La solidaridad cubana en América Latina y El Caribe: Legado y desafíos
Por Ariel Pazos Ortíz
En los últimos años varios programas han culminado abruptamente como consecuencia de influencias externas. Gobiernos cómplices de la hostilidad del imperialismo norteamericano hacia la Mayor de las Antillas o sometidos por la presión y las campañas de descrédito contra su cooperación han puesto fin a la presencia de médicos cubanos en sus territorios.
Desde sus primeros pasos en Argelia en 1963, la colaboración médica cubana se convirtió en un símbolo de solidaridad internacional. Aquella misión fundacional, en tiempos en que el desarrollo de las ciencias médicas cubana era aún incipiente, abrió un camino que se extendería por decenas de países en África, Asia y, con especial fuerza, en América Latina y el Caribe.
Desde entonces, los médicos cubanos han llevado a cada escenario más que conocimientos técnicos. Ellos han llevado confianza, acompañamiento y la confirmación de que la salud puede ser un derecho universal, no solo un privilegio para quienes logran pagar por ella. Así ha ocurrido en comunidades rurales de Venezuela, en barrios periféricos de Brasil con el programa Más Médicos, y en zonas apartadas de Bolivia, Haití, Honduras e islas del Caribe, donde la presencia de un galeno cubano muchas veces ha significado la diferencia entre la vida y la muerte.
La labor sanitaria de Cuba no puede excluirse de la historia de América Latina y el Caribe. Incluso en momentos de epidemias o desastres naturales las brigadas médicas han estado presentes. Durante la pandemia de COVID‑19, por ejemplo, brigadas del Contingente Henry Reeve, especializado en situaciones críticas, hicieron arribo, permanecieron o fueron incrementadas en varias naciones del continente.
La colaboración cubana en materia de salud no solo se ha expresado en la atención a pacientes. Otra arista ha sido la formación de capacidades. Innumerables jóvenes latinoamericanos se han educado en universidades cubanas de Ciencias Médicas, para luego regresar a sus naciones de origen como profesionales bien formados técnica y éticamente. Esa combinación de asistencia directa y formación profesional ha sido clave para fortalecer sistemas de salud eventualmente frágiles.
Sin embargo, en los últimos años varios programas han culminado abruptamente como consecuencia de influencias externas. Gobiernos cómplices de la hostilidad del imperialismo norteamericano hacia la Mayor de las Antillas o sometidos por la presión y las campañas de descrédito contra su cooperación han puesto fin a la presencia de médicos cubanos en sus territorios. El resultado ha sido la propaganda de soluciones inexistentes, promesas incumplidas… un vacío en la cobertura sanitaria que los esquemas locales o internacionales no han logrado suplir en la práctica.
El caso de Brasil, donde se desplegó un enorme programa a partir de 2013, es ilustrativo: tras la salida de los especialistas cubanos en 2018, decenas de miles de personas en comunidades aborígenes, zonas rurales y favelas quedaron sin atención primaria. Informes posteriores demostraron que no existían alternativas viables para sustituir la cobertura garantizada por los profesionales cubanos. Situaciones similares se han reportado en otras naciones del hemisferio tras la ruptura de convenios de colaboración con Cuba.
La paradoja es evidente: mientras se cuestiona la colaboración por razones políticas y con argumentos falaces, los pueblos que pierden a los médicos cubanos enfrentan un retroceso en indicadores básicos de salud. La mortalidad infantil, la atención materna y el control de enfermedades prevenibles y otros indicadores sanitarios se ven afectados. Sin embargo, no existe clausura de convenio ni campaña de descrédito capaz de opacar la colaboración médica cubana, que sigue siendo reconocida por organismos internacionales, por autoridades locales y por sus principales beneficiarios: las comunidades que han recibido su apoyo.
A más de seis décadas de aquel inicio en Argelia, la colaboración médica cubana se mantiene como un compromiso que trasciende fronteras. En América Latina y el Caribe, donde las desigualdades en salud persisten, el ejemplo cubano advierte que salvar vidas es más importante que cualquier cálculo político.
CUBASÍ.
