Las teatriadas: una experiencia de teatro comunitario
Por Arturo López.
La relación de amistad y teatral entre Radhamés Polanco y quién escribe es de una larga trayectoria, podríamos hablar de decadas de vínculo de amistad. En cuanto a lo escénico no es menos extensa, hemos recorrido juntos y por separado los caminos del país en busca de teatralidades para intentar comprender el fenómeno de la representación.
El Dr. Radhamés Polanco es un académico de una enjundia muy por encima de lo acostumbrado en nuestro medio escénico y cultural.
Pero además de esa basta formación teórica es poseedor de una fuerza empírica y de un respeto por nuestras tradiciones y espíritualidad popular que lo hacen un folklorista, un antropólogo teatral fundamental para comprender la importancia de las prácticas y formas teatrales que el «Canon» sigue negando o mirando de reojos, como muestra de ello tenemos uno de sus últimos textos publicados:
Mitotes ,un complejisimo ejercicio dramaturgico, donde se cruzan formas teatrales que están dentro de las llamadas » teatralidades expandidas» y que no son más que esas formas vistas, observadas, por esos caminos de Dios.
De estos diálogos compartidos entre ambos y de otras muchas experiencias individuales pienso que surgió la idea, no justamente de «LAS TEATRIADAS», es decir del título del evento, pero si de sacar el teatro de las paredes de la Escuela Nacional de Artes Dramático, para devolverlo a la comunidad y hacer de él un episodio vivo, como el que habíamos observado en nuestros recorridos, que si bien no es teatro entendido en su forma convencional, era intentar que la academia se encontrará en la necesidad de replantearse.
Salir de la comodidad de las aulas y de la Sala Haffe Serrulle y tomar las calles, los parques, los salones, pasillos, glorietas de la Provincia de San Francisco de Macoris. Durante una semana hicimos de la Ciudad del Jaya, la Capital del Teatro de la República Dominicana: Presentaciones en espacios públicos, talleres, conversatorios, exposiciónes de pintura y participación de las diferentes capas sociales del pueblo, en un acontecimiento que los compañeros nos decían que solo lo recordaban, para cuando se celebraron los Juegos Deportivos Nacionales con sede allí, en Macorís.
Durante todos estos años he meditado en aquella experiencia de teatro comunitario, de escuela sin muros, ni salones, ni butacas, de cultura escénica compartida.
Recuerdo una expresión del gran maestro e investigador teatral Inglés Peter Brook que dice, en momentos de crisis teatral, lo único que lo puede salvar es lo popular, la plaza, el mercado.
Justo en este momento en el que se esta convocando al Festival Nacional de Teatro sería de una relevancia capital, sacar el hecho escénico de los espacios convencionales y llevarlo a dónde hace tanto tiempo dejó de ir.
Cómo muy acertadamente se lo ha propuesto Juan María Almonte y un equipo de teatristas Any Taveras, Clara Morel, Hensy Pichardo y otros.
Para que este tipo de acaecimiento se produzca hay que deponer de los protagonismos, se tiene que llamar al concenso de todas y todos, como fue el caso de «Las Teatriadas», que se conto con lo mejor de la ciudad desde la Iglesia hasta los grupos que no veían con buenos ojos al gobierno de turno.
Hay una anécdota interesante que contar y es que para esos días había un llamado a «Huelga en la provincia» y era una convocatoria que la hacia uno de los grupos más radicales y de mayor prestigio por sus posturas frontales, estamos hablando del Frente Amplio de Unidad Popular «Falpo», para sorpresa de todos el llamado termino siendo prácticamente desestimado y sus convocantes, integrados en las actividades teatrales y de diálogo.
Recuerdo el cierre de la actividad en las instalaciones de la antigua chocolatera, estación del ferrocarril, hoy la Estación del Cuerpo de Bomberos, donde se dió un valioso debate con las fuerzas vivas del conjunto y la trascendencia de la cultura y el arte como fuerza transformadora, así se cerró un evento donde la única arma era el teatro y las artes como discurso a favor de la colectividad.
Las Teatriadas fue un ejemplo de que el teatro es un hecho cargado de símbologia que son imposibles de agotar, que una máscara, un vestido raído, una peluca, un texto, un cuerpo en un espacio vacío, pueden cambiar el rumbo del espacio-tiempo, que la ficción puede ser más inmensa y poderosa que una realidad maleada y empequeñecida.
En los últimos días he estado leyendo y observando que sean estado generando encuentros, diálogos, intervenciónes entorno a nuestra práctica y pienso honestamente que una práctica, un hacer, sin un pensamiento es una cosa hueca.
Precisamente por estas publicaciones he querido recordar una experiencia que impacto tan positivamente a una población, pero que como podemos observar no es suficiente, que la construcción de un movimiento teatral, es una práxis que demanda trabajo, investigación, ejercitación de la escena y teorizacion profunda, que una tradición teatral se construye día a día, que es imposible que se logre desde afuera y que es fundamental pensar la sociedad que nos ha tocado vivir, que sin ese ejercicio solo nos vemos arrastrados por modismos y una prisa sin rumbo, carante de discurso técnico y búsquedas creativas.
Las Teatriadas, es un ejemplo de construcción de lenguajes lejos del triunfalismo, es volver al barrio, al laboratorio, a la investigación, al hecho teatral vital, de alto vuelo teórico y de experiencia, un suceso estético que se pensó para cuestionar y debatir, no para acomodar, que es el papel de todo verdadero arte, molestar, incomodar.

