Teatro en los 90’s
Por Arturo López
~En los años 90s, específicamente en el 1994, dimos inicio al trabajo de investigación teatral.
-Ya había recorrido un buen tramo como actor y alumno de importantes maestros nacionales, latinoamericanos y de otras latitudes del mundo.

-En cuanto a la docencia la inicie en el año 1992. En esta primera etapa docente, es casi imposible no estar marcado por la impronta de tus maestros y es saludable y normal que así sea.

~Pienso que tu personalidad creadora o como llaman muchos, tu voz no ha hecho acto de presencia, imitar o seguir a tus guías es lo correcto.
-Desde ese paradigma y no desde lo desconocido es que nos construimos.
~Luego, es que empezamos a impugnar ciertas directrices.
-Es la etapa más complicada, por el hecho de que si eres un espíritu libre y cuestionador la distancia entre tu y tus guías comenzarán a evidenciarse.
-Pienso que es mí caso. Son muchas las razones y la fundamental es cuestionar la falta de búsqueda o construcción de otras formas de lenguajes escénicos.
-En más de una ocasión he planeado que el teatro con mayor engundia y riqueza de nuestra escena no se hizo en los centros de mayor concentración económica.

-Ese teatro se hizo en los callejones y en las calles de los barrios de la llamada «Parte Alta» de la ciudad de Santo Domingo y sus protagonistas están prácticamente todos ahí, pero totalmente alejados de sus orígenes.
-No es mi intención hacer una radiografía de ese momento de nuestro teatro, solo lo cito, porque como ellos, yo me he creado unos márgenes para inventarme el lenguaje y el » teatro» que necesito.
~”Creo que la práctica teatral se ha recompuesto o para ser más directo ha retornado a sus viejas andanzas: El peor teatro que se ha hecho en el país, fue el que se acomodo, el que se aseguró su puesto en los escenarios oficiales y abandono la generación de un pensamiento propio, es decir una cultura teatral grupal”.
-Con unos cuerpos en un espacio inicie mi práctica, buscando, inventando, fracasando, no sabiendo, fallando, a eso es lo que llamo investigación teatral, nada científico, puro empirismo.

-Los » actores» que construimos si se pueden llamar así, son presencias molestas, son cuerpos politizados, cuerpos deseantes con una clara intención y es la de crear teatralidades expandidas, animalizadas, en franco enfrentamiento con esa » otra» escena.
-El entrenamiento visto como acto de resistencia, el cuerpo como espacio de lo desconocido, la presencia del actor/actriz más allá de lo textual o como la liberación de otros textos ocultos.
-Hoy sé que no soy un director teatral, que carezco de esas habilidades para poner en escena lo que todos quieren ver y escuchar, que he escogido un camino largo y estrecho, un no saber, un teatro fundamentalmente político sin militancia.
-El acto teatral lo he ido aprendiendo en la repetición, en la acumulación de formas físicas, en la ejercitación colectiva e individual, para desde allí crear la teatralidad y el actor que nos he útil al hecho escénico que defendemos.

