Hegemonía, guerra cognitiva y lucha de clases, las sombras del algoritmo contra el Caribe.

Por Luis Fidel Escalante

En la fase imperialista contemporánea, la confrontación de clases y la disputa por la soberanía nacional han trasladado una parte crucial de sus operaciones al ámbito de la superestructura ideológica. El asedio sistemático contra los procesos emancipatorios de nuestra cuenca caribeña ya no recurre únicamente a las formas clásicas de coerción armada directa, sino a un dispositivo de dominación más sofisticado y peligroso, la guerra cognitiva y la fabricación industrial del consenso contrarrevolucionario. Los análisis de Raúl Antonio Capote arrojan luz sobre este fenómeno al desentrañar cómo las técnicas contemporáneas de manipulación comunicacional, la manufactura de la posverdad y la resurrección del Tartufo burgués operan como instrumentos de desestabilización al servicio del capital financiero internacional y los intereses hegemónicos del imperialismo estadounidense. (Enlaces de sus artículos en los comentarios)

Desde el materialismo histórico se comprende que las ideas dominantes en cualquier época son las ideas de la clase dominante. El encuadre ideológico (“framing”)[*] y el control de la agenda pública constituyen hoy las herramientas privilegiadas del monopolio corporativo digital para imponer una lectura distorsionada de la realidad material. Cuando Washington emite órdenes ejecutivas que catalogan a alguno de nuestros países como una “amenaza inusual y extraordinaria” o medidas coercitivas unilaterales (mal llamadas “sanciones”), no ejecuta meros formulismos diplomáticos, sino que activa una operación superestructural de deshumanización. Se trata de legitimar la violencia económica o agresión militar ante los ojos de la clase trabajadora internacional inscribiendo a estas naciones dentro del imaginario reaccionario del terrorismo y el caos. Mediante un bombardeo algorítmico incesante, los consorcios mediáticos sitúan en el centro del debate la imagen de un colapso inminente, ocultando de forma deliberada tanto las causas estructurales impuestas por el bloqueo como la el potencial de la organización de las clases populares, que constituyen el verdadero motor de la defensa revolucionaria y su resistencia.

A este despliegue se suma la técnica del “gaslighting” [**] colectivo y la producción planificada de la duda, mecanismo que funciona como un auténtico corrosivo de la conciencia de clase. Las corporaciones de la comunicación y los laboratorios de guerra psicológica aplican hoy contra los proyectos soberanos caribeños las mismas metodologías que el gran capital empleó históricamente para negar las crisis ecológicas o sanitarias. Es inflar las contradicciones secundarias, elevando y ampliando engrandeciendo a falsos expertos desvinculados de la práctica social y mutilar los datos científicos y económicos. El propósito no es sembrar una convicción alternativa sólida, sino destruir la confianza del pueblo en la posibilidad de una verdad objetiva y compartida. Al separar y seccionar las penurias materiales del pueblo cubano por ejemplo, de su raíz principal, la asfixia económica imperialista, se inocula una desmoralización calculada. En esta inversión ideológica perversa, el compromiso militante y la defensa de la patria socialista se presentan engañosamente como sumisión, mientras que la entrega al discurso hegemónico del invasor se disfraza con la máscara de la rebeldía individualista.

En este terreno fértil para el desarme ideológico prolifera la figura del Tartufo contemporáneo, proyectada a escala global por los algoritmos de las plataformas digitales. El Tartufo burgués de nuestros días, encarnado en la reacción de Miami, los operadores políticos de ultraderecha y los voceros de las corporaciones transnacionales, domina el arte de usurpar las banderas populares para enmascarar su carácter de clase. No es un mentiroso vulgar, sino un impostor que se apropia del lenguaje de la libertad, los derechos humanos y la prosperidad para neutralizar la crítica y consagrar los intereses del capital transnacional. Detrás de sus discursos humanitarios y su retórica de red social se oculta la agenda concreta de la burguesía monopolista, la recolonización del Caribe, el despojo de los recursos naturales y la restitución de las relaciones de producción capitalistas en los territorios liberados.
El examen dialéctico exige también interrogar las condiciones de recepción de este engaño, encarnadas en la complicidad trágica de Orgón[***]. La seducción que ejerce el falso salvador imperial sobre ciertos sectores no deriva de una simple ingenuidad individual, sino de la alienación y del desgaste provocado por la sostenida agresión económica y amenaza militar. Cuando las masas trabajadoras son sometidas a privaciones extremas y a un cerco multifacético, el agotamiento material puede inducir el espejismo de que un orden exterior vendrá a resolver las contradicciones internas, empujando a los fatigados a entregar la dirección política y la soberanía popular a sus propios explotadores.

La respuesta revolucionaria ante esta ofensiva debe partir de la articulación consecuente entre la teoría y la práctica transformadora. El ruido y las conspiraciones en las redes digitales revelan su esterilidad cuando chocan contra la realidad viva de la clase obrera y la clase popular organizada en las comunidades, los centros de producción y en cada ámbito de la sociedad. Frente a las sombras artificiales del algoritmo, la vanguardia revolucionaria en todo el Caribe tiene la tarea histórica de elevar la conciencia política de las masas, desenmascarar a los impostores que operan bajo el manto de la falsa virtud y reafirmar que la emancipación definitiva solo nacerá del protagonismo colectivo, la firmeza de principios y la defensa intransigente del socialismo.

El encuadre es un sesgo cognitivo en el que las personas reaccionan de manera diferente ante opciones idénticas, dependiendo de cómo se presente la información.

El “gaslighting” es una forma de manipulación psicológica y abuso emocional en la que una persona hace que otra dude de sus propios recuerdos, de su percepción de la realidad o de su cordura.

*** En la literatura y el análisis teatral de la obra Tartufo de Molière, la «complicidad trágica» de Orgón hace referencia a cómo la propia víctima de un engaño se convierte en el colaborador más activo y necesario de su opresor debido a su ceguera voluntaria y fanatismo.

Tres artículos recomendados:
(Los enlaces los comparto en los comentarios)
– Más allá del ruido digital: claves para entender la guerra contra Cuba

– La era de la posverdad: la duda como arma de manipulación masiva

-Tartufo no ha muerto: la hipocresía en tiempos de algoritmo

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