Energía, datos y soberanía: nuevo tablero estratégico del sistema eléctrico dominicano

Por Giovanni D’Alessandro

La adquisición de AES, la inversión de Google, la explosión de la IA, la guerra en Irán y el proyecto Manzanillo no son hechos aislados: marcan una nueva realidad donde energía, datos y soberanía se fusionan, y donde la dependencia de fósiles importados se convierte en un riesgo estratégico mayor, aunque el gas natural ofrece mayor eficiencia y estabilidad en el corto plazo.

Antecedentes

El anuncio de la adquisición de AES Corporation por un consorcio internacional (valor accionario de 10.700 millones de dólares y valor empresarial de unos 33.400 millones, cierre previsto entre finales de 2026 e inicios de 2027) coincide con la inversión de Google de más de 500 millones de dólares en su primer puerto digital en América Latina (declarado de alta prioridad nacional por Decreto 113-26) y con el explosivo crecimiento de la demanda energética por inteligencia artificial. Fuentes: Reuters; comunicado oficial de AES Corporation sobre su adquisición por un consorcio liderado por BlackRock (GIP) y EQT.

A estos hechos se suma la guerra en Irán (2026), que ha provocado una fuerte escalada en los precios internacionales del petróleo (el Brent ha superado en momentos los 100-120 dólares por barril) por disrupciones en el estrecho de Ormuz. Esto representa un riesgo inmediato y severo para República Dominicana, altamente vulnerable por su dependencia de combustibles fósiles importados (~70-75 % de la matriz energética), que no produce y debe comprar en mercados volátiles.

En este contexto, cobra especial relevancia el proyecto Manzanillo Gas & Power (Pepillo Salcedo, Montecristi), una iniciativa público-privada con inversión superior a 1.750 millones de dólares (financiamiento de 1.067 millones cerrado en enero 2026). Incluye una nueva terminal de importación, almacenamiento y regasificación de gas natural licuado (GNL) y dos plantas de ciclo combinado que aportarán aproximadamente 840 MW (alrededor del 14-15 % de la capacidad instalada nacional) entre finales de 2027 e inicios de 2028. Este proyecto sustituye fueloil y diésel por gas natural más eficiente y menos contaminante, fortalece la seguridad energética y diversifica las rutas de suministro.

Estos eventos obligan al país a definir con urgencia qué modelo de soberanía eléctrica desea para las próximas décadas. La energía, los datos y la infraestructura digital convergen en un mismo tablero estratégico: lo que antes era solo un servicio público esencial se convierte en la base física de la economía digital, los centros de datos y la IA, pero también en un factor de seguridad nacional expuesto a choques geopolíticos.

El modelo eléctrico dominicano: fortalezas y distorsiones históricas

La Ley General de Electricidad 125-01 (2001) y el Pacto Nacional para la Reforma del Sector Eléctrico establecieron un esquema liberalizado: el Estado como planificador y regulador, y el sector privado como principal operador en generación y distribución. Sin embargo, interferencias políticas recurrentes, subsidios masivos (más de RD$100 mil millones anuales en 2025), la construcción de Punta Catalina (con sobrecostos y reintroducción del Estado como generador), falta de límites a la propiedad cruzada y ausencia de planificación consistente han erosionado este modelo.

Resultado: un sistema híbrido ineficiente con alta dependencia de combustibles fósiles importados (~70-75 %), pérdidas totales del sistema muy elevadas (alrededor del 42 % en 2025: ~38,8 % no facturadas + 3,5 % facturadas pero no cobradas), tarifas residenciales altas (0,18-0,21 USD/kWh) y subsidios que distorsionan el mercado y limitan inversión en redes y renovables. Fuentes: Ministerio de Energía y Minas (MEM), CREES (marzo 2026), Superintendencia de Electricidad (SIE), CNE y OLADE.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.