A falta de planes, dolencia de improvisación
Por Pedro Cruz Pérez
La República Dominicana se encuentra sumida en una paradoja sombría. Justo cuando el gobierno se preparaba para celebrar la inauguración de la Línea 2C del Metro de Santo Domingo hacia Los Alcarrizos, la realidad nacional le propinó un golpe de oscuridad, un apagón general o «blackout» que dejó al país en parálisis total. Este evento no es un hecho aislado, sino el síntoma más reciente de una vulnerabilidad estructural que la retórica oficialista no puede ocultar con cintas de inauguración.
Es inaudito que un sistema eléctrico nacional colapse de forma tan estrepitosa, perdiendo cerca del 65% de su generación en cuestión de minutos, debido a la explosión de un interruptor en la subestación Hainamosa. Este incidente disparó una reacción en cadena que dejó fuera de servicio a los generadores en cascada, evidenciando que las protecciones del sistema simplemente no actuaron. Mientras el presidente Luis Abinader anunciaba que la nueva extensión del Metro operaría de forma gratuita en su «marcha blanca» miles de ciudadanos en las líneas ya existentes vivían una pesadilla, quedando varados en túneles oscuros y viéndose obligados a alumbrarse con sus celulares ante la ausencia de luces de emergencia en los andenes.
La improvisación duele, y le duele más al bolsillo del ciudadano y al comerciante. Expertos estiman que las pérdidas económicas por este apagón podrían superar los 300 mil millones de pesos. Es desgarrador ver a personas caminar kilómetros, cruzando puentes a pie para llegar a sus hogares, porque el sistema de transporte masivo en el que se invirtieron miles de millones de dólares no cuenta con un respaldo de emergencia eficiente. Resulta cuestionable que el Metro no activara su propia capacidad de generación de 40 MW, lo que sugiere una alarmante falta de mantenimiento.
Este gobierno parece haber optado por la política de los «parches» y las inauguraciones apresuradas en lugar de una planificación integral. Se anuncia con bombos y platillos la Línea 2C, pero se descuida el sistema interconectado que debe alimentarla. La ineficiencia es tal que el sector eléctrico registró pérdidas del 42.9% de la energía comprada en 2025, un lastre financiero que termina pagando el contribuyente.
Como se ha criticado desde diversos sectores, el sistema eléctrico dominicano padece una enfermedad crónica de gobernanza. Mientras las autoridades se limitan a pedir paciencia y prometen investigaciones técnicas que tardan meses, la población sufre las consecuencias de un servicio inestable y costoso. El reciente apagón es la prueba de que “las neveras, que ya estaban vacías por la inflación, ahora también están apagadas” tomando la frase de una figura de nuestra política.
No basta con expandir las líneas del Metro si no se puede garantizar el fluido eléctrico para mover los vagones. La Línea 2C podrá ser un avance en movilidad urbana, pero nace bajo la sombra de la desconfianza y la fragilidad energética. Si el Estado no transita de la improvisación reactiva a una planificación estructural seria, los dominicanos seguiremos pagando con creces los platos rotos de un sistema que se apaga justo cuando más se necesita que brille. Es hora de que el «Gobierno del Cambio» entienda que el verdadero progreso no se mide solo en kilómetros de viaductos, sino en la estabilidad y confiabilidad de los servicios básicos para toda la nación.

