El silencio diplomático de Jamaica: por qué nuestra primera ministra se niega a hablar sobre Venezuela, Gaza y Cuba
Por O. Dave Allen
Kamla Persad-Bissessar, la actual primera ministra reaccionaria de Trinidad y Tobago, que tomó posesión de su cargo el 1 de mayo de 2025, ha puesto de manifiesto una fisura habitual en la política caribeña: los pequeños Estados insulares se alinean con la agresión imperial bajo el pretexto de la democracia y la intervención humanitaria. Su renovado y inequívoco apoyo a la invasión prevista de Venezuela es un claro recordatorio de 1983, cuando la primera ministra de Dominica, Eugenia Charles, se alineó con el presidente estadounidense Ronald Reagan en apoyo a la invasión de Granada. En ese infame momento, se le unió otro aliado de la Guerra Fría, Edward Seaga, entonces primer ministro de Jamaica y leal lugarteniente de Washington.
Cuarenta años después, nos encontramos al borde de otra crisis geopolítica, no con misiles soviéticos, sino con sanciones económicas, guerra cibernética y batallas por poder. Esta vez, es un imperio estadounidense desesperado, que se tambalea al borde de su propia grandeza, el que busca reafirmar su dominio en la cuenca del Caribe en medio de la creciente influencia china. Y una vez más, los líderes caribeños se ven presionados a tomar partido.
En este momento de alta diplomacia, el actual primer ministro de Jamaica ha optado por no tomar ninguna decisión. Se mantiene mudo y pasivo al margen de la escena mundial. Su historial en política exterior se caracteriza por la vacilación, la ambigüedad diplomática y la evasión moral.
En las Naciones Unidas, se apresuró a condenar a Hamás como organización terrorista, pero no denunció a Israel por lo que respetados académicos, agencias humanitarias y observadores internacionales han calificado de genocidio en Gaza. En cuanto a Cuba, amiga histórica de Jamaica cuyos médicos han prestado servicio en comunidades rurales largamente desatendidas por los sistemas sanitarios mundiales, no defendió su contribución. Y como presidente de la CARICOM, ha brillado por su ausencia en el liderazgo que exige defender el Caribe como zona de paz, un principio que en su día nos fue muy querido.
No se trata solo de una mala imagen. Es una negligencia en el ejercicio del cargo.
La doctrina Manley: un legado abandonado
Por el contrario, Michael Manley se erigió como una figura destacada de la diplomacia poscolonial. Durante el apogeo de la tensión de la Guerra Fría, cuando Jamaica se encontraba bajo una enorme presión para elegir bando, Manley se negó a ser cooptado por la lógica binaria de la división entre Oriente y Occidente. En su lugar, insertó audazmente a Jamaica en el manto protector del Movimiento de Países No Alineados, una coalición de naciones recién independizadas de Asia, África y América Latina que se negaban a servir como peones en el juego de ajedrez de las superpotencias.
La política exterior de Manley, respaldada por la brillante gestión de su ministro de Relaciones Exteriores, Dudley Thompson, se basaba en la solidaridad Sur-Sur, la creencia de que las naciones en desarrollo debían comerciar, cooperar y establecer alianzas entre sí en lugar de depender del Norte. Su visión otorgó a Jamaica una estatura moral muy superior a su tamaño. Navegó por las traicioneras aguas de la política de la Guerra Fría con inteligencia, claridad y valentía, situando a Jamaica entre las filas de los líderes intelectuales mundiales del mundo en desarrollo.
Vale la pena preguntarse: ¿dónde está ahora ese coraje?
Un vacío de liderazgo en una era peligrosa
La Jamaica actual está a la deriva. Nuestra política exterior carece no solo de una visión audaz, sino también de la capacidad diplomática básica. El actual gobierno, liderado por el Partido Laborista de Jamaica (JLP), parece incapaz de abordar los matices y la complejidad de los asuntos internacionales. El servicio exterior se ha vaciado de contenido, reduciéndose a puestos ceremoniales y jerga tecnocrática. Carecemos del personal, la tradición intelectual y, lo que es quizás más grave, la voluntad de formular una estrategia internacional soberana.
En lugar de actuar como una voz respetada del Sur Global, Jamaica se ha convertido en poco más que un alumno de la escuela del imperio, repitiendo tópicos, evitando conflictos y rehuir los principios.
Lo que hace que esto sea aún más preocupante es el momento global en el que nos encontramos. La nueva Guerra Fría entre Estados Unidos y China no se limita al poderío militar, sino que también abarca el dominio tecnológico, las rutas comerciales, la política energética y la alineación ideológica. Jamaica, como muchas naciones en desarrollo, se encuentra en plena trayectoria de esta confrontación. Nuestros puertos, nuestra infraestructura de telecomunicaciones, nuestro turismo e incluso nuestros recursos naturales están cada vez más envueltos en el silencioso tira y afloja entre Washington y Pekín.
Permanecer en silencio no es permanecer neutral. Es ser cómplice.
Jamaica debe recuperar su voz
El papel histórico de Jamaica como puente entre el norte y el sur, el este y el oeste, es demasiado valioso como para desperdiciarlo. Debemos recuperar nuestro legado de política exterior basada en principios, arraigada en la independencia, la paz y la solidaridad con los oprimidos. Esto significa:
– Reafirmar el Caribe como zona de paz, tal y como lo declaró la CARICOM, y resistir las intervenciones militares en naciones soberanas como Venezuela.
– Defender a Palestina con la misma claridad con la que condenamos el terrorismo, reconociendo que la verdadera neutralidad exige coherencia.
– Celebrar y defender las contribuciones de Cuba, especialmente en materia de salud y solidaridad regional.
– Desarrollar la capacidad diplomática, incluida la formación de jóvenes funcionarios del servicio exterior con espíritu crítico que puedan defender los intereses de Jamaica con habilidad y convicción.
Los días de repetir sin cuestionamientos los argumentos de Washington deben terminar. El Caribe no es un campo de batalla para las superpotencias. Es una región de dignidad, soberanía y resiliencia.
Ya hemos estado aquí antes, y hemos elegido mejores caminos. Michael Manley nos mostró lo que significaba decir la verdad al poder. Ahora nos corresponde a nosotros recordar y actuar en consecuencia.
Permanecer en silencio no es permanecer neutral. Es ser cómplice.

