El calor extremo sentencia por tercer año a los glaciares del Pirineo
El balance de lo ocurrido en los Pirineos entre 2025 y 2026 dejó en rojo las estimaciones de los especialistas del Instituto Pirenaico de Ecología.
Y es que como lo revelan los científicos, registraron su tercera mayor pérdida de espesor desde que existen series anuales comparables, una marca que solo superan los ejercicios de 2021-2022 y 2022-2023.
El dato adquiere una gravedad particular porque llega después de una primavera con acumulaciones de nieve que alcanzaron máximos históricos a principios de marzo de 2026. La nieve cayó, y mucho. El hielo, aun así, retrocedió más de lo que cualquier modelo prudente anticipó.
Para entender la magnitud de lo ocurrido conviene retroceder en el tiempo. A mediados del siglo XIX, los glaciares pirenaicos ocupaban alrededor de dos mil hectáreas repartidas en medio centenar de cuerpos de hielo.
Un siglo después, la superficie se redujo a 806 hectáreas. En 2008 apenas quedaban 310 hectáreas, y la tendencia no ha hecho más que acelerarse desde entonces.
Más de la mitad de los glaciares contabilizados a mediados de los años ochenta ya no existen. La serie histórica no describe una fluctuación cíclica: marca una retirada sostenida que el actual régimen térmico convirtió en irreversible.
Un balance climático extremo
El verano de 2026 pasará a los registros como el más cálido jamás medido en el Pirineo, con una anomalía de 3,4 grados por encima de la media del periodo 1991-2020.
Dicha temperatura no actuó sobre una superficie intacta. Los glaciares llegaron al estío con un manto de nieve primaveral excepcional, pero el calor prolongado durante semanas eliminó esa protección antes de lo habitual y expuso el hielo desnudo a la radiación solar durante más tiempo del puede tolerar.
El glaciar de Ossoue, en el macizo de Vignemale, volvió a encabezar las pérdidas con una media de 3,1 metros de espesor y descensos puntuales de 4,9 metros. En el Aneto, el mayor de la cordillera, la reducción media alcanzó 2,4 metros, con máximos de 4,8 metros.
Por su parte, el glaciar de Monte Perdidoperdió 2,3 metros de media, aunque en sectores localizados la fusión llegó a los seis metros en un solo año, el equivalente a un edificio de dos plantas. Llardana, en el macizo de Posets,cedió 1,5 metros de media pese a ocupar una posición favorable para la acumulación de nieve.
La comparación internacional agrava la lectura de los datos pirenaicos. Los glaciares de los Alpes y del Pirineo perdieron un 38,7 por ciento de su masa en poco más de dos décadas, el mayor porcentaje de reducción registrado en cualquier región glaciar del planeta.
A escala global, los glaciares terrestres perdieron 408 gigatoneladas de hielo durante el año hidrológico 2025, una cantidad equivalente a 1,1 milímetros de subida del nivel del mar en un solo ejercicio.
Una pérdida que ya no se detiene
La fusión no opera solo por temperatura. Los glaciares pirenaicos atraviesan un proceso de degradación física que se retroalimenta.
Al perder masa, el hielo reduce su velocidad de flujo, y esa lentitud impide expulsar las rocas y el polvo que caen sobre la superficie.
El resultado es un oscurecimiento progresivo del hielo, que absorbe más radiación solar y se funde con mayor rapidez. Este fenómeno es como una espiral: menos hielo, menos movimiento, más derrubios, más calor retenido, más fusión.
Por eso el proceso resulta especialmente visible en Llardana, cuya superficie está prácticamente cubierta de fragmentos rocosos y apenas conserva una zona donde la nieve pueda transformarse en hielo.
La fragmentación es otra manifestación del mismo declive. El glaciar del Aneto volvió a partirse durante la campaña 2025-2026, esta vez bajo el Pico del Medio, y suma una nueva división a la registrada en 2025 bajo el Pico Coronas.
Lo que fue una lengua continua de hielo pasó a ser un mosaico de cuerpos cada vez más pequeños y aislados. Dos de esas porciones ya no funcionan como glaciares activos, sino como heleros residuales: masas de hielo estancado que no fluyen y que se limitan a esperar su desaparición.
AL MAYADEEN.
