El 9 de febrero de 1966 y su enorme caudal de dignidad

(A los 60 años de la masacre del 9 de febrero de 1966)

Sesenta años han transcurrido de aquella mañana de febrero en la que la sangre de los estudiantes fue derramada por el alevoso ametrallamiento de las fuerzas policiales y militares al mando de los sectores que se resistían y resistieron a cumplir con los acuerdos que le pusieron fin a las hostilidades de la guerra civil iniciada el 24 de abril de 1965. *»Heroicamente, con más fe que armas y con enorme caudal de dignidad, el pueblo dominicano abría de par en par las puertas de la historia para construir su futuro. Hondas, muy profundas eran las raíces de esa lucha. Desde la Independencia, desde la Restauración, caminaba el pueblo muriendo y venciendo tras su derecho de ser libre».* Con estas palabras, el presidente constitucional de la República en Armas, Coronel Francisco Alberto Caamaño Deñó, se despedía el 3 de septiembre de 1965, de la primera magistratura del estado a la que había sido designado por el Congreso de la República durante los días gloriosos de la revolución constitucionalista.

Al afirmar que esas «hondas y profundas raíces» trazaban el camino por donde debía transitar el pueblo dominicano, asegurando las libertades públicas y los derechos humanos consignados en la Carta de las Naciones Unidas y contemplados sustancialmente en la Constitución de 1963, el presidente Caamaño dejaba explícito que su renuncia, obligada por las circunstancias de una intervención extranjera, era con la finalidad de abrir el espacio que fue cerrado al derrocar al gobierno democrático del profesor Juan Bosch para instaurar la nueva dictadura del Triunvirato.

Se entendía que la revolución democrática del 65 no triunfó, pero que se respetarían algunos derechos por los que habían caído más de 4 mil hijos del pueblo. Sin embargo, a solo pocos días de esa alocución y de la firma de los convenios para finalizar la guerra de abril a través del Acta Institucional, en el que las partes se comprometieron a respetar el proceso democrático, las fuerzas antidemocráticas tejían planes de negación del cumplimiento del Acta Institucional y de Reconciliación.

Ante tal acuerdo, las fuerzas democráticas y progresistas de la Universidad de Santo Domingo eligieron un Consejo Universitario Provisional para reiniciar la docencia y restablecer la Autonomía y el Fuero Universitario, eliminado por los militares y el gobierno golpista. Ese Consejo Universitario Provisional, electo democráticamente por las fuerzas vivas y expresivas de los profesores y estudiantes de la universidad, era el garante del Fuero y la Autonomía, obtenido después de la caída del Trujillato.

Se abrían así las puertas de la universidad al pueblo para obtener el derecho a una educación científica y popular. Científica, porque se adecuaba a las corrientes modernas del pensamiento moderno, crítico y dialéctico. Y popular, porque permitía romper con el clasismo que impedía el acceso por el costo económico de una matriculación elevada, imposible de ser cubierta por los hijos de los obreros, los campesinos y los bajos estratos de la pequeña burguesía.

El gobierno Provisional del Dr. García Godoy se negaba a reconocer a las nuevas autoridades y al desconocerla estaba tratando de mantener al sector profesoral y administrativo pro-oligárquico que se había impuesto tras el funesto golpe de Estado al presidente Juan Bosch. El sacrificio de decenas de egresados de la universidad que vertieron su sangre por el retorno del gobierno democrático en la insurrección de noviembre y en la guerra de abril del 65 se pretendía ignorar, dejando a los cómplices funestos de esa miserable y criminal acción al frente y dominio de la universidad pública.

No reconocer al Consejo Universitario Provisional era asfixiar a la academia, dejándola sin fondo presupuestal y por ende mantener el dominio clasista de sectores recalcitrantes y antidemocráticos. La violación a los acuerdos de paz fue constante y sobre el pueblo y el estudiantado cayeron brutales acciones de crímenes y terror: en septiembre fue asesinado frente al Palacio Nacional el estudiante del Liceo Unión Panamericana, Pedro Tirado Calcagno; en enero, en el Liceo Juan Pablo Duarte, cayó Ismael Aníbal Perdomo Medrano.

Todos los meses que van desde septiembre del 65 al 9 de febrero se cometieron múltiples asesinatos por los Comandos creados desde San Isidro para aterrorizar y detener los anhelos de un pueblo valiente que hizo frente al ejército más poderoso de la tierra en defensa de su soberanía, independencia y al respeto del sufragio limpio y democrático por el que fue electo el presidente Bosch.

Pero la lucha debía seguir para conquistar los derechos humanos y las libertades públicas, así como el acceso a la educación superior. La negación de parte del gobierno Provisional a reconocer al Consejo Universitario obligó a la Federación de Estudiantes Dominicanos (FED) y a los diversos grupos estudiantiles integrados a ella, FRAGUA, BRUC y el FURR, así como el estudiantado de la educación intermedia y secundaria agrupados en la UER y la JRC, a realizar una masiva y pacífica manifestación frente al Palacio Nacional en respaldo a las nuevas autoridades universitarias.

Así, «con más fe que armas y con enorme caudal de dignidad», una inmensa masa estudiantil con lápiz y cuadernos, entonando el eslogan de reconocimiento al Consejo Universitario Provisional surgido del Movimiento Renovador, iniciado como consecuencia de la revolución de abril, se plantó con alegría y firmeza y con voces de «yanquis fuera» en exigencia de lucha con el único medio posible: la movilización y protesta cívica y pacífica.

Esa protesta de niños y adolescentes fue rociada con plomo. Parecía que las fuerzas policiales estaban fumigando yerbas. Los disparos ensordecedores de las ráfagas de ametralladoras iban impactando sus imberbes cuerpos quedando en el pavimento gravemente heridos Miguel Tolentino, Luis Mella, Antonio Santos Méndez, Amelia Ricart Calventi, Brunilda Amaral y Tony Pérez. Los tres primeros murieron en el acto y Amelia un mes después. Brunilda y Tony no fallecieron, pero quedaron paralizados de por vida, obligados a vivir por siempre en esa condición. Más de 50 estudiantes fueron heridos. Una fiesta de la juventud estudiantil fue convertida esa mañana en una tragedia para la familia dominicana.

Hoy, transcurridas seis décadas de tan brutal y terrible acto, debemos mantener el mismo espíritu de nuestros compañeros caídos y la más firme decisión de continuar la lucha por las libertades públicas, los derechos del pueblo, la independencia, la soberanía y la Autodeterminación de los pueblos.

Al rendir homenaje a los mártires de esa jornada heroica, citamos las palabras de doña Guillermina Puigsubirá de Miniño, al prologar el diario de campaña de su hijo Jhonny, héroe de la Raza Inmortal del 14 de junio: _»Aquí estoy, hijo, frente a tus páginas, tratando de ordenarlas. Pero he de comenzar primero, por ordenar los latidos de mi corazón y cerrar la fuente de mis lágrimas. Apenas si puedo lograrlo; así es que empezaré a hilvanar estas ideas tras la cortina transparente de mi llanto. Pienso…. La mente se me va tras los dulces recuerdos del pasado y me engaña haciéndome creer que le escribo aún a mi caro colegial. Vuelvo de mis sueños, recordando que te hiciste un hombre, cuando alguien ha murmurado cerca de mí una palabra que me dio un sabor amargo: ¡Héroe! Pero yo no te quería un héroe de veras, hijo! ¿Acaso no lo fuiste siempre para mí? Sí, tú lo sabías, el héroe de mil proezas infantiles en el cálido discurrir del ambiente hogareño, cuando desparramaba por el suelo los barcos, los soldados y cañones de tus juegos inocentes que no mataban a tus compatriotas, ni hacían sangrar los cuerpos de tus compañeros»._

9 de febrero de 2026.

Comité Permanente de Homenaje 9 de febrero.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.