Para comprender la dimensión regresiva de la distopía en que vivimos.

Por Juan Carlos Espinal.

#3.

El advenimiento del año 2026 nos encuentra con grandes retos sociopolíticos y económicos a superar en lo inmediato para así tratar de entender el inexorable surgimiento de la revuelta contra el establecimiento.

Los dominicanos en su conjunto experimentan un profundo vacío colectivo agotados emocional y espiritualmente.

El impacto negativo de la pandemia Covid19 instaló nuevos escenarios socio políticos y económicos.

Las consecuencias socioculturales del confinamiento de más de 550 días impulsó el advenimiento de la extrema derecha política al poder, instaló la narco cultura en las costumbres tradicionales y como nunca antes fomento el auge del crimen organizado internacional en el Estado.

La des-humanizacion de las políticas inflacionarias acentúa la desestabilización social que el crecimiento sin desarrollo económico sostenía en crisis cíclicas desnudando el umbral del derrumbe político.

Si algo ha moldeado el espíritu festivo de la sociedad Dominicana en su conjunto es la demostración de su incomprensión de los efectos perversos generados por la desigualdad que entronizo la democracia representativa 1966-2025.

Las quiebras financieras, los golpes de Estado, el exilio, los asesinatos de objetores de conciencia, – qué no han sido uno ni dos –, sino miles de ciudadanos como víctimas, y quizá convenga precisar que, es imposible dejar de recordar las diferentes épocas de levantamientos populares, guerras civiles y divisiones políticas qué han influido en nuestros diferentes puntos de vista.

Quizá deberíamos señalar que, entre los años 1960s-1970s, la sociedad Dominicana demostró ser un ente revolucionario capaz de contener la magnitud de la agresión capitalista.

Estoy convencido de que las luchas sociales y políticas que ha librado el pueblo dominicano han sido una de las causas que ha mantenido viva la teoría revolucionaria.

Su degeneración, en mi opinión, es una causa directa de la involucion trágica de la izquierda política, de la desaparición del Estado de Derecho y de la dependencia colonial a la metrópolis.

Consecuencia directa de la ocupación militar estadounidense, y la pérdida de legitimidad del sistema de partidos políticos de la democracia representativa.

No obstante, sería deshonesto no dejar claro que debemos a esa sociedad Dominicana del siglo pasado buena parte de cuanto hemos alcanzado a aprender acerca de la transformación revolucionaria, – tanto en el desarrollo económico, como en el del fortalecimiento de los derechos humanos -.

Por consiguiente, tenemos una gran deuda de gratitud con quienes nos antecedieron.

Con tod@s aquellos con los cuales hemos estado resistiendo hombro a hombro, ya fuera contra negarnos a pagar las contra reformas fondomonetaristas, o para profundizar el pago de los déficit fiscales contra la clase trabajadora.

En estos últimos años, las cosas que nos han sucedido a tod@s nos han llevado a entablar debates en el ámbito político, y todas esas contradicciones han contribuido, en mi opinión, a ofrecer una apreciación más honda y matizada de la democracia representativa.

Y de esa renovada percepción destacariamos el hecho de que la degeneración qué ha venido experimentando el sistema de partidos, la izquierda política y la sociedad civil organizada dominicana es un proceso de carácter general, no algo que incumba exclusivamente a la derecha económica gobernante o a la derecha política opositora.

Esta descomposición ideológica y política no surge de un acto involuntario, ni de gestos caprichosos realizados a propósito por la contra revolución qué se auto denomina de vanguardias.

La degradación de la democracia representativa 1966-2024 brota en definitiva de lo que en ocasiones los teóricos liberales denominan «la acumulación originaria».

Los líderes políticos progresistas domincanos tienen el deber moral de organizarse, planificar la ruptura con el establecimiento y presionar la movilización social.

Pero jamás deben proclamar qué sus grupos económicos o políticos constituyen la esencia de la sociedad Dominicana.

Solo las masas en permanente movilización pueden transformar la lucha social y política para la liberación.

Debo agregar que en estos últimos años, el uso intensivo de la propaganda se ha convertido en una táctica política que funciona en la medida que confunde a la opinión pública.

Según el libro del populismo neoliberal, mientras más mercadeo más efectiva es la táctica política.

De todos modos, la inmoralidad como instrumento político causa poco efecto aún cuando puede ser utilizada para persuadir al público a través de fuegos artificiales.

La propaganda ideológica no se constituye en un ejercicio organizativo.

Pero, lamentablemente es la vía escogida por los grupos económicos y políticos.

Para la militancia Progresista es importante estudiar el fenómeno mediático porque se puede medir su alcance.

Por último, establecer qué no tener un criterio definido para planificar la resistencia al gobierno neoliberal de Luis Abinader y la Plutocracia es exponer a la sociedad Dominicana a riesgos y desgastes electorales innecesarios.

 

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