El horroroso cuadro de miseria y vicios
Por Alí Ramón Rojas Olaya
Simón Rodríguez vivió en Europa en el primer cuarto del siglo XIX, un período en el que la intelectualidad estuvo marcada por la transición del racionalismo ilustrado al Romanticismo, caracterizado por la exaltación de las emociones, la naturaleza y el individualismo. Fue una época de profundos cambios sociales post-revolucionarios, donde escritores y filósofos comenzaron a constituirse como un grupo social influyente, analizando la Revolución Industrial y las nuevas estructuras de poder. Con Simón Bolívar coincidió en Europa entre 1804 y 1805.
*La fetidez*
En la Europa que vivió Rodríguez la fetidez era intensa, omnipresente y una mezcla de desechos humanos, animales y residuos industriales. Las ciudades carecían de saneamiento moderno, con calles que actuaban como alcantarillas a cielo abierto y un humo constante de carbón, creando un ambiente pestilente y propenso a enfermedades.
*Corrupción y pobreza*
Sin embargo, existían otros tipos de fetidez. La corrupción estaba profundamente arraigada en las estructuras de poder post-revolucionarias, caracterizándose por el uso de cargos públicos para beneficio privado, compra de votos, nepotismo y el enriquecimiento de élites a través de concesiones estatales, en un contexto de transición entre monarquías absolutas y democracias censitarias. Por otra parte, había una marcada rigidez moral y represión sexual en la esfera pública.
La pobreza en la Europa que vivió Rodríguez fue extrema, generalizada y marcada por la transición de un sistema agrícola a la Revolución Industrial. La mayoría de la población rural vivía en la miseria, mientras que los nuevos obreros urbanos enfrentaban hacinamiento, falta de higiene y condiciones laborales precarias. Fue una época definida por el «pauperismo», donde el hambre, las enfermedades como la tuberculosis o el cólera y el trabajo infantil eran comunes
*La moral*
La sociedad, especialmente tras la dominación napoleónica y el inicio de la era industrial, comenzó a adoptar códigos de conducta más disciplinados y severos, sin embargo, y a pesar del moralismo, las ciudades en crecimiento como Londres y París albergaban una actividad sexual visible en zonas específicas, con mancebías y trabajo sexual activos. La estructura social, profundamente dominada por varones, permitía comportamientos que a menudo eran ocultados en la vida privada. Se produjo una «invención de la privacidad» que ocultó prácticas sexuales que antes eran más públicas, diferenciando la conducta social aceptada de la vida íntima. Aunque la época victoriana se asocia más a finales del siglo, sus cimientos de represión y rigidez moral comenzaron a gestarse en este periodo. Rodríguez fue testigo de una Europa que luchaba por esconder sus vicios detrás de fachadas de respetabilidad.
*La realeza*
La desclasificación masiva de documentos relacionados con Jeffrey Epstein por hackeo del papa Francisco ha revelado una extensa red de contactos que involucra a numerosas figuras prominentes de Europa, tanto de la realeza como de la política y las finanzas. Violaciones a niñas menores de trece años y canibalismo de bebés son apenas la punta del iceberg de la podredumbre vivida en una isla caribeña. El Príncipe Andrés y Duque de York violó a una niña de seis años en la isla de Epstein. En el año 2009, su esposa Sarah Ferguson, duquesa de York, agradece a Epstein llamándolo «el hermano que siempre había deseado» y, en otro, se refiere a él como una «leyenda».
Los archivos contienen un extenso intercambio de correos electrónicos entre Mette-Marit, princesa heredera de Noruega y Epstein entre 2011 y 2014, mucho después de la condena de éste. En ellos, la princesa se dirige a él con términos como «cariño» o «de buen corazón», y llega a alquilar una propiedad de Epstein en Palm Beach en 2013. En un intercambio, Epstein mencionó estar en París en una «búsqueda de esposa», a lo que ella respondió que París era «buena para el adulterio». La princesa ha pedido disculpas públicamente, admitiendo que mostró «mal juicio» al mantener esa relación.
Los archivos revelan una imagen de la princesa Sofía de Suecia etiquetada por Epstein como «Nuestra Sofía» en un correo de 2010, años antes de su matrimonio con el príncipe Carlos Felipe. La Casa Real sueca ha confirmado que la princesa tuvo contacto con Epstein en contadas ocasiones sociales, como una cena o un estreno de cine.
*La Europa epsteniana*
El nombre de Peter Mandelson, exministro y exembajador británico en Estados Unidos, aparece más de 5000 veces en los documentos de Epstein. Para este político, el agente del Mossad era su «principal asesor de vida». Miroslav Lajčák, exministro de Asuntos Exteriores y asesor de seguridad nacional de Eslovaquia, renunció a su cargo después de que los archivos revelaran intercambios de mensajes de texto con Epstein en los que discutían sobre mujeres jóvenes y «chicas preciosas». Jack Lang, exministro de Cultura francés, tenía vínculos financieros con Epstein y una investigación fiscal al respecto. Thorbjørn Jagland, ex primer ministro noruego y exsecretario general del Consejo de Europa, es investigado por presunta «corrupción agravada», ya que los correos electrónicos indican que planeaba visitar la isla de Epstein con su familia.
Jeffrey Epstein era amigo del príncipe Lorenzo de Bélgica, del británico Richard Branson, multimillonario fundador de Virgin Group, de la francosuiza Ariane de Rothschild, directora del Grupo Edmond de Rothschild, y de la pareja noruega Mona Juul y Terje Rød-Larsen. Los hijos de estos aparecían en un testamento de Epstein como beneficiarios de 5 millones de dólares cada uno.
*Miseria y vicios*
El 15 de agosto de 1805, Simón Bolívar dice en Roma ante Simón Rodríguez: “¿Conque éste es el pueblo de Rómulo y Numa, de los Gracos y los Horacios, de Augusto y de Nerón, de César y de Bruto, de Tiberio y de Trajano? Aquí todas las grandezas han tenido su tipo y todas las miserias su cuna”. Más adelante agrega: “Este pueblo ha dado para todo, menos para la causa de la humanidad: Mesalinas corrompidas, Agripinas sin entrañas, grandes historiadores, naturalistas insignes, guerreros ilustres, procónsules rapaces, sibaritas desenfrenados, aquilatadas virtudes y crímenes groseros; pero para la emancipación del espíritu, para la extirpación de las preocupaciones, para el enaltecimiento del hombre y para la perfectibilidad definitiva de su razón, bien poco, por no decir nada”.
En mayo de 1840, Simón Rodríguez publica Luces y virtudes sociales en la imprenta del Mercurio en la ciudad chilena de Valparaíso. Allí nos dice: “No se alegue la sabiduría de la Europa porque, arrollando ese brillante velo que la cubre, aparecerá el horroroso cuadro de su miseria y de sus vicios—resaltando en un fondo de ignorancia”.

