver la ironía central de este proceso: el gremio que protesta por mejores condiciones laborales termina convalidando medidas que deterioran el entorno donde sus propios colegiados ejercen. Quien llega a la presidencia no solo hereda un gremio; hereda una forma de hacer política gremial que, por más de dos décadas, ignoró la arquitectura institucional creada para equilibrar reivindicación y gobernanza. Y ese legado pesa más que cualquier consigna.
Para superar la situación crítica de los servicios públicos de salud, el CMD debe asumir plenamente el mandato legal que lo constituye como una corporación de derecho público. La Ley 68-03 le atribuye funciones que trascienden la protesta: participar en la formulación de políticas sanitarias, velar por la calidad del acto médico, ejercer la rectoría ética sobre el ejercicio profesional y ocupar espacios formales en la gobernanza del sistema.
No se trata de renunciar a las luchas reivindicativas, sino de enmarcarlas en el horizonte institucional para el que el Colegio fue creado.
La presidencia entrante tiene la oportunidad y la obligación de construir un CMD capaz de ocupar esos espacios: auditoría clínica real, observación crítica del mercado de servicios, defensa del acto médico frente a la mercantilización, participación en los procesos de habilitación hospitalaria y discusión técnica sobre financiamiento. Sin ese viraje, el Colegio seguirá operando como un actor reactivo, atrapado en una lógica de corto plazo que no mejora la vida profesional ni transforma las condiciones estructurales del sistema.
El desafío también recae en la base colegiada. La masa médica debe velar, insistir y presionar para que su dirigencia cumpla con ese mandato legal. No basta con marchas episódicas: se necesita un CMD que dispute poder donde realmente se decide el destino del ejercicio profesional y la calidad de los servicios públicos.
El ejercicio clínico no puede seguir desligado de las condiciones materiales, organizativas y simbólicas que atraviesan a la población que atiende.
La elección ya pasó. Ahora toca ordenar y regular el sistema desde la ley, para que la política sanitaria deje de depender de acuerdos coyunturales y responda a un proyecto de país. Si el doctor Peña Núñez logra ese giro, el CMD podrá reencontrarse con su razón de ser: representar a los médicos, sí, pero también cumplir su deber con la sociedad.

