El Congreso “estudia para pasar”
Por Luis Córdova
Dejarlo todo para última hora resume una de las características más visibles de nuestro modo de actuar como pueblo. Preferimos evitar las complicaciones inmediatas con la confianza de que el tiempo terminará resolviendo lo que hoy dejamos pendiente.
No parece ser un tema de la oralidad ancestral sino de una deformación que termina asumiéndose como identidad en la consuetudinaria práctica de la escuela, el estudiante que solo estudia para el examen. En su infeliz esperanza de aprenderse en horas el contenido de semanas o meses; el segundero y el agotamiento lo hacen llegar al examen con la reducida aspiración de “pasar”.
Algo parecido, tristemente, es lo vivido con la “vacatio legis” del Código Penal, sancionado por un Senado y por la Cámara de Diputados el 31 de julio de 2025 y promulgado el 3 de agosto de 2025 mediante la Ley núm. 74-25.
Durante el año previo a su entrada en vigencia se suponía que estarían listas las condiciones para un nuevo Ministerio de Justicia, los reglamentos, las adecuaciones institucionales, la pedagogía ciudadana y los ajustes normativos que demandaba una legislación con más de setenta nuevos tipos penales.
Atrás quedaban la primera jornada de adecuación del Código de 1884, emprendida en 1997 bajo el liderazgo del Dr. Artagnan Pérez Méndez; veinte años de intensas discusiones académicas y mediáticas, y el profuso debate, más filosófico y religioso que jurídico, sobre las tres causales.
Pero el tiempo nos sorprendió. Los doce meses que debieron servir para ajustar las exigencias sociojudiciales terminaron consumidos entre reclamos tardíos y respuestas aun más lentas. Para que los legisladores despertaran de su letargo hubo que volver a sonar los cacerolazos y para poder visibilizar las exigencias tuvieron que volver a pasear por la temida Plaza de la Bandera.
Durante un año el Código Penal tuvo tiempo. En la última semana tuvo urgencia. Y en la política dominicana la urgencia casi siempre sustituye al trabajo.
Algunos funcionarios de justicia, cónsonos con esa tradición del pesimismo dominicano, han llegado a sostener que es preferible ponerlo en vigencia tal como está y corregirlo después. Volvió entonces aquel viejo refrán de que “la carga se acomoda en el camino”, una manera de aceptar que lo importante es avanzar aunque las condiciones todavía no estén dadas.
En apenas unas horas el legislador dominicano conoció, ponderó y aprobó cerca de ochenta propuestas que derivaron en una veintena de modificaciones. Todo con la premura de quien descubre que el examen es al día siguiente. El problema del Código Penal no es que se discuta mucho. Es que se discute demasiado tarde.
Tal vez el problema nunca fue el Código Penal. Tal vez el problema es una cultura institucional que convierte cada reforma en un examen de última hora. Discutimos cuando el plazo vence, reaccionamos cuando la crisis estalla y corregimos cuando el daño ya ocurrió. El estudiante que estudia la noche anterior puede aprobar un examen. Pero un país que administra sus reformas como si siempre estuviera en vísperas del examen difícilmente aprobará el futuro.
