Un presidente ilegal en una guerra ilegal
Por Arnaldo Musa
Basta que un presidente saque beneficios personales en su mandato para que se considere ilegal su postura, y así ha sido conDonald Trump en Estados Unidos.
Sin dudas, Donald Trump se ha beneficiado personalmente de la agresión ilegal que desató con «Israel» contra la República Islámica de Irán, con una secuela de miles de muertes, la mayoría civiles, y la destrucción de una amplia infraestructura, que no han logrado conducirle a victoria alguna, por la amplia y debida respuesta de Teherán.
En este contexto, el senador estadounidense Chris Van Hollen acusó al presidente Donald Trump de beneficiarse personalmente de la“guerra ilegal con Irán”, basándose en un informe que indica que las inversiones de Trump en los sectores de petróleo y gas generaron ganancias de hasta 15,5 millones de dólares este año, convirtiendo a la Casa Blanca en un “casino de pago por jugar”, acusándolo de beneficiarse “obscenamente de una guerra sin sentido”.
En fin, Trump ha amasado más de mil millones de dólares desde que regresó al cargo.
En tanto el apoyo a la guerra contra Irán llegó a su nivel más bajo. Revela una encuesta de Reuters/Ipsos que mostró que solo el 31 por ciento de los estadounidenses apoya la acción militar contra Irán, lo que contribuye a que la popularidad de Trump se mantenga en mínimos históricos, según el periódico británico The Independent.
Historia reveladora
Toda esta historia comenzó en una sonada reunión de abril del 2024, previo a las presidenciales, cuando, en una cena privada en Mar-a-Lago, Donald Trump pidió a los ejecutivos petroleros presentes que donaran mil millones de dólares a su campaña a cambio de una desregulación, recortes fiscales y permisos acelerados de perforación.
Lo calificó como un “trato”. Y muchos de ellos respondieron con creces; según datos de OpenSecrets y Climate Power, el sector fósil invirtió un total de 445 millones de dólares en influir en el resultado de las elecciones del 2024 en publicidades y lobby. Quien organizó aquella reunión fue Harold Hamm, fundador de Continental Resources, una de las mayores productoras de petróleo de Estados Unidos.
Hamm, con un patrimonio estimado en 18 mil 500 millones de dólares, ha donado en la última campaña más de un millón de dólares a los distintos supercomités de recaudación de Trump (SuperPac), lo que le permitió influir en el nombramiento en la Administración de figuras como Wright y el secretario del Interior, Douglas Burgum. También ha contribuido a la ampliación de la Casa Blanca y realizado diversas reuniones con funcionarios trumpistas para presionar políticas energéticas.
Otra de las figuras más beneficiadas es la empresaria Kelcy Warren, fundadora de Energy Transfer, un imperio de gasoductos valorados en 54 mil millones de dólares. Warren es una de las figuras que más ha aportado al proyecto trumpista con más de cinco millones en la campaña presidencial y luego, con 25 millones a Maga Inc, el principal Super Pac que recauda dinero para la Casa Blanca. El retorno fue inmediato: Trump revirtió la pausa de Joe Biden sobre las exportaciones de gas natural licuado y desbloqueó un proyecto estrella de Energy Transfer en Luisiana. Según el Brennan Center for Justice, la fortuna personal de Warren creció aproximadamente un 10% solo con esa aprobación.
Los «insiders»
Pero esta administración no solo recibe donaciones del sector petrolero, sino que está compuesta por él; 111 “insiders del sector fósil y opositores a la energía renovable» están esparcidos en distintos cargos en nueve agencias federales, 43 de ellos provienen de empresas de carbón petróleo o gas. La mayoría en el Departamento del Interior, dirigido por Burgum, exgobernador de Dakota del Norte, el segundo estado petrolero más importante de Estados Unidos, cuya familia está vinculada al arriendo de tierras a compañías petroleras, entre ellas, a la compañía Continental Resources de Hamm.
Entre sus primeras medidas como secretario del Interior; revocó la protección sobre varias plataformas continentales para la producción petrolera y 1,53 millones de acres del Refugio Nacional de Vida Silvestre del Ártico. Burgum, además, es el primer titular del interior que preside el Consejo Nacional de Dominancia Energética.
Lo acompañan figuras como el propio Wright, fundador de Liberty Energy, una empresa fractura casi el 20 por ciento de los pozos en Estados Unidos. Algunas de sus medidas se han enfocado en eliminar 47 regulaciones, cancelar 13 mil millones en fondos para la promoción de la energía limpia, y emitir licencias para la exportación de GNL para compañías como Commonwealth LNG, Venture Global CP2, Port Arthur LNG Fase II (Sempra Energy), y Golden Pass (de Qatar Energy y ExxonMobil), entre otras.
Este sector es uno de los más beneficiados con la destrucción de las instalaciones de GNL por la guerra en Irán. En la Administración también está Lee Zeldin, administrador de la Agencia de Protección Ambiental de Estados Unidos, quien como congresista recibió más de 400 mil dólares por parte del sector de hidrocarburos. Durante su gestión eliminó 31 regulaciones y la base legal que le permitía a la Agencia regular las emisiones de gas de efecto invernadero.
Todo esto se conjugó, además, con incentivos fiscales por 18 mil millones de dólares, y recortes de tasas fiscales, dados por la One Big Beautiful Bill Act, la reforma fiscal promovida por Trump. Por eso, sorprende bastante poco los movimientos bursátiles que se beneficiaron de “información privilegiada” para enriquecerse con declaraciones de Trump o anuncios oficiales de la Casa Blanca.
Los privilegios
A las 6,49 de la mañana del 23 de marzo, un operador vendió seis mil 200 contratos de futuros de petróleo Brent y WTI por un valor de aproximadamente 580 millones de dólares en un solo minuto. Para darse una idea de la magnitud de la venta; el volumen promedio durante las sesiones del mercado anteriores fue de 700 contratos, ese día seis mil 200, nueves veces media. Quince minutos después, Trump publicó en su red social Truth Social que desistía de su amenaza de bombardear las centrales eléctricas de Irán porque había “conversaciones buenas y productivas con Teherán”, algo que los miembros del gobierno iraní negaron. El petróleo cayó de inmediato un 10 por ciento y el Dow Jones subió más de mil puntos.
Para el economista Paul Krugman, la jugada fue bastante clara; “pudieron vender, por ejemplo, un montón de futuros de petróleo a las 6:30 de la mañana y luego recomprarlos a las 7:07, después del anuncio de Trump. Así que sales ganando. Vendiste a un precio alto y los recompraste a un valor más bajo. La cantidad real de dinero que ganas no es el volumen total de la operación, pero es mucho dinero. Básicamente, estás haciendo arbitraje entre el precio justo antes y el precio justo después. No he hecho los cálculos exactos, pero si decimos que hubo una variación de alrededor del 10 por ciento en los precios del petróleo, y que el volumen de transacciones fue de 580 millones de dólares, entonces alguien se llevó el 10 por ciento de esa cantidad. Digamos que fueron 58 millones de dólares”. Para Peter Brandt, veterano operador de materias primas, estas operaciones se ven beneficiados por el hecho de que en Estados Unidos «no existe una ley específica contra este tipo de insider trading» en mercados de futuros, a diferencia de lo que ocurre con acciones.
Estas jugadas se replicaron en otros mercados como el de apuestas. El 27 de febrero, más de 150 cuentas de Polymarkey apostaron por un ataque estadounidense contra Irán al día siguiente. Por supuesto, una de las cuestiones que más benefician la impunidad de estas acciones es el desarme de la Sección de Integridad Pública del Departamento de Justicia, dedicada a investigar estos casos, que ha pasado de 36 abogados a dos en 2025. También las 159 pesquisas federales canceladas, las cuales involucraban en más de 30 casos a empresas que donaron a la investidura o a la Casa Blanca de Trump.
Impunidad
Como en toda la administración, la impunidad se ha vuelto la regla de todos estos negocios amparados en el poder presidencial. El ‘lobby’ petrolero pro-Trump se hace de oro con la guerra contra Irán.
El sector fósil estadounidense, gran donante del republicano, multiplica sus beneficios con el cierre de Ormuz y la crisis global de refino.
