“Cuando gemía la patria”, novela de Emilia Pereyra: Imaginario, identidad y patriotismo
Por Julio Cuevas
He aquí el contar nuestra historia, no solo para instruir al lector o a la lectora, sino con el objetivo de deleitarnos y/o entretenernos.
La pragmática escritural, el estilo y el abordaje temático, junto con el particular dominio de la lengua, son detalles formales que contribuyen a redefinir la imagen y la mirada del sujeto-creador, como sucede, en este caso, con la investigadora y narradora Emilia Pereyra.
Con esta 4.ª (Cuarta) novela de esta autora, titulada «Cuando gemía la patria» (con ilustración de la cubierta, a cargo de Ramón L. Sandoval) y con diseño y diagramación de Letragráfica e impresa en Amigo del Hogar, SRL, con 349 páginas. Santo Domingo, R.D., 2025).
Esta autora prefigura su perfil creativo e investigativo para, desde la realidad, asumir lo ficcional como núcleo básico, para construir los sentidos de su discursividad narrativa.
En esta obra, con una sentimental dedicatoria: «A mi amada inolvidable madre, Minerva Pérez, quien habría querido leer esta novela», consta de dos (2) extensos capítulos. El primer capítulo está integrado por cuarenta y cuatro (44) subtítulos y el segundo y último capítulo está integrado por diecisiete (17) subtítulos, para un total de sesenta y uno (61) subtítulos que le sirven de soporte para que esta narradora plasme sobre la hoja en blanco su andamiaje de hechos reales ficcionados.
Aunque parte de hechos reales, la ficción entra a darle valor y sentido simbólico y estético a su narrar. Se trata de un decir o narrar nuestra historia, a partir del imaginario simbólico que delimita el accionar de los personajes que aquí interactúan.
He aquí el contar nuestra historia, no solo para instruir al lector o a la lectora, sino con el objetivo de deleitarnos y/o entretenernos.
Este es uno de los aspectos definitorios que fluye en este narrar. Se asume aquí el lema de deleitar-enseñando y enseñar-deleitando, lema que uso con frecuencia, cuando encuentro lo estético vinculado a lo didáctico, sin que ninguno de estos planteamientos, pretenda suplantar al otr en el proceso creativo.
En esta obra, la historia nacional queda registrada con determinado rigor académico, desde la investigación, sin omitir el potencial creativo y estético que se perfila en el desarrollo de su narrar.

Desde un narrar fluido, los hechos transcurren en esta novela a partir de la ilación coherente de los hechos y sus conflictos. Aquí no nos interesa si son o no reales, porque la forma en que son dichos o narrados nos involucra de manera participativa en su entramado dramático.
El discurso narrativo, en este caso del narrador-testigo, se asume desde un tiempo presente inmediato. El narrador nos cuenta como si viviese en este espacio latente. De ahí la fuerza del discurso narrativo que circunda los múltiples contextos geográficos, temporales y espaciales que integran los planos de una narrativa dramática, viva.
Llevar a la novela escrita la invasión o la ocupación haitiana de 1822 y narrarla desde la melancolía y el sufrimiento del ayer, en este presente, es saberse poseedor de la virtud de la ilación y la lógica de la narración. Eso es lo que ocurre en esta novela: La proyección armónica de los hechos, a partir de la palabra escrita.
El hacer patriótico de nuestros trinitarios de entonces, guiados por la razonada entrega libertaria de nuestros patricios, es el mensaje político y ético que de aquí se desprende, para conocimiento imprescindible de nuestra juventud y para aquellos mayores de edad que todavía transitan los oscuros caminos de la ignorancia en esta sociedad.
Dentro del sistema educativo nacional y en nuestras academias, esta es una de las obras que ameritan, más que ser conocidas, requieren ser discutidas o debatidas en público, por encima de las contradicciones que puedan surgir, para bien de nuestra nación.
Las imágenes que aquí se mueven en la narración conllevan sentido de patriotismo y valoración de identidad, en los múltiples escenarios que aquí quedan registrados.
Pocas veces, en nuestra literatura clásica y moderna, nos encontramos con un hacer literario que surge desde la realidad de los hechos, para expandirse convertido en multiplicidad de sentido estético y simbólico, desde el narrar.
- Aquí queda registrada aquella epopeya trágica que inicia con la llegada de las tropas haitianas, el 9 de febrero de 1822 (Ocupación haitiana), hasta el perfil de la independencia del país, sin dejar de lado las traiciones sufridas por nuestros verdaderos patriotas.
- Esas escenas hacen de esta novela un espacio abierto de melancolía y angustia, desde el historial de traición, ofrendado como tributo a Juan Pablo Duarte, como personaje cercado por el engaño de Santana y Bobadilla, según el discurso narrativo que marca el final de esta novela.
La realidad se asume como parte de la trama; pero su desarrollo, a partir de las acciones de los actores que aquí confluyen, se ve asumido desde lo ficcional.

El imaginario es el centro vital que permite a la autora adentrarse entre lo real y lo ficcional, como parte de las visualizaciones estéticas que fluyen desde las descripciones que aquí fluyen con espontaneidad.
Lo intangible que pervive en esta obra es otro de los enigmas metafóricos que perviven en cada uno de los entramados de esta mirada a la historia de nuestro paíspor parte de la creadora, desde el telón de los hechos históricos que, a partir de la transfiguración de la realidad, son presentados aquí desde la intangibilidad de lo ficcionado, sin perder la secuencia y la lógica de los hechos que conforman nuestra realidad tangible.
No puedo cerrar esta opinión, sin reclamarle a la autora el porqué no pude ver en esta narración algún eslabón que me configure los hechos de «La Batalla del Rodeo» como escenario inicial a nuestra independencia, efectuada en El Salado, Galván, de Neiba, el 11 de marzo de 1844.
Ahí tenemos una puerta abierta al pensamiento crítico, como punto inicial de discusión, generado por los enfoques narrativos de la autora en esta novela. No soy historiador; pero estoy seguro de que mis amigos sureños, como el historiador y médico, el general jubilado Rafael Leonidas Pérez y Pérez y el investigador e historiador Ing. Manuel Otilio Pérez y Pérez, entre otros, gozarán leyendo y discutiendo estos conflictivos temas nacionales, sostenidos en esta obra. Ahí les dejo ese desafío.