Bosch: entre Miguel Cocco, Temo Montás y Víctor Grimaldi

Por Fidel Soto Castro

La idea de que Juan Bosch quería perder en 1990 no resiste el análisis histórico, lógico ni documental. Se trata de una construcción posterior que descansa en testimonios tardíos, incurre en contradicciones internas y cumple la función de reescribir el pasado político dominicano.

(El peso de la verdad histórica se impone sobre los intereses personales, de clases y de grupos serviles al frente oligárquico y al pentagonismo)

El miembro del Comité Político del PLD, Temístocles Montás, ha sostenido recientemente que la derrota electoral de 1990 se debió a la enfermedad y a errores de Juan Bosch. A esta narrativa se suma ahora Víctor Grimaldi, quien, apoyándose en declaraciones de Miguel Cocco, plantea una tesis aún más extrema: que Bosch sabía que no podía gobernar y, en esencia, habría aceptado —o incluso buscado— la derrota.

Esta construcción narrativa no solo es históricamente débil, sino profundamente contradictoria con los hechos verificables.

1. El eje del debate: ¿derrota impuesta o derrota deseada?

El planteamiento de Grimaldi introduce una idea peligrosa: que el resultado electoral de 1990 coincidía con una supuesta decisión íntima de Bosch de no ganar. Con ello, se desplaza el foco desde el fraude electoral hacia una interpretación psicológica del liderazgo.

Sin embargo, los hechos desmienten esa hipótesis. El 18 de mayo de 1990, Bosch llamó a defender el voto popular, proclamando su disposición a «ponerse el traje de madera» si era necesario.

Convocó, además, una movilización nacional hacia el Palacio Nacional bajo la consigna: «¡Que se vaya ya!».

Un líder que:

  • convoca a la movilización popular,
  • denuncia el proceso electoral,
  • y se coloca en disposición de lucha extrema,

no está diseñando una derrota: está enfrentando un despojo.

2. La inconsistencia del testimonio de Miguel Cocco

La tesis de Grimaldi descansa fundamentalmente en un testimonio indirecto: las declaraciones de Miguel Cocco en el año 2000, es decir, diez años después de los hechos. Desde el punto de vista historiográfico, este tipo de fuente presenta problemas claros:

  • Es tardía.
  • Es no corroborada documentalmente.
  • Es subjetiva y anecdótica.
  • Carece de contraste con otras fuentes contemporáneas.

Más aún, el propio Cocco incurre en contradicción cuando afirma:

  • Que Bosch «no podía gobernar» en 1990.
  • Pero también que «no se trataba de que no quería ganar».

Esta ambivalencia desmonta la tesis central. Una cosa es reconocer limitaciones o riesgos; otra muy distinta es planificar una derrota, como sugiere Grimaldi.

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