El corito de la impunidad: Aquí to’ el mundo se lava las manos
Por Un ciudadano «jarto»
Señores, vamos a hablarnos a calzón quita’o. En este pedazo de isla, la justicia parece que sufre de una amnesia selectiva crónica o que simplemente es ciega, sorda y, sobre todo, muda cuando le conviene. Ya uno no sabe si reírse o llorar con el desfile de escándalos que nos desayunamos semana tras semana. Porque aquí la vuelta es sencilla: se arma el «rebulú», hacen un par de ruedas de prensa, destituyen a dos o tres gatos (o les dan una «licencia» pa’ que cojan vacaciones) y al final, no pasa ná. Eso es lo que llamamos la impunidad colectiva del Estado: un «tú me tapas, yo te tapo y todos cobramos».
Empecemos por la cabeza, que es por donde se pudre el pescado. Se ha hablado muchísimo de lo que pasó en el Ministerio de la Presidencia; mucho ruido, nombres sonoros, empresas vinculadas, pero al final del día, se siente como que bajaron la marea para que el barco siguiera navegando. ¿Y las consecuencias reales? Bien, gracias.
Pero si nos vamos a lo que parece un chiste de mal gusto, tenemos que mirar pal’ Ministerio de la Juventud. Eso ahí parece una silla caliente o un juego de las sillas musicales; cada vez que entra un ministro, sale con un lío de nóminas, licitaciones raras o empresas familiares guisando. Es como si el requisito pa’ entrar ahí fuera tener un «clavo» escondido. Y ni hablar del INPOSDOM, donde se armó un tollo con unos contratos irregulares que dejaron a medio mundo con la boca abierta. ¿El resultado? Un «usted se va para su casa» y aquí no ha pasado nada.
Y miren, lo de la Lotería Nacional fue de película. El famoso «Operación 13» con el no vidente. Eso dio risa, dio vergüenza ajena y dio rabia. Pero más rabia da ver cómo en el Ministerio de Educación, con todo el cuarto del mundo (el famoso 4%), se siguen inventando licitaciones de libros digitales con errores, almuerzos que no llegan y butacas fantasmas. Ahí se gastan los millones como si fueran pesos, y la educación sigue en el mismo atraso.
Ahora, toquemos el bolsillo del dominicano de a pie. ¿Qué es lo que pasa con EDEESTE y EDESUR? Esas facturas llegan con unos precios que uno cree que está pagando la luz del Palacio Nacional. Te clavan con un sobreprecio, te dicen «pague y después reclame», y cuando vas, te marean. Eso es un atraco a mano armada, pero con factura impresa.
Y como si fuera poco, nos metieron el gol de AERODOM por el medio de las piernas. Renovaron ese contrato por un viaje de años más, «entre gallos y medianoche», sin preguntarle a nadie, sin que la gente pudiera opinar y con un Congreso que parece una oficina de sellos de goma: aprueban lo que sea sin leer. Hipotecaron los aeropuertos y el pueblo se enteró ya cuando el palo estaba dao’.
Pero familia, donde la cosa deja de ser un relajo y se vuelve criminal es en la salud. Eso no tiene perdón de Dios. Estamos viendo gente desesperada porque en el programa de Medicamentos de Alto Costo no aparecen las medicinas. Gente con cáncer, con enfermedades graves, que están literalmente mendigando por su vida porque a algún burócrata se le olvidó firmar un papel o porque «no hay presupuesto», mientras se despilfarra en publicidad. Y para ponerle la tapa al pomo, los ruidos de desfalco y corrupción en SENASA. O sea, ¿también se van a robar los cuartos de la salud de la gente? Eso ya es jugar con la muerte ajena.
En fin, este país se ha convertido en una finca donde los administradores hacen lo que les da la gana. Es una impunidad colectiva, un «allante y movimiento». Hacen el bulto de que persiguen la corrupción, pero solo caen los chiquitos o los que ya no son panas. Mientras tanto, el pueblo sigue pagando la luz cara, comprando medicinas que no aparecen y viendo cómo se reparten el pastel en nuestra cara.
¿Hasta cuándo vamos a seguir en este corito? Porque al paso que vamos, nos van a vender la isla y nosotros vamos a estar aplaudiendo o discutiendo pendejadas en las redes sociales.
¡Despierta, dominicano!

