Lula da Silva: el estadista que volvió a conquistar Brasil
Por Rosanna Barrera.
La reelección de Luiz Inácio Lula da Silva no es un acontecimiento que pueda explicarse únicamente por los resultados de las urnas. Su trayectoria reúne ascenso social, liderazgo sindical, ejercicio del poder, crisis judicial, recuperación política y una capacidad sostenida para mantenerse como protagonista de la vida pública brasileña.
El pasado 25 de octubre, Lula obtuvo el 51.79 % de los votos válidos, equivalente a 64,256,232 sufragios, frente al 48.21 % alcanzado por el senador Flávio Bolsonaro, quien recibió 59,826,041 votos. La diferencia superó los 4.4 millones de sufragios y confirmó la profunda división política de Brasil.
Con este resultado, Lula se prepara para ejercer su cuarto mandato presidencial, después de haber gobernado entre 2003 y 2010 y de regresar al poder en enero de 2023.
Desde la perspectiva de la estrategia política y comunicacional, esta elección ofrece elementos de interés para comprender cómo un dirigente conserva relevancia durante décadas, reconstruye alianzas después de una crisis y consigue conectar nuevamente con una parte mayoritaria del electorado.
No se trata de idealizar su figura ni de desconocer las controversias que acompañan su trayectoria. Se trata de examinar los factores que ayudan a explicar su permanencia y las lecciones que deja una campaña en la que la gestión, la historia personal y la comunicación tuvieron un papel relevante.
Del origen obrero a la Presidencia
Nacido en 1945 en Garanhuns, Pernambuco, Lula creció en una familia humilde y se trasladó a São Paulo, donde trabajó desde joven como tornero mecánico. Su participación en el movimiento sindical lo convirtió en una figura destacada de las luchas obreras de finales de la década de 1970 y contribuyó a construir su identidad política.
Después de varios intentos electorales, llegó a la Presidencia en 2003. Durante sus dos primeros mandatos impulsó programas sociales como Bolsa Família y políticas de valorización del salario mínimo, mientras Brasil experimentaba un período de crecimiento económico y avances en distintos indicadores sociales.
Para sus partidarios, esos años representan una etapa de ampliación de oportunidades y de mayor inclusión de los sectores populares. Sus críticos, por otra parte, señalan las controversias relacionadas con la corrupción, la gestión pública y las decisiones económicas de sus gobiernos.
Esa combinación de avances, cuestionamientos y una identidad política reconocible ayuda a comprender por qué Lula ha conservado una base electoral importante. Su historia personal se convirtió en parte central de su comunicación: el dirigente que provenía del mundo del trabajo y que llegó a ocupar la máxima posición del Estado.
La crisis judicial y la recuperación política
La operación Lava Jato, que investigó redes de corrupción vinculadas con empresas, contratos públicos y figuras políticas, marcó profundamente la política brasileña. Lula fue condenado en 2017 en el caso del apartamento tríplex de Guarujá y entró en prisión en abril de 2018, lo que le impidió competir en las elecciones presidenciales de ese año.
En 2021, el Supremo Tribunal Federal anuló condenas relacionadas con determinados casos al establecer que el tribunal de Curitiba no era competente para juzgarlos. En una decisión distinta, confirmó la parcialidad del entonces juez Sergio Moro en el proceso del tríplex.
Es necesario precisar el alcance de esas decisiones: Sin embargo, las resoluciones restituyeron los derechos políticos de Lula y le permitieron volver a competir.
En 2022 derrotó a Jair Bolsonaro y regresó a la Presidencia. Su victoria fue posible mediante una coalición amplia, integrada por fuerzas políticas y sectores sociales diversos que coincidieron en respaldar su candidatura frente a la continuidad del Gobierno de Bolsonaro.
Su regreso demostró que una crisis puede debilitar profundamente a un dirigente sin necesariamente eliminar su capacidad de reconstruir apoyos. La historia política, las alianzas y la percepción ciudadana sobre las alternativas disponibles fueron parte de ese proceso.
El balance de su tercer mandato
Desde enero de 2023, Lula ha procurado recuperar programas sociales, fortalecer las políticas contra el hambre e impulsar obras de infraestructura. Brasil registró crecimiento económico durante los primeros años de su administración, aunque el desempeño general de la economía no elimina las preocupaciones cotidianas de los ciudadanos.
El costo de la vida, el endeudamiento familiar, la seguridad pública, la carga tributaria y la sostenibilidad de las cuentas estatales estuvieron entre los asuntos centrales de la campaña de 2026.
La victoria de Lula confirma que conservó una base electoral suficiente para imponerse, pero el resultado también revela que una parte considerable de la población mantiene objeciones a su proyecto político.
El reto de su nuevo mandato será convertir el respaldo electoral en mejoras verificables para los ciudadanos. La historia de un dirigente puede contribuir a construir confianza, pero la gestión presente es la que debe sostenerla.
El debate de Globo: cuando una imprudencia cambia el eje de la discusión
Uno de los episodios más reveladores de la campaña ocurrió durante el debate televisado por Globo el 23 de octubre. Al cuestionar la política económica de Lula, la carga tributaria y el costo de la vida, Flávio Bolsonaro afirmó que el presidente daba con una mano y quitaba con los “nueve dedos”.
La expresión aludía a la pérdida del dedo meñique de la mano izquierda de Lula, sufrida a los 17 años en un accidente laboral, cuando trabajaba como tornero mecánico.
La crítica a los impuestos y al poder adquisitivo formaba parte legítima de la discusión electoral. Se pudo observar claramente que la imprudencia estuvo en incorporar una característica física del adversario a un argumento que podía sostenerse con datos, propuestas y cuestionamientos a la gestión económica. Una falta grave por parte de Bolsonaro!
Lula reclamó una disculpa en el siguiente bloque y vinculó de manera magistral el episodio con su experiencia laboral y con la realidad de los trabajadores que sufren accidentes. Flávio terminó disculpándose, aunque luego retomó sus críticas al presidente.
Desde mi perspectiva como estratega política y comunicacional, el valor de este episodio está en observar cómo una intervención puede alterar el marco de una discusión. Flávio pretendía centrar la atención en los impuestos y el dinero de los ciudadanos, pero la referencia personal abrió una oportunidad para que Lula llevara la conversación hacia su historia como trabajador y la dignidad laboral.
Lula pudo reafirmar una parte fundamental de su identidad política: la del hombre que conoce el trabajo desde su propia experiencia y que ha hecho de ese origen uno de los ejes de su trayectoria pública.
La respuesta también obligó a Flávio a dedicar tiempo a disculparse y a responder a un cuestionamiento que podía haberse evitado. Fíjense ustedes en términos de comunicación, como el foco dejó de estar exclusivamente en la crítica económica y pasó a incluir el trato personal, el accidente laboral y el respeto a los trabajadores.
No sería riguroso de mi parte afirmar que ese intercambio decidió la elección. Una contienda presidencial depende de numerosos factores y no puede atribuirse a una sola frase. Sin embargo, puedo decir que el episodio permite identificar un error estratégico concreto: cuando un candidato personaliza innecesariamente una crítica, puede ofrecerle al adversario la oportunidad de cambiar el terreno de la discusión.
La lección es sencilla, aunque importante. No basta con tener un argumento; también hay que evaluar cómo se formula, qué reacción puede provocar y qué posibilidades le ofrece al contrincante para responder.
Es importante destacar y (que lo sepan nuestros políticos en RD), que la prudencia comunicacional no implica suavizar las críticas ni renunciar a la confrontación democrática. Significa dirigirlas hacia las decisiones, los resultados y las propuestas, evitando expresiones que desvíen la atención del objetivo central.
El apellido Bolsonaro y el peso de una herencia política
La candidatura de Flávio Bolsonaro estuvo inevitablemente relacionada con la trayectoria de su padre, Jair Bolsonaro, quien gobernó Brasil entre 2019 y 2022.
Su presidencia estuvo marcada por una fuerte polarización, controversias sobre la respuesta a la pandemia de COVID-19, críticas por la situación de la Amazonía y tensiones con distintas instituciones. Ese período forma parte del contexto en el que Flávio buscó construir una candidatura nacional.
Esto no significa que deba atribuírsele automáticamente la responsabilidad por todas las decisiones de su padre. Cada aspirante merece ser evaluado por sus propias propuestas, actuaciones y compromisos. No obstante, los apellidos políticos llevan consigo una historia que puede representar una ventaja para unos electores y una carga para otros.
Para una parte de la población, el bolsonarismo representa una alternativa frente al Partido de los Trabajadores. Para otra, evoca los conflictos y las controversias del Gobierno anterior. Flávio debía aprovechar el reconocimiento de su apellido y, al mismo tiempo, demostrar que podía consolidar un liderazgo propio.
Los casi 60 millones de votos que obtuvo muestran que ese espacio político conserva una fuerza considerable. Su derrota no elimina la oposición ni resuelve las divisiones del país; establece el escenario en el que deberá reorganizarse durante el nuevo mandato.
¿Qué explica la permanencia política de Lula?
La trayectoria electoral de Lula puede comprenderse a partir de varios factores que se complementan.
Su historia personal. El origen obrero, la experiencia sindical y su prolongada presencia en la política le proporcionan una identidad reconocible para millones de brasileños.
La memoria de sus gobiernos. Sus partidarios destacan las políticas sociales y la ampliación de oportunidades de sus primeras administraciones. Sus críticos mantienen objeciones relacionadas con la corrupción, la gestión pública y los desafíos económicos actuales.
La capacidad de construir alianzas. El regreso de 2022 demostró que podía reunir apoyos más allá de su núcleo partidario. La articulación de sectores diversos volvió a ser relevante en la contienda de 2026.
La polarización. En una sociedad dividida, una parte del electorado vota tanto a favor de una candidatura como para evitar la victoria de la alternativa que considera menos conveniente. Esa dinámica influye en la movilización ciudadana y en la formación de coaliciones.
La comunicación política. La forma de presentar una historia, responder a una crítica y conectar con las preocupaciones de los electores puede influir en cómo se interpreta una campaña. Sin embargo, la comunicación no sustituye la gestión: su credibilidad depende, a largo plazo, de la relación entre el mensaje y los resultados.
Estos factores ayudan a explicar la victoria de Lula sin convertirla en una valoración absoluta de su figura. Su permanencia política es un fenómeno que merece análisis, pero el respaldo electoral no elimina las responsabilidades de gobernar ni las exigencias de rendición de cuentas.
El cuarto mandato y las responsabilidades de un estadista
Lula iniciará en enero de 2027 su cuarto mandato presidencial, una circunstancia histórica que coloca nuevamente su trayectoria en el centro de la política latinoamericana.
La dimensión de su experiencia no debe confundirse con la ausencia de desafíos. Tendrá que responder a las demandas de empleo, poder adquisitivo, seguridad, infraestructura y servicios públicos, además de construir acuerdos en un país donde la oposición conserva una base electoral importante.
La condición de estadista no se establece únicamente por el número de mandatos ejercidos. También se relaciona con la capacidad de comprender las necesidades nacionales, administrar las diferencias, fortalecer las instituciones y producir resultados que trasciendan los intereses partidarios.
El nuevo período permitirá evaluar si Lula consigue responder a las expectativas de sus partidarios y, al mismo tiempo, atender las preocupaciones de quienes eligieron otra opción. Esa será una de las medidas fundamentales de su legado.
Una lección para la política latinoamericana
La elección brasileña deja enseñanzas que trascienden sus fronteras. La trayectoria de un dirigente puede atravesar períodos de desgaste y recuperar competitividad cuando mantiene una base social, reconstruye alianzas y comunica una narrativa capaz de conectar con las preocupaciones de los electores.
También muestra que la oposición necesita distinguir entre la crítica firme y el ataque innecesario. Cuestionar una gestión, sus resultados o sus propuestas es parte esencial de la democracia. Convertir una característica física o una experiencia personal en un recurso de burla puede desviar el debate y abrirle al adversario una oportunidad inesperada.
«Un político debe tener claro que la estrategia política exige preparación, disciplina, lectura del contexto y control del mensaje». Cada intervención debe responder a un objetivo y evaluarse no solo por lo que pretende comunicar, sino por sus posibles consecuencias.
El intercambio entre Lula y Flávio Bolsonaro ilustra ese principio. Una frase que buscaba reforzar una crítica económica terminó abriendo una discusión sobre dignidad, experiencia laboral y respeto. Lula supo utilizar ese cambio de terreno para recordar una parte central de su historia pública.
La conclusión no es que un debate determine una elección, sino que, en una contienda reñida, los errores de comunicación pueden abrir oportunidades y una respuesta bien encuadrada puede fortalecer una narrativa política.
Lula vuelve a conquistar Brasil con una victoria estrecha y una responsabilidad proporcional a las expectativas que ha despertado. Su verdadero desafío será transformar el respaldo recibido en resultados verificables para toda la nación, incluidos quienes no votaron por él.
Porque las elecciones se ganan mediante una combinación de historia, organización, propuestas y comunicación. Pero el legado de un estadista se construye con responsabilidad, resultados y la capacidad de responder a las necesidades de su país.
