El san como puerta de entrada a la inversión formal
En la economía informal del pueblo dominicano existe una forma de ahorro colectivo donde cada uno de los integrantes aporta una cantidad fija de dinero, según el tiempo establecido, y el total recaudado se le entrega a una persona por turno.
Conocido como san, este modelo de ahorro permite convertir aportes pequeños y constantes en una suma mayor para aquellas personas de menores ingresos, permitiéndoles una forma sencilla de intermediación financiera utilizando la confianza como base principal para una ejecución.
En palabras del economista Haivanjoe NG, su funcionamiento consiste en un grupo de personas que acuerda aportar de manera regular una cantidad determinada y, por turnos, cada participante recibe el monto acumulado.
Quien recibe primero obtiene liquidez anticipada, mientras quien recibe después realiza, en la práctica, un ahorro programado. De esta manera, el san combina ahorro, crédito y disciplina financiera.
A su juicio, su principal limitación es que el dinero no genera, casi siempre, un rendimiento financiero que le permita ahorrar a personas que muchas veces están fuera del sistema financiero formal, a diferencia de los fondos de inversiones.
Este último, aunque pudiera compararse con un san, reúne los aportes de dinero de múltiples personas físicas o jurídicas, quienes forman un patrimonio común para invertir en bienes, inmuebles, valores o cualquier derecho de contenido económico.
Como beneficio, permite a los aportantes obtener ganancias de sus recursos, diversificar sus inversiones y lograr el acceso amercados de capitales más amplios.
“El fondo de inversión representa un paso adicional; mientras el san redistribuye temporalmente la liquidez entre sus participantes, el fondo puede transformar el ahorro acumulado en inversión y generar rendimientos”, sostuvo.
Si es sobre elegir uno o el otro, Haivanjoe considera que no se trata de sustituir el san, sino de convertirlo en una puerta de entrada hacia el sistema financiero formal, mediante cuentas de ahorro programado, certificados y, posteriormente, fondos de inversión.
Refiriéndose a la inclusión financiera, esta no necesariamente comienza en una bolsa de valores, sino también en cada pequeño ahorrante que, con los instrumentos adecuados, podría convertirse mañana en un inversionista.
LD.
