RD$250 si el plátano llega a RD$50

Por Juan Carlos Espinal

Hay precios que aumentan y simplemente encarecen una compra. Y hay otros que, por la importancia del producto, terminan convirtiéndose en una señal de algo mucho más profundo. El plátano pertenece a esa segunda categoría. Forma parte de la alimentación cotidiana dominicana y su precio funciona casi como un termómetro de lo que ocurre en el campo. Por eso, la advertencia de que podría llegar a RD$50 por unidad no debería leerse solamente como una noticia sobre un alimento más caro, sino como una señal de presión sobre la producción agrícola.

La advertencia fue hecha por Alex Cruz, presidente de la Asociación Dominicana de Productores de Plátanos (Adoplátano), quien atribuye la presión al efecto de la sequía sobre las zonas productoras. Según Cruz, el aumento comenzó a sentirse antes de lo habitual y podría continuar hasta abril de 2027 si persisten las condiciones de falta de agua. El dirigente ha señalado que, dependiendo del establecimiento, el plátano puede encontrarse actualmente alrededor de RD$25 y que, de mantenerse la situación, podría alcanzar los RD$50.

Pero hay una precisión importante: RD$50 no es hoy el precio general del plátano ni una cifra que el Gobierno considere inevitable. Es una proyección planteada por los productores ante la persistencia de la sequía. El ministro de Agricultura, Francisco Oliverio Espaillat, ha reconocido que el déficit de lluvias ha afectado algunas zonas productoras, particularmente en el Cibao Central, pero sostiene que las condiciones han comenzado a mejorar y que la producción se mantiene en niveles que no justifican, por ahora, prever un aumento hasta RD$50.

Ahí está precisamente el punto interesante de esta historia: dos señales distintas frente a un mismo problema. Los productores miran la finca y advierten sobre lo que puede ocurrir si continúa faltando agua. Agricultura observa la producción disponible y las lluvias recientes y sostiene que todavía no existe una situación crítica. La realidad de las próximas semanas terminará diciendo cuál de esas dos perspectivas describe mejor lo que llegará al mercado.

Mientras tanto, la matemática es sencilla y explica por qué la advertencia genera preocupación. Si un plátano llegara a costar RD$50, cinco unidades representarían RD$250 y diez alcanzarían RD$500. No hace falta convertir esa cifra en una alarma para comprender su impacto. Basta pensar en una familia que compra plátanos varias veces por semana. Un incremento sostenido termina acumulándose en el presupuesto doméstico, especialmente cuando otros alimentos también están sometidos a variaciones de precio.

Pero el problema comienza mucho antes de llegar al colmado o al supermercado. Comienza en la tierra. El cultivo del plátano requiere una disponibilidad importante de agua y las zonas productoras del Cibao Central han sido señaladas entre las áreas afectadas por el déficit de lluvias. Productores del sector han planteado que la respuesta no puede limitarse a esperar que vuelva a llover: hace falta mejorar las fuentes de agua, modernizar los sistemas de riego y aumentar la capacidad de las fincas para enfrentar períodos de sequía.

Adoplátano ha planteado precisamente esa transformación. Entre las alternativas propuestas están el riego por goteo y la instalación de paneles solares para operar bombas de agua. La organización gestiona además con el Banco Agrícola un plan piloto que inicialmente contempla a 30 productores de diferentes provincias. La idea es utilizar tecnologías que permitan llevar el agua hasta las plantaciones con mayor eficiencia y reducir la dependencia de sistemas menos eficientes.

La propuesta tiene una lógica que va más allá del precio actual. Si el clima hace más impredecible la disponibilidad de agua, la respuesta no puede ser únicamente esperar el próximo período de lluvias. El campo necesita infraestructura capaz de reducir esa dependencia. No se trata de controlar el clima, algo imposible, sino de aumentar la capacidad productiva para resistir sus efectos.

Y ahí aparece una discusión mucho más importante que la de los RD$50:

¿Estamos preparados para producir alimentos en un escenario climático menos predecible?

Porque el problema del plátano puede terminar siendo solamente el primer aviso. Una sequía prolongada no afecta un único cultivo. Presiona distintos productos, altera calendarios agrícolas, reduce rendimientos, aumenta los costos de producción y puede trasladar sus efectos a toda la cadena alimentaria. Reportes recientes ya registran afectaciones en cultivos como plátano, piña, aguacate y mango, además de dificultades para la actividad ganadera.

También existe una dimensión tecnológica y laboral. Los productores han señalado la necesidad de avanzar hacia una mayor mecanización de las plantaciones debido a las dificultades para conseguir mano de obra agrícola. El desafío, por tanto, no es solamente conseguir agua: también es producir de manera más eficiente, incorporar tecnología, facilitar financiamiento y hacer que las nuevas generaciones encuentren en la agricultura una actividad capaz de competir en productividad y oportunidades.

Por eso reducir toda la discusión a si el plátano llegará o no a RD$50 sería quedarse con la cifra y perder la historia.

La verdadera historia está en el agua.

Un plátano no aparece en el mercado porque alguien decidió venderlo a determinado precio. Antes hubo una finca, una planta que necesitó agua, un productor que tuvo que financiarla, trabajadores que tuvieron que cultivarla, sistemas de riego, transporte y una cadena completa hasta llegar al consumidor. Cuando uno de esos elementos comienza a fallar, el efecto puede terminar apareciendo en el precio.

Y el agua conecta todo.

Hoy el Gobierno dice que las condiciones están mejorando. Los productores, mientras tanto, advierten que todavía existe un riesgo importante si la sequía continúa. Ambas posiciones deben ser observadas con datos y no con titulares alarmistas. Lo que corresponde ahora es seguir la producción, la disponibilidad de agua y el comportamiento real de los precios.

Porque RD$50 puede ser una advertencia y no necesariamente el precio que terminemos pagando.

Pero incluso si nunca llegara a ese valor, la advertencia habrá servido para poner sobre la mesa una pregunta que no debería desaparecer cuando bajen los precios:

¿Cuánto nos está costando no haber preparado mejor nuestro campo para el futuro?

Ese puede ser el verdadero precio del plátano.

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