IDG: respuesta de China a la fractura del multilateralismo

Por Isaura Diez.
La Iniciativa de Desarrollo Global (IDG), propuesta por el presidente chino, Xi Jinping, hace hoy cinco años, deviene un espacio de cooperación real, medible en acuerdos, en instituciones y en participación efectiva de más de un centenar de países.

Esto es especialmente relevante en un momento en que la tendencia dominante en buena parte de Occidente apunta a menos cooperación, más condicionalidad y proteccionismo.

En un mundo turbulento y fracturado, la diferencia entre construir puentes o levantar aranceles constituye una toma de posición histórica de China.

Xi hizo esta propuesta durante el 76 período de sesiones de la Asamblea General de la ONU, cuando el mundo atravesaba todavía las secuelas de la pandemia y la arquitectura multilateral ya mostraba fisuras profundas.

En ese contexto, la IDG no puede reducirse a un ejercicio de diplomacia pública. El canciller Wang Yi señaló que la iniciativa pasó de ser una propuesta china a convertirse en un consenso internacional con resultados prácticos.

Actualmente, más de 130 países y organizaciones internacionales participan en su implementación y cerca de un centenar ha suscrito acuerdos formales de cooperación con Beijing bajo este marco.

Si comparamos con la membresía misma de Naciones Unidas, que agrupa a 193 Estados, la IDG ha logrado, en apenas un lustro, la adhesión activa de más de dos tercios de la comunidad internacional.

Esta adhesión no puede explicarse solamente por la capacidad de convocatoria de China. Responde, sobre todo, a un vacío estructural que la propia comunidad internacional no ha logrado llenar: el estancamiento de la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible.

Por otro lado, el valor geopolítico de la IDG no puede desligarse del contexto en que se despliega: un sistema internacional donde el Occidente colectivo liderado por Estados Unidos ha optado por el proteccionismo comercial, la imposición de sanciones unilaterales y la condicionalidad política como herramientas de relación con el Sur Global.

Aranceles, restricciones tecnológicas, condicionamientos ligados a reformas internas y una ayuda al desarrollo cada vez más instrumentalizada como palanca de influencia geopolítica configuran un patrón que numerosos países en desarrollo aprendieron a identificar.

Sin embargo, ningún país puede alcanzar una prosperidad sostenible de manera aislada y cada vez más voces defienden también un sistema comercial internacional abierto y basado en reglas, no en la discrecionalidad de las grandes potencias.

De la idea al mecanismo

Lo que distingue a la IDG es su capacidad de institucionalización. Beijing construyó los mecanismos para sostenerla.

Los diálogos de alto nivel sobre desarrollo global, impulsados sistemáticamente desde 2021, y la creación de la Plataforma Empresarial para el Desarrollo Compartido Global -que articula la cooperación estatal con la inversión del sector privado chino- constituyen la infraestructura operativa que permitió a la iniciativa entrar en la fase de ejecución.

Esta capacidad de traducir propuestas en mecanismos es uno de los elementos que más distingue el enfoque chino de cooperación al desarrollo y que lo separa del paradigma occidental.

La IDG se construye explícitamente sobre el principio de la no condicionalidad, priorizando áreas de necesidad inmediata (reducción de la pobreza, seguridad alimentaria, innovación tecnológica) antes que exigencias de reformas de políticas internas.

Asimismo, la Iniciativa para el Desarrollo Global es la primera de cuatro propuestas globales articuladas por Beijing en años sucesivos: la Iniciativa de Seguridad Global (2022), la Iniciativa de Civilización Global (2023) y, más recientemente, la Iniciativa de Gobernanza Global (2025).

Este sistema conceptual busca ofrecer, desde China y en diálogo con el Sur Global, una alternativa integral al orden internacional heredado de la posguerra.

Las iniciativas abogan por redefinir los términos sobre los que se discute la gobernanza global: qué se entiende por desarrollo y por seguridad, qué papel juega el diálogo entre civilizaciones y cómo debe reformarse la gobernanza de las instituciones multilaterales.

En un momento en que el consenso de posguerra, liderado durante ocho décadas por Washington y sus aliados, muestra signos de fatiga y de creciente unilateralismo, la propuesta china pretende abrir un espacio donde el Sur Global participe en la definición de las reglas, y no se limite a acatarlas.

 

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