Arritmias históricas: El legado económico del PRD-PRM
Por Manolo Pichardo
Con Rafael Leónidas Trujillo el país dio un salto hacia la consolidación del capitalismo, solo que la fuerza social que debía dar sustento al frágil modo de producción estuvo prácticamente ausente en razón de que él se apropió de los medios de producción a fuerza de fuego y sangre; su instinto, acompañado de una sed desmesurada por riquezas materiales, le condujo a desarrollar la infraestructura nacional que permitiría alcanzar la eficiencia requerida para que los negocios prosperaran y, así, impulsó una fuerza productiva que, en la medida que se afianzaba, en paralelo, crecían sus riquezas bajo el inmenso poder que fraguó la dictadura: omnipresente, omnisciente, que desató rechazos, el apoyo impuesto sobre la base del terror y la veneración conseguida mediante la manipulación de la ignorancia.
El asalto al poder tenía como fin colocarse en el centro de la vida pública nacional con el establecimiento de instituciones clave para centralizar el control económico y social, con el propósito de utilizar el Estado para convertir al país en una finca de su propiedad, como en efecto la convirtió, acelerando con ello el ritmo de nuestro capitalismo tardío: la sangre derramada y el hurto obsceno se convirtieron en fábricas, carreteras y puentes; en la creación del Banco Central, que nos permitió disponer de una moneda nacional; el Banco de Reservas, el Banco Agrícola, la Cámara de Cuentas, la Lotería Nacional, para generar ingresos y beneficencia controlada; la Cédula de Identidad y Electoral, como mecanismo de control civil y político; el Instituto de Auxilios y Viviendas (Savica), destinado a la seguridad social de los empleados públicos; y, por supuesto, el Partido Dominicano, al que debían estar afiliados todos los dominicanos mayores de edad.
Luego del ajusticiamiento del tirano, la transición democrática fue traumática. A Joaquín Balaguer, presidente nominal, lo desbordó la inestabilidad política, que no terminó con el Consejo de Estado ni con el breve gobierno democrático de Juan Bosch, derrocado a los siete meses de haber asumido la Presidencia tras ganar unas elecciones con cerca del 60 por ciento de los votos, a pesar de tener en contra a la oligarquía, incluida en ella a la Iglesia católica, clave en su derrocamiento. Por estos niveles de crispación y ebullición política y social, en este breve lapso las fuerzas sociales que heredarían el poder de Trujillo no tuvieron espacio para su reconfiguración y afianzamiento, pero sí encontraron solaz durante los 12 años del gobierno “dictablando” de Balaguer que, en medio de la represión política y con el auxilio y la cooperación de los Estados Unidos, promovió reformas que inyectaron a la economía un dinamismo que se tradujo en crecimiento del PIB, que alcanzó en promedio el 7.7 por ciento.
La siguiente transición democrática se produjo en 1978 con la llegada al poder del Partido Revolucionario Dominicano (PRD). El país comenzó a disfrutar de libertades públicas, pero el manejo de la economía no tuvo el éxito de los anteriores gobiernos balagueristas, pues esta inició un proceso de contracción hasta llegar al 4 por ciento del PIB, y continuó su curso de declive al deprimirse durante la administración que siguió a la de Antonio Guzmán Fernández. Pues a partir del gobierno de Salvador Jorge Blanco (1982-1986) el PIB no pudo rebasar el 1.8 por ciento. Al retornar Balaguer (1986-1996) la economía se recuperó ligeramente y en sus 10 años de gobiernos democrático el promedio de crecimiento alcanzó el 3.8 por ciento.
Tras el paso de Balaguer por su gobierno democrático asumió la presidencia Leonel Fernández, que colocó en su cuatrienio un PIB de 7.2 por ciento. Luego del regreso al poder del PRD por tercera vez sin Bosch (2000-2004), la economía volvió a desacelerar su ritmo de crecimiento. Hipólito Mejía abandonó el poder dejando un PIB que promedió el 3.9 por ciento. Leonel entonces aceitó la maquinaria de la economía con su vuelta al poder (2004-2012) e inició un proceso de crecimiento que promedió el 6.1 por ciento. Con Danilo Medina la economía mantuvo su promedio de crecimiento histórico -de los últimos 60 años- al permitir que el PIB solo se redujera al 5.1 por ciento. Aún no termina la administración de Luis Abinader y el PRM -el engendro del PRD integrado por todos los cuadros y militantes de la disminuida formación- pero los números son, en promedio, muy parecidos a los de sus hermanos gobernantes.
Queda claro que los gobiernos del PRD-PRM han representado las históricas arritmias económicas, y que los gobiernos democráticos con mejor desempeño económico son los de Leonel Fernández, en primer lugar -con PIB de 7.2 por ciento y 6.1 como ya hemos visto- y Danilo Medina -con 5.1 por ciento como referimos- que mantuvieron nuestro ritmo histórico de crecimiento.

