Trayectorias Literarias Dominicanas: María Teresa Puigbó
Por Ramón Saba
Nació el 29 de mayo de 1963 en Santo Domingo. Su nombre completo es María Teresa Puigbó Spagnuolo.
Poeta, ensayista, novelista, periodista cultural, creadora de cuentos infantiles y abogada. Completó el bachillerato en el colegio Carol Morgan School of Santo Domingo; continuó sus estudios y se hizo técnica en periodismo en el Instituto Dominicano Dr. Salvador Pittaluga Nivar; continuó sus estudios en la Universidad Nacional Pedro Henríquez Ureña (UNPHU) donde obtuvo el título de licenciada en Derecho; completó sus estudios de grado con una maestría en Derecho Empresarial y Legislación Económica en esa misma universidad y posteriormente terminó un postgrado en Habilitación Docente en la Universidad Católica Santo Domingo (UCSD) y otro en Capacitación- Cultural en el Teatro Nacional.
María Teresa Puigbó laboró como consultora jurídica de la presidencia, gerente legal de BANINTER, oficial de cumplimiento en el Citibank, subgerente del departamento de Comercio Electrónico y Firma digital del Instituto Dominicano de las Telecomunicaciones (INDOTEL y profesora de inglés del colegio Ashton School, entre otros más. Ha impartido talleres de Escritura Creativa para niños, reciclaje, y teatro infantil. Ha figurado como traductora de textos jurídicos en la revista de literatura mexicana Versos y Palabras.
Entre los reconocimientos que ha merecido María Teresa Puigbó , podemos mencionar que a la corta edad de trece años, ganó el segundo premio de poesía en el concurso Intercolegial del Caribe de escuelas angloparlantes representando a su colegio Carol Morgan School; en este mismo año 2026, su poema “Materia en Tránsito“ fue seleccionado mediante concurso por la editorial colombiana Litéfilos para ser incluida en la antología latinoamericana Muerte Vol. 3; su poesía ha sido publicada en la revista Letras Salvajes del catedrático José Alberto Martínez, director del departamento de Humanidades de la Universidad de Aguadilla Puerto Rico.
Dos de los poemas que conozco de María Teresa Puigbó merecen una atención especial: “Materia en tránsito” y “Soliloquio de la vagina”. El primero, que es mi preferido de ambos, es una composición de gran ambición filosófica, y el segundo no es un texto erótico, es más bien una reivindicación simbólica donde ese órgano deja de serlo para convertirse en voz. En esencia, y basado exclusivamente en estos dos poemas, considero que su poesía exige un lector dispuesto a detenerse, a descifrar referencias culturales, mitológicas y espirituales ya que, al parecer, ella no busca conmover mediante la emoción inmediata, sino mediante una construcción intelectual que termina desembocando en una emoción más profunda.
El escritor y editor Rafael Rodríguez estima que la obra de María Teresa Puigbó se distingue por una sensibilidad humanista que explora la memoria, la experiencia cotidiana y los vínculos entre literatura, arte y sociedad. Ha participado activamente en encuentros y actividades literarias del gran Santo Domingo, manteniendo un firme compromiso con la promoción de la cultura y el pensamiento humanista.
Por otro lado, el escritor Nelson Ricart-Guerrero opina que le obra Bajo los ojos de la luna de María Teresa Puigbó está constituida por cinco secciones en apariencia disímiles. El título de este poemario tomado de uno de los poemas nos introduce a los misterios, las maravillas, que inspiran el conjunto. Ella nos habla de su pertenencia al mundo caribeño haciendo referencia a un criollismo heredado de las diferentes culturas que los constituyen y nos acerca, además, a un bilingüismo poético que nos acerca a su propia historia.
Concluyo esta entrega de TRAYECTORIAS LITERARIAS DOMINICANAS con un fragmento de un poema de María Teresa Puigbó:
MATERIA EN TRÁNSITO
No morí sola.
Bajo la lengua llevaba monedas,
frías como el saber antiguo,
puestas allí por manos
que entendían
que ningún cruce es gratuito.
No recuerdo quién las dejó.
Solo la certeza:
el paso exige peso,
renuncia,
quietud.
El Estigia no preguntó mi nombre.
Los ríos no creen en identidades.
Pidió únicamente
que soltara.
Abrí la boca.
Las monedas cayeron
sin sonido,
como cae lo que ya cumplió su destino.
Carón observó mis manos:
lo que sostuve,
lo que enterré,
lo que dejé caer
antes de comprender.
Del otro lado
el tiempo perdió tensión.
Y el cuerpo, por fin,
descansó
de sostenerse a sí mismo.
La piel volvió a la sal.
La carne aprendió el idioma de la tierra.
Los huesos cedieron
y escucharon.
