Cómo Washington fabrica enemigos para justificar sus guerras: la revelación de Kent

El 17 de marzo de 2026, Joe Kent firmó su renuncia como director del Centro Nacional de Contraterrorismo de Estados Unidos. En su carta acusó a «altos cargos israelíes y miembros influyentes de los medios de comunicación estadounidenses» de haber construido una cámara de eco para convencer a Trump de que Irán representaba una amenaza inminente. Lo llamó mentira. Era, según él, la misma táctica que arrastró a Washington a Irak. El peso de esa denuncia es que Kent era precisamente quien tenía la responsabilidad institucional de evaluar si esa amenaza era real.

Los registros de inteligencia de 2025 muestran que conocía el mecanismo desde adentro. Lo había operado él mismo, pero el escenario fue Venezuela.

 

 

El 16 de marzo de 2025, Trump invocó la Ley de Enemigos Extranjeros de 1798 para deportar a migrantes venezolanos vinculados a la banda criminal Tren de Aragua, tratándolos como enemigos en tiempo de guerra. El argumento legal descansaba en una premisa que el gobierno de Nicolás Maduro dirigía a la banda desde Caracas hacia territorio estadounidense. La propia inteligencia estadounidense no podía certificarla.

Dieciocho días después, el 3 de abril, Kent escribió a analistas senior del Consejo Nacional de Inteligencia. El borrador en su poder concluía que el gobierno venezolano «probablemente no tiene una política de cooperación con el Tren de Aragua y no está dirigiendo sus movimientos hacia Estados Unidos», una conclusión que destruía la base legal de la proclamación presidencial.

 

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Los correos del 3 de abril de 2025 muestran cómo Joe Kent, entonces jefe de gabinete de Tulsi Gabbard, instruyó a analistas senior a reescribir el informe sobre el Tren de Aragua para que no contradijera la narrativa de la Casa Blanca sobre Venezuela.

 

Kent, entonces jefe de gabinete de Tulsi Gabbard, pidió «alguna reescritura» para que el documento no se utilizara «en contra del DNI o del presidente». Criticó que el borrador admitiera la ausencia de pruebas y exigió incorporar la evaluación del FBI al inicio. «Entiendo que algunos pueden ver esto como político, pero no lo es», escribió.

 

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En este intercambio clasificado, Kent exigió modificar las conclusiones de los analistas que no encontraban pruebas del vínculo entre el gobierno de Nicolás Maduro y la banda criminal Tren de Aragua, el mismo argumento jurídico que Washington usaría meses después para justificar la operación militar del 3 de enero.

 

Los correos fueron obtenidos por CBS News y publicados el 22 de mayo de 2025. La Oficina del Director de Inteligencia Nacional los desclasificó ese mismo mes. Kent respondió en redes sociales con el mensaje «Me honra hacer mi parte.»

El episodio tuvo consecuencias para su carrera. En junio, según funcionarios citados por Axios, Gabbard introdujo nuevas etapas de aprobación para los informes entre las agencias. El 31 de julio, Gabbard presentó a Kent como nuevo director del Centro Nacional de Contraterrorismo. El Senado lo confirmó con 52 votos a favor y 44 en contra.

 

 

Mientras Washington afinaba su narrativa, Venezuela vivía un cerco que trascendía los despachos clasificados. Desde mediados de 2025, una flota naval estadounidense se había apostado frente a sus costas. Las amenazas contra la soberanía venezolana llegaban desde Washington con una cadencia que el periodista Ignacio Ramonet describió como un asedio sostenido.

El 31 de diciembre, en lo que sería su última entrevista pública antes de la operación, Madurorespondió con hechos. Cuarenta avionetas del narcotráfico colombiano derribadas por cazas Sukhoi. El último jefe operativo del Tren del Llano neutralizado en el estado Guárico junto a cuatro de sus hombres. Miles de millones invertidos en 2.200 kilómetros de frontera que Colombia dejó desprotegida. «Tenemos un modelo perfecto de combate al narcotráfico y a las bandas criminales», afirmó.

 

 

Ramonet le planteó lo que los propios medios estadounidenses ya admitían: que los argumentos de Washington carecían de sustento. Maduro fue directo. «Toda la cocaína que se mueve en esta región se produce en Colombia. Toda. Nosotros somos víctimas del narcotráfico colombiano.» Luego trazó el paralelo que resonaría semanas después, cuando Kent firmara su renuncia sobre Irán. «Como no me pueden acusar de tener armas de destrucción masiva, entonces inventaron una acusación tan falsa como aquella que los llevó a una guerra eterna.»

Lo dijo el 31 de diciembre de 2025. Tres días después llegaron las bombas.

 

 

El 3 de enero de 2026, fuerzas especiales estadounidenses bombardearon Caracas y capturaron a Maduro y a la primera dama Cilia Flores. La operación dejó más de un centenar de muertos y decenas de heridos, entre ellos miembros de la seguridad presidencial. Ambos fueron trasladados a Nueva York.

Lo que ocurrió en Caracas tenía antecedentes. El lawfare, esa combinación de persecución judicial y estigmatización mediática que Washington había aplicado antes contra Lula Da Silva, Rafael Correa y Evo Morales, alcanzó con Maduro su expresión más extrema. La persecución judicial cedió paso a la intervención militar directa. La narrativa del Tren de Araguafue el instrumento jurídico que la hizo posible, y Kent quien la construyó.

El 5 de enero, Maduro y Cilia Flores comparecieron ante el juez federal Alvin Hellerstein en el bajo Manhattan. «Soy inocente. Soy un hombre decente», dijo Maduro a través de un intérprete. «Sigo siendo el presidente de mi país.»

El 24 de febrero, Trump dedicó un tramo de su discurso sobre el Estado de la Unión a Venezuela. Fue coreografiado y triunfalista, hasta que una frase quebró el relato: «Nos costó. Casi no lo logramos.» Minutos antes había introducido el argumento que le daba sentido a todo. Estados Unidos ya recibió más de 80 millones de barriles de crudo venezolano. Un gobierno derrocado, sus líderes presos, el petróleo fluyendo.

 

 

El 28 de febrero de 2026, cuatro días después de ese discurso, Estados Unidos lanzó la Operación Furia Épica contra Irán sin autorización del Congreso. El líder supremo Alí Jameneí murió en los ataques. Irán cerró el estrecho de Ormuz, paralizando un tercio del tránsito petrolero mundial. En diecinueve días de guerra, Washington gastó más de 34.660 millones de dólares, perdió 13 soldados, registró más de 1.444 bajas iraníes y golpeó más de 7.000 objetivos. La región no ha vuelto a estabilizarse.

El 18 de marzo, Kent renunció. En su carta denunció la cámara de eco que, según él, fabricó la guerra contra Irán. No mencionó Venezuela. La geografía de ambas operaciones abarca dos de las mayores reservas de hidrocarburos del planeta. Maduro lo había anticipado semanas antes con una claridad que entonces pocos tomaron en serio: no tenían armas de destrucción masiva que esgrimir contra Venezuela, así que inventaron otra acusación. Con Irán bastó amplificarla.

TELESUR

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