El 4% el gasto y el eslabón perdido del aprendizaje

Por Manuel Brito

Cuando el presupuesto crece y el aula no responde.

El dato matando el relato: el 4% frente a los resultados de PISA

Es una historia triste, costosa y políticamente incómoda. Y hay que decirla sin anestesia: estudiando las informaciones de PISA 2025 y el análisis del Centro Regional de Estrategias Económicas Sostenibles (CREES), República Dominicana acumula un gasto público de US$48,996 por estudiante entre los 6 y 15 años, mientras sus resultados en ciencias siguen en el sótano de América Latina.

No estamos frente a un país que no invierte. Estamos frente a un Estado que gasta mucho y aprende poco. Y eso tiene responsables.

La publicación de PISA 2025 vuelve a desnudar una verdad que el oficialismo quiere reducir a un porcentaje del PIB. Ya no cuela el relato del 4%. El país ha hecho un esfuerzo fiscal enorme, sí, pero la pregunta que incomoda al poder es otra: ¿Cuánto aprendizaje está comprando cada peso del pueblo dominicano? Esa es la pregunta que ningún ministro quiere responder.

Los datos de CREES matan cualquier propaganda:

República Dominicana gasta US$48,996 acumulados por estudiante. Es el cuarto gasto más alto de la región. Y saca 361 puntos en ciencias en PISA 2025.

Compárese:
Perú, con US$22,824 por estudiante, menos de la mitad que nosotros, saca 406 puntos.
México, con US$33,158, saca 414.
Brasil, con US$38,065, saca 409.

Gastamos como país rico y aprendemos como país estancado. No es que gastar menos dé mejores resultados automáticamente. Es que el volumen del gasto no tapa la mala calidad de la gestión. El dinero está, el aprendizaje no aparece.

Y aquí se cae el mito del 4%.

El 4% del PIB no puede seguir siendo un escudo político para no rendir cuentas. El 4% no es un logro, es un instrumento. No es el resultado. El resultado es lo que pasa en el aula. Y lo que pasa en el aula, según PISA, es dramático.

361 puntos en ciencias frente a 482 del promedio de la OCDE. Apenas el 26% de nuestros estudiantes alcanza el Nivel 2, el mínimo para comprender un texto científico básico, mientras la OCDE promedia 74%. El 74% de los estudiantes dominicanos quedó por debajo de ese nivel básico. Y prácticamente ninguno, cero, llega a los niveles 5 y 6 de excelencia. No estamos formando la generación de la competencia global. Estamos graduando analfabetos funcionales caros.

Que nadie me venga con el cuento de que todo es un desastre sin matices. Hay que ser justo con los datos: de 2018 a 2025 hay una mejora. Ciencias pasó de 336 a 361. Matemáticas de 334 a 339. Lectura de 342 a 346. La propia OCDE reconoce que estamos por encima de 2015 y 2018.

Pero ahí está la trampa política: avanzamos desde el sótano para seguir en el sótano. Y lo más grave, lo que el MINERD no quiere explicar: entre 2022 y 2025 el país se estancó. Ciencias de 360 a 361, una variación estadísticamente nula según la propia OCDE. Matemáticas y lectura igual, planchadas. Es decir, el gobierno actual recibió una tendencia de mejora y la congeló, a pesar de seguir ejecutando miles de millones del 4%.

¿Entonces dónde se están yendo los US$48,996 por estudiante?

No es dinero que llega directo al cuaderno del niño. Ese monto acumulado es salarios abultados, botellas, alquileres, transporte, alimentación con escándalos, infraestructura sin mantenimiento, tecnología sin formación docente, y una burocracia que se come el presupuesto antes de que llegue a la pizarra. PISA no mide corrupción, pero cualquier dominicano sabe hacer la conexión entre gasto sin resultados y gasto sin control.

La pregunta ya no puede ser «¿cuánto gastamos?». Esa pregunta la responde cualquier nómina. La pregunta política que hay que hacerle a este modelo es: ¿En qué se gastó cada peso y quién responde por el aprendizaje que no llegó?

Un Estado moderno no anuncia cuánto ejecutó. Publica cuánto aprendieron sus hijos. Nosotros tenemos un Estado que anuncia ejecución de 95% y esconde que 3 de cada 4 muchachos no saben interpretar ciencia.

Y la OCDE da una pista clave que la politiquería ignora: el factor maestro. En República Dominicana, la relación entre apoyo docente y desempeño en ciencias es de 0.68, una de las más altas del mundo PISA. Traducción política: cuando el maestro apoya, el muchacho aprende. Pero este modelo no está apoyando al maestro. Lo está sobrecargando, malformando y abandonando en un aula sin acompañamiento real.

Por eso el problema no se resuelve con más varilla y más blocs, ni con más tablets sin internet, ni con más discursos del 4%. Se resuelve convirtiendo escolarización en aprendizaje. Y eso implica romper con la lógica clientelar que ha convertido al MINERD en una agencia de empleos y contrataciones, no en el rector de la calidad.

Y esto conecta con todo lo demás que hemos venido denunciando: es el mismo patrón del agro, el mismo patrón de los subsidios, el mismo patrón de la deuda. Mucho gasto, pocos resultados. Nos endeudamos para gastar más, pero producimos menos alimentos, menos aprendizaje y menos futuro.

PISA 2025 no debe usarse para buscar un chivo expiatorio. Debe usarse para abrirle un juicio político a un modelo de gestión que confunde presupuesto con desarrollo.

El 4% fue una conquista de la sociedad. No puede convertirse en la coartada de la mediocridad.

Porque el presupuesto puede financiar escuelas; pero solo una Visión de Estado produce aprendizaje. Y el retorno de cada peso no se mide en el informe de ejecución del Ministro de Hacienda. Se mide en la capacidad de un joven de Villa Mella o de Monte Plata para entender un texto, resolver un problema y competir en el mundo.

Por eso, la pregunta que debió ser el título de este análisis es la que todo padre dominicano debería hacerle al gobierno:

US$48,996 por estudiante: ¿cuánto aprendizaje estamos comprando?

 

 

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