Cuando la juventud vuelve a creer
Por Rafael Guillermo Guzmán Fermín
Un discurso generacional que convirtió la memoria del progreso en esperanza nacional
El pasado domingo 8 de febrero, en Santiago de los Caballeros, ocurrió algo más que una juramentación política. En medio de un acto multitudinario que reunió a ex regidores, ex miembros del Comité Central del PLD, una ex gobernadora y una ex alcaldesa, el joven dirigente José Torres protagonizó un momento cargado de simbolismo y profundidad política que sorprendió incluso al propio presidente de la Fuerza del Pueblo, el doctor Leonel Fernández.
Torres, ex regidor y uno de los más jóvenes en ocupar esa posición en la historia municipal, recordó que nació en 1996, el mismo año en que Leonel Fernández asumió por primera vez la Presidencia de la República. Esa coincidencia temporal, lejos de ser una simple anécdota, se convirtió en el eje de un discurso que conectó de forma directa con la juventud dominicana y con una nación ávida de esperanza.
Un puente entre generaciones
Al establecer ese paralelismo histórico, José Torres construyó un puente entre dos generaciones, aquella que vivió el inicio de una etapa de modernización del Estado y, otra, que nació bajo esa transformación, pero que hoy enfrenta un escenario marcado por la frustración y el desencanto.
Para millones de jóvenes dominicanos, Leonel Fernández no es solo un ex presidente; es más bien, el referente de una época asociada al crecimiento, la modernización, la expansión de la educación superior, la infraestructura y la proyección internacional del país. Torres logró traducir esta memoria colectiva en un mensaje político con vocación de futuro.
La frustración juvenil como telón de fondo
El impacto del discurso se aplica, en gran medida, por el contexto actual. La juventud dominicana enfrenta hoy precariedad laboral, falta de oportunidades, deterioro de los servicios públicos, inseguridad ciudadana y una profunda desconfianza hacia la política. En este ambiente, el mensaje de Torres no apeló al resentimiento ni a la confrontación, sino a la nostalgia del progreso y a la posibilidad real de recuperarlo.
Fue un discurso que habló desde la experiencia generacional del desencanto, pero sin caer en él pesimismo. Por el contrario, propuso una salida: volver a crecer con Leonel.
Juventud y experiencia: una alianza posible
Uno de los elementos más relevantes del mensaje fue su ruptura con la narrativa que enfrenta juventud y liderazgo histórico. José Torres, con la legitimidad que le da a su edad, reivindicó la experiencia política como un valor, no como un lastre.
Al señalar a Leonel Fernández como la “verdadera esperanza nacional”, lo hizo desde una adhesión consciente y reflexiva, y no desde la subordinación. El mensaje fue claro: el futuro no se construye negando la historia, sino aprovechándola, sumando una nueva generación.
Un relevo simbólico ante los ojos del país
En este contexto, que estas palabras se pronunciarán frente al propio Leonel Fernández elevó su impacto político emocional. El momento adquirió la fuerza de un relevo simbólico: una juventud que no reniega del pasado, sino que lo asume como punto de partida para un nuevo proyecto nacional junto al líder y guía experimentado.
El gesto no pasó desapercibido. Envió una señal potente a electorado joven: hay un espacio político en la Fuerza del Pueblo donde la juventud no solo acompaña, sino que interpreta, propone y lidera.
Más que un discurso, un mensaje al país
Lo ocurrido en Santiago trasciende la coyuntura partidaria. Las palabras de José Torres expresaron un sentimiento colectivo largamente contenido: el de una generación cansada de improvisación, la crisis, el estancamiento, aquella que vuelve a mirar hacia un liderazgo que asocia con orden, experiencia, visión y capacidad de futuro.
De manera que, en tiempos donde la política parece haber perdido su capacidad de inspirar, este discurso recordó una verdad esencial: ¡cuando la juventud vuelve a creer la nación vuelve a caminar!

