Cinco mil dólares por cada voto

Por Fidel Soto

La fundita patriótica de cinco mil dólares y la corrida de un fiscal

La admirada democracia estadounidense parece estar rodando por el suelo bajo la dirección de una administración que cada día se parece más a aquello que durante décadas Washington acostumbró a denunciar en otros países. Ahora resulta que la fórmula latinoamericana de comprar votos con funditas, tickets, dádivas y promesas de última hora llega a la metrópolis, pero con una diferencia: allá no se habla de una funda de comida, sino de cinco mil dólares por cabeza.

Donald Trump ha prometido entregar cinco mil dólares a cada ciudadano adulto si los republicanos conservan el control de la Cámara de Representantes y del Senado en las elecciones de noviembre. El detalle no podía ser más transparente: si ganan los republicanos, usted cobra; si no ganan, quién sabe. Es la compra anticipada del voto, pero presentada con el elegante nombre de «dividendo Trump». El problema es que ese supuesto dividendo costaría más de un billón de dólares y necesita aprobación del Congreso.

¡Qué sofisticación la del capitalismo democrático! En América Latina se compraba el voto con una fundita y en la gran democracia del Norte se intenta comprarlo con cinco mil dólares. El método se moderniza, el billete cambia de tamaño, pero la mercancía sigue siendo la misma: la voluntad del elector.

Y mientras se ofrece dinero a los ciudadanos para conservar el poder congresual, ocurre otro hecho que merece atención: el fiscal federal Jason A. Richman, quien había trabajado durante años en el caso contra Nicolás Maduro, dejó la Fiscalía Federal del Distrito Sur de Nueva York el 25 de septiembre y pidió que se terminara formalmente su participación en el proceso. No se ha hecho público el motivo de su salida y el caso continúa, con una audiencia prevista para noviembre y el juicio señalado para junio de 2027.

No hay que inventar razones donde no las conocemos. Pero tampoco hay que cerrar los ojos ante las coincidencias. El expediente contra Maduro continúa enfrentando cuestionamientos sobre jurisdicción e inmunidad, mientras uno de los fiscales con mayor conocimiento del caso abandona la institución. La salida no significa que el proceso se haya derrumbado, pero sí constituye un elemento más para examinar con cuidado una acusación que ha estado profundamente entrelazada con la política exterior estadounidense.

Y ahí aparece la vieja historia de los pretextos. Irak ya enseñó al mundo lo que puede ocurrir cuando las acusaciones se convierten en instrumentos para fabricar legitimidad a una guerra. Cuando los argumentos se debilitan, aparecen nuevos expedientes, nuevas amenazas y nuevas justificaciones. La diferencia es que ahora el pentagonismo parece haber aprendido que también puede comprar votos con cheques.

Cinco mil dólares para votar y expedientes judiciales para presionar. Una fórmula curiosa para la democracia que se presenta como modelo del mundo. Quizás lo único que falta es que alguien invente la «fundita patriótica» de cinco mil dólares y así la gran potencia pueda enseñar definitivamente a América Latina cómo se hace política democrática.

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