El que no sabe es como el que no ve.
Por Daniel Beltré López
Las direcciones de base de nuestro partido quedaron legítimamente formadas tras agotarse el proceso de validación, llamado a certificar, básicamente, su composición: no menos de 15 compañeros como piso.
Como veremos, cada vez resulta más cierto que los hombres desaprueban, por lo común, lo que son incapaces de ejecutar.
Un despliegue masivo de comisiones a cargo de la auditoría de las direcciones de base se produjo a todo lo largo y ancho de nuestra circunscripción.
El proceso estaba llamado a coronarse con un desempeño excepcional; pero, como siempre, las malas prácticas del pasado se harán presentes: resistencia a la auditoría presencial, interés en solo validar a los presidentes de las direcciones de base con exclusión del resto de la matrícula y auditorías incompletas obradas por las tensiones de la hora.
Los resultados fueron depurados. Pudimos separar la paja del grano. Identificamos los territorios donde se formaron las direcciones de base conforme experiencias traídas del viejo partido; se trataba de los organismos llamados “cabezones”; esto es, con cabeza pero sin cuerpo.
El proceso de afiliación con el que procuramos aumentar las adherencias políticas del
Partido, aquí, no dio lugar a la conversión de afiliados en miembros, a menudo, en ausencia de una verdadera fidelización de las simpatías.
Pero sólo llegarán a saberlo las legiones de compañeros que se entregaron en cuerpo y alma a la campaña de afiliación. Una campaña tratada con desdén por quienes fueron incapaces de ejecutarla.
Aquí, en la circunscripción 1 del Distrito Nacional, nos negamos a esa práctica.
Instalamos un call center que se encargó de reforzar y depurar el trabajo que con abnegación llevaron a cabo los que frecuentemente cavan el pozo.
Miles de llamadas mediaron en la tarea de confirmar voluntades y datas de ciudadanos: no pocos declararon su decisión de formar parte de las direcciones de base; otros, sólo declararon su simpatía. Un porcentaje importante no pudo ser jamás contactado.
En números simples, unas 30,077 personas habían decidido organizarse en el Partido como consecuencia del trabajo titánico de nuestros compañeros; en cambio, unas 44 mil quedaban como afiliadas; y otras, las menos, pendientes de verificación.
Nos negamos a convertir en miembros, pura y simplemente, a los 74,077 afiliados.
En el lenguaje de este organismo miembro y afiliado no es lo mismo.
Naturalmente, todo miembro es un afiliado; pero no todo afiliado es un miembro.
Si hubiésemos cedido a esa práctica
habría bastado dividir, más o menos, los 74,896 afiliados, digamos, entre 15.
Saben cuáles habrían sido los resultados? Veamos :
74,896 entre 15 = 4,993 direcciones de base.
Siendo que una dirección media suficiente se integra, al menos, con 15 direcciones de base, habría sido fácil la siguiente operación:
4,933 direcciones de base entre 15= 332 direcciones medias.
Pero nos negamos a esa práctica. Hemos preferido defender el principio de imagen fiel.
Este comportamiento no siempre se entenderá. Lo entenderán menos, los que como Opee kwam, echaron al mar en frágil bidarka a “Nam Bok” –célebre relato de Jack London– espantados por su metafórica afirmación acerca de la existencia de un enorme monstruo de acero, alimentado con piedras y agua, que votaba fuego por la boca. Pues no alcanzaban a imaginar que se trataba, en un caso, de la máquina de vapor; y en otro, de la locomotora; nuevas alternativas de navegación, transporte y carga, que ya se abrían paso hacia la civilidad dejando en el olvido las prácticas del pasado.