Isidro El Patú contra Japón. Las vainas de Mercader

Por José Mercader

Él se crió en los alrededores de la amplia avenida “Las Carreras”, que todo el mundo creía que debía su nombre a los juegos y correteos que los muchachones armaban con una pelota de goma y tres bases…tres pedazos de cartón.

Por allí no pasaban los escasos carros que competían, en ruido, con las voces de las marchantas y el pito de los trenes, que avisaban su proximidad a la Estación Marte, por el Cementerio, o el camino de lodo. Lafontaine y Chicho eran los únicos dos conchos que iban de la Plaza Valerio y se devolvían en La Junta, frente al cuartelito de la Policía.
La Avenida, aparte de ser el play natural de congoleses, maqueños (del barrio El Maco) y algún ocasional pepinero, ofrecía, sin ninguna interrupción y sin ningún desparpajo, cocinas al aire libre, talleres, lava carros y hasta lugar de citas. Eran famosos sus barberos, coleccionista de recortes de “la cámara la vio así” y otras chulerías de revistas americanas.

Al acercarse a la Calle 30 de Marzo, Las Carreras tomaba una estrechez de embudo, parecida al de Hormuz, “guaidando la ditancia”, que fue bautizada Verdún, como aquella bahía francesa de la ll Guerra Mundial, Verdum, por una batalla de piedras entre muchachos de las barriadas.
Cuando le rompieron, de un pelotazo, el vidrio trasero del Hillman a un comerciante turco, todos se perdieron en los patios y le quitaron un juego perfecto que Isidro pichaba, con aire de biligue de Serie Mundial.

Después de eso, los equipos se fueron a jugar a los terrenos del Monumento, vigilados por el Matúm y el fantasma del Teatro, en una maraña de jungla de guayabas silvestres, cajuiles y mangos. También se iban por los alrededores del Estadio, herencia del antiguo hipódromo, por delante y por detrás, que era una explanada y revolcadero de burros que los acogió sin el peligro de romper nada.

Isidro, alto como una palma, con cara de tabla y una sonrisa de niño grande, lanzaba todo tipo de curva: el tirabuzón, el tumbao, la venenosa, la mariposa, la “párate ahí”, el garabato, el gancho pa’fuera, la recta de humo, y el zig-zag que describía un movimiento hipnotizador que terminaba con el bateador ponchado. También el debol que le sirvió de terror, mientras que a los conocidos jonroneros, le daba sus pelotazos o las bases por bola.
Mucho antes, cuando el equipo se llamaba Sandino, por sugerencias de la señorita Ercilia Pepín, la mayoría de muchachos eran de Las Carreras. Y cuando la S del uniforme correspondía a Santiago, también eran “tígueres de Las Carreras”, con algún refuerzo de Pueblo Nuevo y los Pepines,cuando La Joya era una sabana antes de llegar al rio.
Los muchachos de Las Carreras habían creado una fama de guapos, no solo por las incontables peleas callejeras, que se sumaban a las bellaquerías contra la dictadura, que Balaguer asumió como único heredero, en ausencia de los hijos del Jefe, que se refugiaron en el franquismo, de la Madre Patria, allá en el viejo continente.

Las Águilas crecían, sus peloteros eran admirados, tanto en los cartoncitos de chuflai, que les cambiaban sus nombres, como en el Play y, en los terrenos de La Yagüita de Pastor, donde practicaban.
Aquella mañana Isidro se uniformó temprano, cogió su guante y se fue a Bella Vista. No quería perderse las “clínicas” que daban Los Piratas y fue ahí que él se la lució ante las miradas de envidia y admiración. Allí se hablaba solo en inglés, entre batazos y sudores. El balneario, frente a Nibaje, fue la piscina natural, mucho mejor que la del Matúm, “llena de miao”, donde se alojaron aquellos piratas que ya habían cargado con su botín en el 16 y que habían sembrado la pelota mucho antes, por casi todo el Caribe.

Isidro no paraba, hacía un esfuerzo, sabiendo que aquella era su gran oportunidad para demostrarle a los gringos que él podía ser un picher allá, en las Grandes Ligas, aquel circo que convirtió a una nación entera en una fanaticada fanática y, que a pesar de los insultos a Jackie Robinson, terminó aceptándolo e incorporándolo a todos hasta desbaratarles su propia liga.
Isidro lo sabía y estaba dispuesto a padecer el mismo maltrato racial que vivió Felipe o Marichal cuando le siguieron los pasos al 42 de “Los Tramposos de Los Ángeles” y que enriquecieron aquel deporte, que era tan importante como su religión o sus guerras por todo el mundo, que los entretenían en la televisión, salvo cuando había un soldado en la familia que volvía con las botas hacia alante y con traje de madera… pino canadiense probablemente.

Para la juventud de Isidro, era mayor el entusiasmo y la necesidad, al saber que el cura de Pueblo Nuevo fue quien lo chivateó cuando la perrera lo metió a culatazo acusándolo de “pone bomba”. Lo único que lo salvaba, y él sabía que era un chantaje real, era firmar para el equipo de la Policía, que no le ganaba uno, ni a la Aviación y menos a la Guardia. Él se negó, pero le daba a entender que no era un NO rotundo. Usaba ese truco como escudo contra las palizas de advertencia que lo podrían convertir en el estelar de “Los Carmelitas”, que jugaban en gramas de nubes con un palco repleto de ángeles y santos y, unos blichers con lo peor de “La Candelaria”, “Cienfuego”, y “Fosforito”, tres barrios que inspiraron a Dante para escribir su obra maestra.
De regreso a “Las Carreras”, fue recibido como un héroe. Se sabía que en las prácticas había ponchado a Willie Stargell, a McFarlen, a Robertson y hasta al gran Mazerowski.

El primero en saber que lo iban a firmar era Tomás y también el primero en saber que, ciertamente, Los Piratas lo tenían, junto a “Chupón” y “Boca Negra” listos para llevárselos y que al final, “el escucha”, un calié de Pueblo Nuevo, lo denunció como “comunita” y “ponebomba”.

Terminó su carrera como softbolista, bailador de sones y una alegría propia de quien se burla del tiempo y, que ningunos de los millones, lo hubieran hecho más feliz.
Perdimos un “salón de la Fama” por politiquería, que aún, “váigame Dio”, sigue, en funcionaritos arrogantes, de chuflai.
Seremos un mejor país sin ellos… ¿cuándo? “Cuando la burra taba miando y tú…”
(Escrito sin Inteligencia Artificial)

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.