Es el momento del teatro de estos tiempos

Por Arturo López.

Las convocatorias que realizaba la EITALC-Escuela Internacional de Teatro Para América Latina y el Caribe, había un espacio dedicado a las investigaciones teatrales que estaban realizando los creadores durante décadas con el fin de compartirlas con sus pares latinoamericanos, caribeños y demás continentes que se daban cita en estos encuentros y que era la razón del nacimiento de esta escuela sin muros, ni métodos, mejor dicho eran muchos métodos, aunque los maestros renegaban de tenerlo. En mi memoria estos diálogos sucedían alrededor de las 6 de la mañana, por cierto increíblemente pesados, ya que los días eran intensos en el trabajo práctico, pero aún así, siempre se estableció la relación entre práctica y teoría como una sola herramienta de trabajo.

Uno de esos días nos tocó tener como conferencista al Maestro Santiago García, quien nos introduciría de una manera muy somera por su larga experiencia en la Creación Colectiva, que por demás era el taller que impartía en aquella primera convocatoria de la citada escuela y que era el instrumento de investigación en el que había desembocado su grupo » El Teatro La Candelaria». Recuerdo aquella exposición del Gran Investigador colombiano cargada de un humor inmenso, nos decia que después de pasar díez horas del día anterior trabajando tan duro y levantarse a dar » carreta» a las 6 de la mañana, no era de gente. Dar » carreta» en la jerga del habla colombiana es teorizar sobre un tema.

Santiago García, hizo lo que mejor sabía, exponer con magia, sapiencia y lucidez sus procesos, que estaban cargados de «objetividad científica» por un lado y un gran empirismo por el otro, pero sobre todo con un humor corrosivo, el teatro de Santiago García es de un humor e inteligencia visceral.

Quiero dejar por sentado que el tema del humor en la visión teatral del Maestro Santiago García, merece una investigación especial, porque solo desde la levedad que da el humor se pueden tratar los temas que pone en escena «La Candelaria».

Recuerdo como ahora que el diálogo giro mucho entorno al proceso de investigación de «Guadalupe Años Cincuenta», dado que la investigación los llevo al trabajo de campo, vale decir, que tuvieron que alejarse de la historia escrita como fuente única, para así tener múltiples miradas y dar paso a la «Memoria Oral de los Llanos Colombianos» , para que esos Mitos Orales, nos trajeran de vuelta al héroe de carne y huesos que era Guadalupe Salcedo.

Lo que más me impacto de aquella magistral intervención fueron sus observaciones sobre la oralidad de los llaneros y la obsesión por su música, que devino en un «Personaje» de la pieza, la música no ambientaba, no acompañaba simplemente, no, era un «Personaje» que encarnaba las necesidades del hombre del Llano Colombiano y como está investigación terminó siendo fundamental en la construcción de la poética y estética del grupo.

Magistral clase del Maestro Santiago García, atravesada por sus múltiples saberes sobre: lingüística, teatrales, sociales, política, estética, filosóficos, humanística, musicales, culturales, marxismo, en fin, que el DOCUMENTAL que lleva por nombre: Santiago García:UN HOMBRE DEL RENACIMIENTO le hace un gran honor, al más importante investigador teatral latinoamericano hasta hoy día.
Santiago, un hombre de izquierdas que tomaba distancia de los dogmas.

He tenido la dicha de ver un par de sus piezas y de participar en un taller que versaba sobre la investigación de la imagen vista desde múltiples estéticas. El objetivo de ese trabajo era acercarse a la dramaturgia del autor alemán Heiner Müller, puntualmente en ese momento y esto se daba porque enfrentar la escritura dramática del autor alemán obligaba necesariamente a manejar nuevas herramientas para abordarla, quien era junto a Bernard Marie Koltes los puntos cimeros de la llamada Postmodernidad Teatral.

Igualmente podemos decir de su investigación entorno a la obra cinematográfica de Fassbinder y como esto repercutió en la construcción dramaturgica y puesta en escena de su obra «El Paso», concentrándose en dos aspectos: El Minimalismo y Los Lenguajes No-Verbales, de la obra del realizador alemán.

Cito a estos creadores para llamar la atención de como en diferentes momentos de sus procesos de creación Santiago García recurrió a Estéticas y Poéticas foráneas para contar, narrar momentos históricos altamente complejos de la sociedad colombiana y no por simple snobisno, el teatro del maestro colombiano siempre puso los pies en tierra, sin dejar de estar abierto a corrientes creativas. Por ejemplo, para nadie es un secreto la relación que estableció con Eugenio Barba y su propuesta de Antropología Teatral en su última etapa de vida creativa; nunca vió al investigador italiano como un » colonizador», todo lo contrario se abrió a su visión. Su obra es de una complejidad estética inmensa, es una mirada a toda la vanguardia artística, política y cultural para contarnos el devenir social y político, pero sobre todo violento de su país. Dónde los elementos de la cultura popular colombiana en todos sus estamentos han jugado un rol fundamental, lo de Santiago García ha sido una imaginación que se soporta en la cultura popular y en la sociedad, no en fantasías artísticas.

El OLIVORISMO: Teatralidad Expandida y Liminal ( Agua Si, Oro ).
En los últimos días hemos visto una movilización sin precedentes en la sociedad dominicana en defensa de los recursos naturales, que se recuerde no se habían visto tantos frentes abiertos en un mismo momento contra estos recursos, es como si de pronto las autoridades se han quedado sin respuesta y que hayan decidido hipotecar el futuro del país y como siempre los grandes depredadores y beneficiarios de estás anheladas riquezas están al acecho.

Aquí es donde entra el teatro de Santiago García y su potencia creativa y popular , con su mirada frontal a los temas nacionales, con su «alma de Llanero» a rastrear a Guadalupe Salcedo en los cantos, en la voz, en la gestualidad profunda, en la oralidad popular, la improvisación para descubrir nuevas relaciones y profundizar en lo desconocido y dar paso a la presencia de realidades ocultas, más allá de las evidentes, como todo acontecimiento político, social y cultural, siempre complejos.

Y es justamente cuando nos preguntamos? Cuando entra el teatro a tomar todas las plazas públicas?
Es la relación que queremos establecer entre Guadalupe Salcedo y el Olivorismo, el poder poético de lo popular como fuerza redentora. La teatralidad del «Olivorismo» con sus palos, sus cantos, sus atabales, sus salves, sus cuerpos y sus relaciones espaciales, sus danzas, su folklore, su gestualidad, una teatralidad profunda y su religiosidad popular que recorren nuestros campos y cordilleras de punta a punta, es un momento singular para preguntarnos si las condiciones de pobreza y despojo han desaparecido en el país o siguen intactas.

ES EL MOMENTO DEL TEATRO NECESARIO DE ESTOS TIEMPOS, de poner todo lo aprendido y acumulado en los últimos tiempos para regresar al camino de dónde no debimos apartarnos jamás. Hoy más que nunca lo popular nos señala el camino, la teatralidad nuestra tiene su principal urgencia hoy fuera de los escenarios, yo diría que nuestro teatro debería ocurrir en el territorio de lo LIMINAL.

El maestro Santiago García nos enseñó que lo popular, la experimentación y el pensamiento crítico van de la mano, es más, me atrevería a decir que el mejor teatro que hemos visto está profundamente cruzado por estos tres principios.

Agua Si,Oro No, es una de las consignas más poderosas que hemos escuchado en muchos años y cuando todo apuntaba a que los campesinos serían vencidos por los poderosos, apareció EL OLIVORISMO, con su espiritualidad salvaje y silvestre, como unidad de sentido: Político y Cultural; cantos, religiosidad popular, sabiduría ancestral, tambores, rebeldía y hambre de justicia, esa es la dramaturgia expandida de ésta invisible puesta en escena.

Seguir negando lo poderoso de está teatralidad popular, es negar lo evidente, la escena actual no responde a esa TEATRALIDAD POPULAR.
No nos referimos a un reduccionismo de un «teatro olivorista», no, a lo que hacemos referencia es a los elementos de la cultura popular que son los que salvan al teatro en momentos de crisis: La Teatralidad Olivorista, como Teatralidad Popular y Liminal, que unifica.

Contra los millones de dólares, el poder político, empresarial y los medios de comunicación a favor de la explotación minera, lo popular, lo que se esconde en lo profundo del ser, hizo su aparición y habló, el escenario de la calle se ha alzado como el gran protagonista.
Son estás largas marchas performaticas, cargadas de teatralidad popular y una liminalidad no estudiada son las que nos están marcando el nacimiento de una teatralidad desbordada, cargada de una simbología que la escena nuestra no alcanza.

La calle por un lado y lo liminal por el otro, están presionando a la escena nacional como nunca antes, así como los recursos naturales están siendo atacados sin contemplación, nuestra práctica escénica luce débil y famelica ante la embestida de las teatralidades populares y eso lo acabamos de ver en las múltiples formas escénicas y performaticas en las Marchas-Performance en San Juan de la Maguana, dónde el Olivorismo (como teatralidad expandida) regreso más poderoso que nunca.

Es falso de toda falsedad que el TEATRO POPULAR, EL TEATRO CALLEJERO, EL TEATRO COMUNITARIO, estén muertos, como nos han querido hacer creer. La Teatralidad Popular Expandida y las prácticas liminales acaban de jugar un papel fundamental en la coyuntura actual y se reescriben otra vez como: ES TEATRO NECESARIO DE ESTOS TIEMPOS.

Arturo López.
Actor, director, pedagogo e investigador teatral.

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