Las teatriadas: una experiencia de teatro comunitario, parte 2.

Visto a la distancia el evento que impacto tan significativamente a la comunidad de San Francisco de Macoris, hoy es entendido como un teatro inútil, ideológico, una práctica superada, del que hay que poner distancia, para no terminar siendo etiquetado de «atrasado» o de «izquierdas», que es el peor de los calificativos en la actualidad.

Las Teatriadas era justamente eso, un suceso estético-teatral, que se proponía poner distancia del rumbo que había tomado la escena dominicana en ese momento, pero pensado desde la Escuela Nacional de Arte Dramático, con un claro objetivo, que los jóvenes entendieran la importancia de un teatro que se hiciera preguntas, que estuviera consciente de que además de divertir, tenía y tiene la obligación de jugar otro rol en la sociedad.

El aburguesamiento que han sufrido las tablas en el país es un fenómeno que hemos visto crecer en las últimas décadas; de allí que cuando pensábamos en la organización del evento, tuviéramos muy encuenta que los espacios y las enunciaciones poeticas debían alejarse del hecho teatral que predominaba en la escena, que la relación de público y actores debían darse en todos los escenarios y espacios posibles, entiendase: calle, aulas, pasillos, salones, descampados, parques, barrios, para que el estudiante-actor asimilará que el drama, la representación, tiene la posibilidad y se puede hacer en todos los espacios posibles.

Con Las Teatriadas, no se estaba haciendo nada nuevo, se intentaba regresar con cierta nostalgia al momento más esencial que había vivido el teatro en el país y que podemos ubicar a mediados de los 70s y en la década del 80s.

En los 70s por un vigoroso movimiento clubistico y cultural y el impulso del movimiento del teatro popular y callejero con un fuerte componente de empirismo y de práctica teatral gestionada desde el grupo.

Era en ese espíritu que queríamos hacer crecer nuestra idea y que tenía a San Francisco de Macoris, como un proyecto piloto. Es decir regresar el teatro al discurso de lo comunitario y popular, pero teniendo a la ENAD, como centro de operaciones, como dije anteriormente, sacar la escuela a la calle e impulsar un teatro al servicio de lo colectivo y desde ese lugar, devolver un empuje que nuestra escena perdió y que no ha recuperado jamás.

La conexión que se intentaba crear entre el movimiento popular y callejero de las décadas pasadas y el «Proyecto Teatriadas» giraba esencialmente en la creación de una cultura escénica propia, en otras palabras que las comunidades empezarán a generar sus sabidurías dramáticas o sus teatros, para no caer en lo que vive la escena nacional hoy, una estandarización teatral que asusta.

La preocupación fundamental era como devolver al oficio escénico su carácter contestatario, la búsqueda de nuevos lenguajes, crear espacios de investigación fuera de la ciudad, fomentar los grupos-escuelas, las intenciones que nos movían era la creación de un teatro enraizado profundamente en la cosmovisión popular y nacional nuestra y que desde allí pudiéramos crear una escena cargada de nuestras simbologías profundas.

Hoy observo que no estábamos, ni estamos equivocados, que el proceso de homogenización, del «todo vale» que avizorabamos terminaría creando un facilismo, una prisa, una suerte de mercantilización del objeto arte, de la cosa creativa.

Prácticamente lo emergente a desaparecido de nuestro escenario, para dar paso a la prisa, no hay ni espacio, ni tiempo para el laboratorio, para la creación en busca de teatralidades propias, en la construcción de signos y símbolos, ni en la recreación de las narrativas hondas de nuestra comunidad, de lo arquetípico del saber popular y teatral dominicana.
El teatro es un ecosistema único, si se debilita una punta o extremo, se estará debilitando todo la estructura que lo sostiene.

Me llama mucho a la atención un juicio de la maestra y crítica teatral Gilda Matos, quien dice que nuestro teatro está viviendo una suerte de PANTALLIZACIÓN ( llenar el escenario de figuras mediáticas), vale decir que hemos olvidado una de las puntas o extremo del ecosistema teatral, el de la investigación, el laboratorio, para dar paso al MERCADO sin tomar encuenta que con ello, estamos socabando la «cosa teatro» en su totalidad, el mercado no es malo, lo que es malo es que se lo lleve todo de encuentro, es decir el Pensamiento Crítico.

Las Teatriadas no era un evento creado por un tema de ego personal, era y fue un espacio para repensar nuestro teatro desde lo más genuino y necesario, desde la esencia misma de lo popular, lo comunitario, el encuentro en la plaza pública y desde allí devolverle la magia, su misterio y sus múltiples formas estéticas.

Las Teatriadas fue una apuesta por lo opuesto, era lo antónimo a la homogenización: la Diversificación, diferenciación, separación, variedad, contraste, disgregación, el hecho escénico como invención.

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